A Francisco Reynés, presidente de Naturgy, siempre le ha gustado dar golpes de efecto. Lo hizo en el verano de 2018, cuando presentó el Plan Estratégico de la compañía a la comunidad inversora en Londres. Una hoja de ruta que caducó -como la del resto del sector- al poco tiempo. Y que, a su vez, incumplió la premisa sobre la que se sustentaba: “crear valor” para los accionistas. Por ello, el mercado espera que Reynés dé un nuevo golpe sobre la mesa con una mayor apuesta por las renovables, desde distintos ámbitos, y con una apuesta firme por Estados Unidos y España.

Naturgy es la última de las grandes energéticas españolas que presentará su hoja de ruta para los próximos años. Iberdrola, primero, seguida por Endesa y Repsol, ya mostraron al mercado sus cartas el pasado mes de noviembre. La gasística ha tenido que esperar más, entre otras razones, porque su plan ha necesitado de un tiempo de maduración mayor. De hecho, prácticamente todo el 2020, especialmente desde primavera en adelante, se ha utilizado para rearmar la compañía de cara al próximo encuentro con los inversores.

Pero el armazón ya está listo. El primer paso se dio con el cierre de sus centrales de carbón el pasado 30 de junio. Más tarde, logró renegociar con cierto éxito sus acuerdos gasísticos, en especial, el que mantiene con Argelia a través de Sonatrach que involucró al propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. El gas seguirá estando muy presente en el negocio de Naturgy, dado su evidente carácter de energía de refuerzo. Pese a los avances, “el primer gran paso para su transformación energética” (en palabras de los analistas de Barclays) llegó con la venta de sus activos en Chile.

REYNÉS BUSCA UN GOLPE DE EFECTO EN ESPAÑA

La salida de Chile fue una decisión dolorosa, pero también beneficiosa. Naturgy ingresó 4.300 millones de euros, con una plusvalía de 400 millones, que “expande materialmente su potencial de reestructuración”, señalan desde Barclays. En otras palabras, esa inyección de dinero debe servir de base para que su cartera de proyectos renovables crezca al mismo ritmo, al menos, que sus competidores. Por otro lado, también manda al mercado una señal inequívoca de que se aleja de los mercados emergentes, con divisas más volátiles, para centrarse en otros más maduros.

Un hecho que quedó patente recientemente con su entrada en EEUU. Aunque no será el único movimiento, apuntan fuentes cercanas al sector. De hecho, la región tendrá una preponderancia importante en el plan que presente Reynés a los inversores, lo que implicará apostar por el crecimiento inorgánico, esto es más compras. Aunque éstas deberán esperar, porque el siguiente punto en el que Naturgy sacará músculo es el mercado español. De hecho, es el único en el que la compañía todavía no se ha movido realmente más allá de pequeños proyectos.

España es la piedra angular del golpe que Reynes quiere dar ante los inversores en febrero, según señalan fuentes del sector, si la pandemia no lo retrasa. Una motivación que pasa por moverse rápido y aprovechar las nuevas oportunidades que aparecerán en el sector. Hasta ahora, el mercado renovable se ha movido a base talonario, una dinámica y unos precios que no han convencido al ejecutivo que siempre revisa varias veces cada euro que sale de tesorería. Pero las posibilidades se abren con las nuevas subastas que ha convocado el Gobierno.

NATURGY ACUDIRÁ A LAS SUBASTAS RENOVABLES

Precisamente, la primera de ellas se efectuará este próximo martes 26 de enero. Una subasta que nadie quiere perderse, incluida la propia gasística que ha confirmado que asistirá. Los tiempos, con el Capital Market Day a la vuelta de la esquina, junto a la abierta y reiterada predisposición de la firma indican que será uno de los contendientes a tener en cuenta en ella. Quizás una oferta agresiva o la consecución de una parte importante de la misma puede ser el golpe de efecto con la que Reynés vuelva a poner en el mapa inversor a Naturgy.

A más largo plazo, las cifras que podría barajar el mercado para el plan de Naturgy sería la de superar los 10 GW de capacidad renovable en tres años, según señalan fuentes del sector. Una cifra que le situaría cerca de Endesa y muy por encima de otras que vienen pisando fuerte como Repsol. Unas cifras que dado el aval financiero que tiene la compañía en la actualidad, gracias a la operación de Chile, podría ser factible que alcanzase. Y que, además, serviría de contrapeso al negocio del gas natural.

Por último, el plan contendrá también una apuesta inicial para ir cambiando su negocio de gas por otros similares, pero renovables. Se trata de biogas e hidrógeno. Así, Naturgy ha llegado a diferentes acuerdos para iniciar proyectos de investigación e implantación con dichos materiales. Unos planes para los que, además, ya ha solicitado miles de millones a Europa y que espera mostrar con más detalle a los inversores.

UN PLAN ESTRATÉGICO CON MUCHO EN JUEGO 

Reynés sabe que Naturgy se juega mucho en los próximos años. El plan presentado en verano de 2018 buscaba ser “realista y ambicioso”, pero en apenas dos años no solo había caducado, sino que no ha cumplido su premisa inicial: “crear valor”. Así, un rápido repaso a su evolución bursátil deja entrever que ese objetivo ni se ha logrado ni con el plan antiguo se podría lograr. Incluso, una vez comparado con sus pares españoles queda más claro que, además, se quedó muy lejos de lograrlo.

Desde la presentación que dio Reynés en 2018 el valor de los títulos de Naturgy se han desplomado un 17,5%. Una caída que, sin embargo, no se puede justificar por el efecto de la pandemia, dado que en ese tiempo las acciones de Endesa han crecido un 9,2% y las de Iberdrola se han disparado un 88,7%. En total, la firma ha perdido cerca de 2.300 millones de capitalización, la misma cifra precisamente que ha desembolsado en forma de dividendos desde entonces.

Un hecho que lanza una advertencia a Reynés y su equipo. También parecer dar algo de razón a aquellos que vieron en el plan de 2018 un organigrama muy simple lanzado únicamente a retribuir a los fondos que entraron en la operación por aquel entonces. Así, si el nuevo plan no ofrece realmente una apuesta de valor y se sigue manteniendo, como está previsto que sea, una agresiva política de dividendo el valor de los títulos puede seguir cayendo con el tiempo.