El panorama bancario es ciertamente aterrador en los próximos años. El mejor ejemplo de ello es el largo camino que está recorriendo Unicaja. La entidad malagueña se ha embarcado en una fusión, junto a Liberbank, que le supondrá una pérdida de poder en el accionariado y en la dirección del banco. También que implicará dejar en la calle a muchos empleados, se esperan cerca de 1.000 despidos, y cerrar un importante número de oficinas. Y, todo ello, solo le servirá para que en 2023 pueda alcanzar una rentabilidad cercana a la de 2017.

Pero empecemos por el principio. Unicaja seguirá manteniendo su marca en los próximos años, al igual que la sede en Málaga. Pero no será así con el poder accionarial. La Fundación Unicaja reducirá su participación en la nueva entidad del 49,8% al 30%. Aunque todavía más diluida quedará el poder de las cajas fundadoras de Liberbank (las fundaciones bancarias de caja de ahorros de Asturias, Cantabria y Extremadura) que estarán incluso por debajo (con un 10%) de la suma de los inversores significativos, aquellos que mantienen más de un 3% de la firma (que sumaran un 14%).

Esa distribución de acciones, que se completa con un 47% para minoristas, tiene su reflejo en la forma en que se ejecutará el poder efectivo. En primer lugar, están las dos figuras ejecutivas, Manuel Menéndez y Manuel Azuaga. Menéndez asume el cargo de consejero delegado y pese a ser un perfil criticado por unos y por otros es el único que realmente ha salido ganando. Además, tendrá que hacerse tarjetas nuevas, no como Azuaga que seguirá siendo lo que era hasta ahora presidente de Unicaja. El resto del consejo se conformará con siete consejeros por el número de acciones y seis independientes.

LA FUSIÓN DE UNICAJA Y LIBERBANK ARRANCARÁ CON 1.000 DESPIDOS

El segundo punto conflictivo es el de los despidos. De este proceso ya se conocen prácticamente casi todos los datos, unos porque se han desvelado y otros porque son inevitables. Así, el coste total de la reestructuración de 540 millones de euros, de los que 380 se destinarán al próximo ERE. Una cantidad que supondrá entre 900 y 1.000 salidas, según las cifras medias que han dejado otros procesos similares. Con ello, se esperan recoger sinergias por hasta 192 millones de manera recurrente ya desde el 2023.

No será la única ganancia. Unicaja y Liberbank esperan que su fusión genere un volumen de capital suficiente para hacer frente a ese coste por despidos, el cierre de oficinas y también para reducir el número de activos tóxicos. Un debe en los bancos porque dichos activos consumen mucho capital y al ser improductivos lastran la rentabilidad bancaria.

Pese a todo ello, la rentabilidad que será capaz de obtener el nuevo banco no superará el 6% ni en 2023. Para hacerse una idea de lo pobre que es dicha cifra Unicaja en solitario mantenía un ROTE, rentabilidad sobre fondos propios con algunas matizaciones, del 5,6% en 2017. Y eso en el mejor de los casos, que todavía está por ver. Además, se trata de una cifra que evidentemente no alcanza a cubrir el coste de capital y supondrá nuevos descuentos en Bolsa.

Aunque hay algo todavía peor a esa dura realidad y, es que, que no hay alternativa posible. Al fin y al cabo, buscar una fusión más ambiciosa supondría entregar más poder dentro del banco. Un escenario que no se contempla, como ya se demostró cuando rompió las negociaciones precisamente con la misma Liberbank. Mientras que, a su vez, el hecho de seguir solo es quizás un reto más exigente y trágico que afrontar una fusión, más bien absorción, algo traumática. En definitiva, que el hecho de que ambas hayan dado el paso, una perdiendo poder y la otra ganándolo a cambio de enterrar prácticamente su marca, es sinónimo de que las cosas en el sector están al límite. ¿Hasta cuándo podrán los ICOs tapar la tragedia?