viernes, 24 septiembre 2021 11:37

Canal de Isabel II valoriza el 92% de los desechos de las aguas residuales

La gestión de las aguas residuales que realiza Canal de Isabel II representa el máximo exponente de la economía circular. De hecho, el 92% de los desechos contenidos en las aguas residuales se valoriza para su aprovechamiento energético o ambiental. De esta forma, el agua, que es vida, genera infinitas vidas a su paso, incluso a partir de las aguas regeneradas -residuales depuradas- que vuelven a la naturaleza en forma de riego para parques, jardines o campos de golf. Pero no sólo es el agua, los residuos que arrastra y canaliza a su paso tras la lluvia o los que incorpora por el uso humano también son valorizados y devueltos al ciclo vital en diferentes formas.

Este 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, Canal de Isabel II celebra, no sólo que lleva abasteciendo de agua a los madrileños desde 1851, sino que además de depurar, distribuir y regenerar el agua, investiga e innova para convertir lodos en potentes fertilizantes y el biogás de las depuradoras (EDAR) en electricidad y calor, que aprovecha para sus procesos internos de tratamiento de residuos y cuyo excedente eléctrico es vertido a la red. Estos avances tecnológicos constituyen el presente de la empresa responsable del ciclo integral del agua en la Comunidad de Madrid.

Y su futuro busca mejorar y ampliar aplicaciones de valorización y aprovechamiento de residuos, lodos y subproductos del agua en diferentes ámbitos. Una gestión redonda del agua en la que todo lo que sea susceptible de ser tratado y adaptado para nuevos usos, lo será. Por ejemplo, su próximo reto es cribar y tamizar las arenas que llegan desde los viales públicos por los colectores urbanos y, tras segregarlas de las fibras, plásticos y otros residuos y someterlas a procesos de lavados, poder incorporarlas a la cadena de producción como material de construcción. Por otro lado, del agua residual escurrida de los lodos se puede extraer estruvita, un compuesto de fosfato hidratado muy valorado como aditivo para la agricultura.

En la actualidad, Canal de Isabel II cuenta con la mayor planta de producción de estruvita del país, localizada en la depuradora Sur. Allí se pueden producir hasta 2 toneladas diarias de este fertilizante. La estruvita está considerada como el “oro blanco” de los residuos, por su alto contenido en fósforo, elemento indispensable para la vida, no renovable e insustituible siquiera sintéticamente. Las funciones que ejerce no pueden ser realizadas por ningún otro nutriente y se requiere un adecuado suplemento de fósforo para que las plantas crezcan de forma óptima.

COMPROMISO CON EL MEDIO AMBIENTE EN EL ADN

El compromiso con el Medio Ambiente “está en nuestro ADN” insiste el subdirector de Gestión Ambiental, Gregorio Arias, “y no sólo con la calidad del agua, sino con la flora, la fauna y toda su repercusión natural”, concluye. El ambicioso Plan Estratégico 2018-2030 de Canal de Isabel II está perfilado bajo tres criterios: social, medioambiental y económico.

En otras palabras, este plan a 12 años nace con dos propósitos muy claros: la autofinanciación y la sostenibilidad, de manera que la actividad de la empresa permita generar riqueza en el entorno de la Comunidad de Madrid a través de la regeneración y el reciclado de residuos.

Por eso, la línea 4 de este plan estratégico, bajo el enunciado de impulsar la calidad ambiental y la eficiencia energética, desarrolla actuaciones en consonancia con la excelencia en la depuración, la adaptación al cambio climático, la economía circular y el desarrollo de energías limpias y eficientes.

ACCIONES FRENTE AL CAMBIO CLIMÁTICO

Canal de Isabel II mide la huella del impacto de su actividad, no sólo para compensarlo en el mercado europeo de emisiones, a través del Registro Nacional de Derechos de Emisión de Gases de Efecto Invernadero (RENADE), sino para habilitar nuevas prácticas más respetuosas con el medio ambiente y menos contaminantes.

Su firme compromiso le permite marcarse un objetivo de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) del 40% en 2030. Para alcanzar esta meta cabe destacar la gestión del biogás en las estaciones depuradoras en las que “además de evitar las emisiones lo valorizamos para la generación de electricidad y también como biocombustible para vehículos”, señala Arias. En este sentido, la empresa pública ha cambiado parte de su flota de vehículos diésel por otra que funciona a partir de gas renovable obtenido en sus depuradoras.

Otras de las medidas, en la misma línea medioambiental, es el consumo de energía renovable, y no sólo la que se genera en las instalaciones para autoconsumo, sino que el 100% de toda la energía eléctrica que se compra incorpora también el certificado de origen verde.

Durante el año pasado, los gastos totales de la empresa asociados a la gestión del medio ambiente ascendieron a un total de 238,6 millones de euros, y las inversiones realizadas en esta materia han superado los 85 millones de euros en los últimos cuatro años.

LA CALIDAD DEL AGUA

La calidad del agua es “la piedra angular de nuestra actividad”, asegura el responsable de Gestión Ambiental de la empresa pública de aguas, y la adecuada gestión de los residuos generados es parte fundamental de la calidad del agua en sus tres variantes: potable, residual y regenerada.

Canal de Isabel II depuró 420 hm3 de agua el año pasado, para lo que empleó 157 depuradoras. Además, la empresa pública reutilizó 16 hectómetros cúbicos de agua para el riego de zonas verdes en 24 municipios de la Comunidad de Madrid. Esto se hace a través de tratamientos terciarios que dan una nueva vida al agua en una treintena de sus depuradoras. Estas instalaciones produjeron otros 100 hectómetros cúbicos más de agua regenerada que se vertió directamente a los cauces para aumentar la calidad de estas masas de agua. 

RESIDUOS NO PELIGROSOS, PELIGROSOS E INDESEADOS

En los últimos años, Canal ha trabajado activamente en la adecuada gestión de los residuos no peligrosos, con el objetivo de aumentar la cantidad que se destina a reutilización o valorización.

En 2019, la compañía generó y gestionó un total de 32.164 toneladas de residuos no peligrosos, entre los que destacan 30.303 toneladas de residuos procedentes del pretratamiento de las EDAR y las EBAR (el 94 % de ellos). También destacan los residuos de construcción y demolición (289 toneladas) y los residuos de poda de parques y jardines (477 toneladas), que se utilizaron como material estructurante para la elaboración del compostaje.

En lo referente a los residuos peligrosos, en 2019 se generaron 363,74 toneladas. Entre ellos se encuentran 101,4 toneladas de residuos de laboratorio (el 28 % del total) y 153,9 de aceites de motor y lubricantes (el 42 % del total).

Además de los residuos peligrosos y no peligrosos asociados a los procesos de Canal, destacan en cuanto a volumen los fangos generados en la producción de agua potable de las ETAP (un total de 30.092 toneladas en 2019) y, sobre todo, los lodos generados en la depuración de las aguas residuales en las EDAR (425.579 toneladas). Sin embargo, estos residuos son una oportunidad para Canal, y una pieza básica en su estrategia de economía circular, ya que se revalorizan para su aplicación agrícola.

Por tanto, el pasado año en las depuradoras de Canal llegaron a generarse más de 425.000 toneladas de lodos que, una vez deshidratados y estabilizados, se convirtieron en 96.000 toneladas de materia seca aprovechable: 64.000 toneladas para aplicación agrícola directa, unas 3.000 se compostaron y unas 29.000 fueron sometidas a un proceso de secado térmico en la Unidad de Tratamiento de Lodos de Loeches y también en la planta ubicada en la EDAR Sur. Gracias a estas instalaciones, el porcentaje de lodos valorizados en 2019 fue del 57 %, y el objetivo es llegar al 70 % en 2022. 

Pero no todos los residuos que llegan o salen de las depuradoras son bien recibidos. De hecho, las toallitas húmedas que se arrojan por el váter se han convertido en uno de los elementos más hostiles para las depuradoras y los sistemas de alcantarillado, sin olvidar su impacto medioambiental.

Los estragos económicos de esa mala praxis con estos residuos no desechables entrañan para Canal unos costes estimados de 2,2 millones de euros al año. A nivel nacional, la retirada de estos vertidos supone un sobrecoste de 200 millones de euros, según los datos facilitados por la Asociación Española de Abastecimiento de Aguas (AEAS).

En definitiva, tanto en su misión, como en su ADN, Canal de Isabel II asume la gestión de un recurso natural indispensable para la vida y es responsable de la depuración de las aguas residuales que genera una población de 6,5 millones de personas, una tarea que lleva más allá del estricto cumplimiento legal. La economía circular, la valorización de residuos o la consecución del buen estado ecológico de las masas de agua de la región son tres de los pilares sobre los que la empresa sustenta su actividad. 


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