La mente y la planificación unidas son la mejor fórmula para alcanzar el éxito en cualquier instancia que una persona se proponga, ya que cuando el cerebro se traza metas y objetivos claros, no hay nada que lo detenga. Visionar lo que se quiere y ser disciplinado en las tareas que hay que hacer para lograrlo, es parte fundamental para la consecución de las metas, por ahí empieza todo.

Poder ver más allá del día que se vive es uno de los rasgos que diferencia a las personas. Ese poder de visionar, planificar y trazarse metas ha hecho que el hombre y la civilización avancen hasta niveles nunca antes pensados. Por eso, plantearse objetivos, planificar cómo cumplirlos y realizar las tareas necesarias inevitablemente llevan al éxito.

La planificación y planteamiento de metas es esencial en la vida particular y en el desarrollo de cualquier negocio. Quien tenga todo claro hacia dónde va y lo que tiene que hacer, plenamente establecido en cualquier proyecto que tenga, tendrá más posibilidades de salir bien todo lo que planifique, que sería todo lo contrario, si lo iniciara sin objetivos, sin saber hasta dónde llegar y sin tener un esquema de trabajo.

En el plano personal, las metas pueden dar ese impulso, esa inspiración necesaria para avanzar hacia lo que se quiere con el fin de afrontar los retos y dificultades que se tengan que atravesar, porque habrá un plan, un camino a seguir que nada lo interrumpirá.

En los negocios, la analogía con las metas personales es igualmente válida, ya que toda empresa debe establecer las metas que quiere alcanzar y los objetivos que en el camino debe cumplir para poder lograrlas, todo sobre la base de un proyecto visualizado y elaborado para llegar hasta el final.

Para ambos casos, las metas son fundamentales, son esa guía a seguir, ese punto hacia el que hay que caminar sin parar y con la firme voluntad de que se llegará.

Tipos de metas

Básicamente hay tres tipos de metas que se deben definir siempre en todo plan:

  • A corto plazo: son metas que se pueden planificar para cumplirlas en una semana, un mes, un año; y hasta hay metas válidas para cumplir hasta en el mismo día. Por ejemplo, la meta de alguien puede ser dejar de comer chocolate durante la semana para bajar sus niveles de azúcar.
  • A medio plazo: este tipo de metas suelen tardar varios meses, incluso años. Están orientadas a generar cambios o lograr objetivos más extendidos, tanto a nivel personal como empresarial. Que una revista decida incorporar nuevas secciones a su temario para captar otro tipo de lectores, puede ser un ejemplo.
  • A largo plazo: estas metas son más ambiciosas y siempre tienen un componente de larga  espera, pueden confundirse con visiones, pero deben tenerse claros los objetivos para que no se quede en eso, en simples visiones. Un ejemplo de este tipo de metas puede ser la expansión de una empresa con sucursales en otro país; obviamente con esa acción se busca posicionar una marca en otros horizontes, lo cual lleva su tiempo.

¿Cómo definirlas?

Las metas son planes trazados con fecha límite, son sueños que se esperan cumplir en determinado tiempo, en el que se combinan los anhelos con las capacidades que se tengan, porque estas últimas hay que tenerlas bien en cuenta para poder alcanzar las metas planteadas, ya que de nada vale trazarse como meta ser campeón olímpico de natación cuando ni siquiera se sabe nadar, hay que tener bien claro siempre lo que se tiene y se puede hacer.

En este sentido hay cuatro aspectos primordiales que pueden ayudar a definir una meta, éstos son:

  • Plantearse retos: una meta debe suponer un reto, es dibujar en la mente lo que se quiere y salir de la zona de confort para lograrlo. Los objetivos difíciles estimulan y generan más concentración, y en consecuencia, más dedicación; eso sí, tienen que ser alcanzables, nada de plantearse cosas que no se pueden lograr.
  • Definir metas concretas: tienen que ser bien específicas para que el cerebro procese bien las estrategias que debe realizar para alcanzarlas, con fechas límites y con indicadores que permitan medir los logros. Hay que tener cuidado con las metas abstractas o muy generales, porque al tratar de coordinar los planes para cumplirlas, se puede divagar un poco y perder los objetivos del plan.
  • Compartir las metas: cuando se cuenta con el apoyo de otros, el cumplimiento de las metas es más fácil. Además, nunca se sabe qué oportunidad puede surgir con alguien que pueda ayudar al logro de los objetivos trazados, solo por comentarle los planes que se tienen.
  • Nunca rendirse: durante el camino hacia la meta pueden surgir inconvenientes y problemas que pueden, de algún modo, retrasar el cumplimiento de los objetivos. Pero eso no debe afectar de ningún modo a los planes, solo la disciplina, la constancia y mucho trabajo, llevarán al éxito de todo proyecto.

Para una empresa, la definición de metas, igualmente aplica de la misma forma, y pasa por la revisión y aplicación de las cuatro premisas anteriores, con el aspecto adicional de los ámbitos contables y financieros necesarios para el desarrollo de la compañía.

Por ejemplo, las metas de una empresa deben tener claros los números a los que se quiere llegar, tanto en ventas y clientes registrados, como en posición dentro del mercado. Es importante que se tengan metas a corto, medio y largo plazo, y que cada una de ellas tenga determinados esos números anhelados, lo cual será importante para evaluar más adelante cómo se está desarrollando el cumplimiento del plan.

La revisión constante de las metas es muy importante, lo cual se puede hacer al tenerlas por escrito o publicadas en algún lugar donde se puedan ver siempre. Por eso es importante establecer metas semanales que estén enmarcadas dentro de otras de mayor tamaño y alcance.

A veces el enfoque de la empresa puede cambiar, y con ello los objetivos que se tenían planificados, pero no por eso se deben transformar o eliminar las metas. Lo que hay que hacer, es alterar los objetivos y adaptarlos a las nuevas circunstancias, para que apunten hacia el cumplimiento de las metas iniciales.