miércoles, 17 agosto 2022 11:30

Europa y Asia acorralan a Ecoembes: un modelo sin salida

La farsa de Ecoembes se supera a sí misma. “El más difícil todavía” del circo, tan entrañable y jacarandoso, encuentra su versión sostenible en el sistema integrado de gestión (SIG) responsable de tratar y reciclar papel, cartón, plásticos, latas y briks en España. Ahora que China ha echado el cierre al reciclaje de plástico de terceros países y se complica la labor de endosar los residuos a otros Estados, los supuestos guardianes del medioambiente siguen inundando nuestro entorno de plásticos, como si la cosa no fuera con ellos. Para muestra, dos de los patronos de Ecoembes: Coca Cola y Nestlé siguen emitiendo masivamente envases de plástico de un solo uso, pese a la complejidad del reciclaje.

Ecoembes mantiene así su esencia de lobo al cuidado del rebaño. Esa que apuesta porque los mismos que contaminan sean los que limpian…¿Y no sería mejor tratar el problema en el origen y buscar nuevos envases y fórmulas de gestión? De hecho ya hay unas cuantas alternativas sobre la mesa, como evitar el uso del brik en formatos que admitan botellas de plástico o el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) tan consolidado en el norte de  Europa. Opciones que contribuirían a paliar el problema de los plásticos, pero también a desinflar el negocio de Ecoembes.

Dejando todo como está, las envasadoras que integran Ecoembes mantienen su cuota de poder: siguen produciendo envases de plásticos, aluminios y brik, y guardan la apariencia de gestionar los residuos resultantes. Y todo, pese a que un informe del Tribunal de Cuentas de la UE alerta sobre el caos que reina en el reciclaje de plástico, tras cerrarse más basureros de Asia, y la imposibilidad de que los países miembros consigan los objetivos de tratamiento de este tipo de residuos.

En este contexto, Europa se pone las pilas y da un paso más hacia una estrategia circular compatible con el Pacto Verde (Green Deal) comprometido. De esta forma, la UE prohíbe, desde el 1 de enero de 2021, la exportación de residuos de plástico tóxicos o difíciles de reciclar a países que no forman parte de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE). Aunque la medida aumentará la presión sobre Europa para potenciar el reciclaje, los activistas ambientales consideran que lo más probable es que la prohibición contribuya a aumentar los vertederos y también la quema de desechos dentro de la UE.

A principios de 2019, la UE exportaba todavía alrededor de 150.000 toneladas de residuos plásticos por mes a países en vías de desarrollo, una práctica que significaba externalizar los costes negativos de la falta de reciclaje y reutilización en Europa. Las nuevas normas sobre la importación, exportación y comercio intracomunitario de desechos plásticos, recogen una peligrosa excepción: el caso de exportaciones de desechos plásticos limpios que se envían para ser reciclados, alegando una mayor vigilancia y control sobre éstas por parte de las autoridades europeas.

En 2018 se fijó un objetivo de reciclaje del 55% para 2030 y, en la actualidad, con medidas realistas, la tasa de reciclaje no llega al 30%. Se quema la misma cantidad que se recicla, con el daño medioambiental a la atmósfera que ocasiona el proceso.

De momento, el plástico se amontona en plantas con enormes dificultades para cribarlo y reconvertirlo o se acumula abandonado en plena naturaleza. Y, antes de que entrara en vigor la norma europea, otras muchas toneladas de basura se enviaban a otros países, como Malasiadonde no se aseguraba su reciclaje y sí su final en vertederos e  incineradoras. “Y todo porque no somos capaces de gestionar ni siquiera la basura que generamos”, denuncia Alba García, de la campaña de Ciudades de Greenpeace.

LA ‘GYMKANA’ DEL RECICLAJE DE ENVASES

En Greenpeace España lo tienen claro: “hemos perdido muchísimos años y se necesita ir bastante más allá, porque el reciclaje de envases no es circular”, afirma la activista de la organización ecologista, “apostamos por la reutilización como solución definitiva”.

En el mismo sentido se expresan desde Unidas Podemos. “Habría que empezar por el origen del problema, buscando simplificar y reducir el tipo de materiales que se utilizan en los envases, para ir a un ciclo cerrado (economía circular) y, de esa manera, usar materiales uniformes que puedan seguir líneas de recuperación propias”, explican fuentes del partido a MERCA2.

Para la representante de Greenpeace, los problemas del reciclaje parten de los propios objetos, porque sólo se reciclan envases, nada de vasos, cubiertos o pajitas de plástico. Y de los envases “apenas se llega al 30% del total reciclados”, según datos de Europa. “Y no se trata de que el consumidor recicle más o menos, hay muchas cosas que no son reciclables, como recipientes de monodosis o yogures“, porque en el proceso de cribado se pierden los objetos más pequeños, comenta García.

La mezcla de materiales es otro problema, por ejemplo “un brik está compuesto de aluminio, plástico y cartón, que no se pueden separar de forma mecánica”, y en este caso, “el plástico, no se llega a reciclar”, explica la ecologista. “Para reciclar hay que pasar una auténtica gymkana, por eso es un parche, porque hay mucha resistencia”, concluye.

En el mismo sentido, el presidente de Recircula explica que el vidrio de los envases es monomaterial y el papel cartón también, “pero el contenedor amarillo de mezclas de plástico lo mismo contiene restos de lejía y amoniaco, que de refrescos y zumo” y recuerda que “gran parte de ese material reciclado, se usa como fibra textil y para objetos” un infrarreciclaje a partir de material de baja calidad que, en ningún caso, cumple una circularidad de los envases.

Entretanto, la gran apuesta de Ecoembes se sustenta en la ocurrencia de Reciclos, la webapp que convierte el hábito de reciclar en puntos canjeables por incentivos locales sostenibles, “mediante descuentos en transporte público, movilidad de bajas emisiones, donaciones a ONGs o a proyectos de desarrollo de tu comunidad”, asegura la información publicada en la web. “No hay ningún incentivo para el consumidor” asegura Martínez de la Casa, “más allá del sorteo de un patinete eléctrico o de donar árboles”, en definitiva, “pocos se descargan la app y los que lo hacen, desisten de utilizarla”.


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