gasolineras automáticas

Los clichés sobre las estaciones de servicio automáticas han caído con el paso de los años. Ni son peligrosas, ni sus carburantes son peores. La realidad, como además se ha demostrado durante la pandemia, es que los consumidores confían en las gasolineras automáticas. Y más cuando se trata de aminorar los contactos y tener un precio más competitivo. Pero esta cuestión, curiosamente, choca con el trato burocrático por parte del Gobierno, las comunidades autónomas y, ahora, con los ayuntamientos.

Desde 2016 las gasolineras automáticas se han enfrentado a las trabas para la apertura de negocios. Por motivos que nunca han salido a la luz, pero que atiende a la ventaja competitiva que gana el oligopolio de los carburantes formado por Repsol, Cepsa y BP sin estos rivales, la cierto es que su negocio ha sido torpedeado desde todos los ámbitos públicos.

Problemas por estar desatendidas, luego los resquicios sobre el acceso de las personas discapacitadas… aunque toda esta burocracia ha ido cayendo, sobre todo porque la legislación nacional siempre ha sido favorable para las gasolineras automáticas. Pero según cuenta a MERCA2 Manuel Jiménez, presidente de Aesae (Asociación Española de las Estaciones de Servicio Automáticas), los impedimentos ahora vienen del ámbito local más pequeño: los ayuntamientos.

“Esta situación histórica de trabas, ahora mismo y como estrategia normativa, se ha trasladado a los municipios”. Explica Manuel Jiménez. Estima que, por intereses que no se hacen públicos, los ayuntamientos quieren blindar las zonas del centro. Esto provoca que tan solo queden libres los alrededores de las localidades, y ahí es donde surgen los problemas.

El presidente de Aesae se pregunta “por qué si en la normativa nacional no hay obligación, lo hacen los ayuntamientos”. El argumento para poner las trabas llega con los planes de planificación urbanística. Con esta herramienta legal, los consistorios pueden hacer y deshacer mientras las gasolineras automáticas recurren.

PROBLEMAS PARA EL INVERSOR

Si el empresario tiene inseguridad, no invertirá”. La cuestión es muy simple. Las gasolineras automáticas, como cualquier negocio, necesita un marco estable para poder llevar a cabo y ejecutar sus inversiones. “Si un municipio anuncia que va a revisar las normas de planificación, ya no se invierte”.

En este sinsentido burocrático pueden pasar dos años -por moratorias- hasta que se tramiten licencias. Los ayuntamientos pueden hacer reordenaciones vetando diversos negocios, y así camuflar en muchas ocasiones que se trata de algo particular contra las estaciones de servicio automáticas, explica Manuel Jiménez.

UN NEGOCIO A MÁS

Sobre la evolución del negocio, el presidente de Aesae se siente orgulloso de que han sido “un modelo de negocio que no ha cerrado nunca durante la pandemia. Solo queremos que nos dejen hacer nuestro trabajo. Los clientes han valorado que no hay ningún riesgo a la hora de hacer el repostaje”.

Manuel Jiménez asume que los tiempos donde se atacaba a las gasolineras automáticas por puros estereotipos ya han pasado. “Este modelo -añade- viene muy bien en tiempos de covid donde se deben aminorar los contactos”.

Sobre las previsiones de futuro, aunque todavía no han elaborado la hoja de ruta de este año, sí anticipan que la cuota de mercado seguirá creciendo. Ahora mismo el siguiente reto será llegar al 20%. Aunque Jiménez también entiende que eso debe venir acompañado de mayores ventas, puesto que tampoco sirve de nada crecer si esto no repercute en la facturación.

Sobre la evolución del negocio, afirma que zonas como Cataluña y el arco mediterráneo ya están en importantes niveles de penetración. El reto será en otras regiones como Galicia, donde la implantación está yendo a un menor ritmo.