Beatriz Corredor, presidenta de Red Eléctrica.

La salida forzada de Jordi Sevilla de la presidencia de Red Eléctrica de España (REE) ha abierto las puertas de la empresa pública a otra ex ministra que había caído en el ostracismo tras haber protagonizado una de las peores gestiones al frente de la cartera de Vivienda allá por 2008. En aquel año Beatriz Corredor pedía a los españoles que compraran inmuebles porque era “el mejor momento”. Eso es ojo y lo demás son tonterías. 

Meses después los precios se desplomaron y ella quedó en evidencia, pero se retiró a lamerse las heridas y a esperar otra oportunidad para servir a su partido. Sobre todo, al amado líder, Pedro Sánchez, porque Corredor es sanchista antes que socialista. Precisamente su cercanía al inquilino de La Moncloa es lo que ha permitido acceder a un cargo con un jugoso sueldo de 546.000 euros anuales, dietas aparte. A tenor de las últimas designaciones conocer las tripas del sector eléctrico parece ser un elemento secundario para acceder al sillón de mando de REE.

Antes de convertirse en el último enchufe de la empresa responsable de que los hogares y empresas españolas tengan acceso a la electricidad –algo vital, especialmente en estos tiempos de confinamiento domiciliario por el maldito coronavirus– la ex ministra ya vivía a cuerpo de Rey, con un salario de 15.000 euros y un Audi Q5 en el garaje de una de las dos casas que posee, además de un Toyota Yaris y un Volkswagen Lupo. Es registradora de la propiedad, como Mariano Rajoy, y hasta su llegada a REE presidió la Fundación Pablo Iglesias. Como ustedes ven la ex ministra cumple con el retrato robot del socialismo del siglo XXI.

Corredor lloró cuando Felipe González y Alfonso Guerra auparon al PSOE al poder un año y medio después del golpe de Estado del 23F. Eran los tiempos en los que las bolsas de deporte repletas de billetes entraban en la sede de Ferraz, primero gracias al inestimable apoyo financiero de la socialdemocracia alemana (y hasta de la propia CIA) y después procedente de las empresas que pagaban el impuesto revolucionario a Filesa y Time Export. 

La joven Beatriz tenía catorce años y gritaba en el balcón aquello de “salta a la vista que España es socialista”. No se dio por enterada de que los “cien años de honradez” que auguraba la pareja de oro de la chaqueta de pana se convertirían en catorce años de latrocinio y terrorismo de Estado.

Nieta de un herrero oriundo de Quintanar de la Orden (Toledo), Corredor pasó su adolescencia en casa de su abuela materna, que había sido portera en un edificio del Barrio de Salamanca. Tras la jubilación, la anciana dispuso de un pequeño inmueble con poca luz en el que Beatriz hincó los codos para sacar adelante las oposiciones antes incluso de terminar la carrera de Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid. 

El único momento del día en el que no estudiaba era cuando veía la telenovela con su abuela, que ya entonces le calentaba la cabeza criticando a José María Aznar. Aprendió mucho de aquella mujer, luchadora y humilde, que le ayudó a forjar su carácter de izquierdas y su espíritu tenaz constante. Pocos saben que hasta los 16 años quiso ser doctora y que durante su etapa universitaria se convirtió en hipocondriaca, problema que dice haber superado.

Su salto a la política se produjo de la mano de Miguel Sebastián, en las elecciones municipales de 2007 que le permitieron ser concejal durante seis meses hasta que José Luis Rodríguez Zapatero le nombró ministra de Vivienda. Presenció en primera fila el estallido de la burbuja inmobiliaria sin comerlo ni beberlo y lo cierto es que no tuvo margen para aplicar sus grandes conocimientos del sector. Aunque no hizo tanto el ridículo como su compañera de filas María Antonia Trujillo –la de los minipisos y las kellyfinder–, cometió un imperdonable gazapo en el programa de televisión Caiga quien caiga, al afirmar que Murcia tiene dos provincias, en lugar de una. 

Corredor conserva la amistad con Zapatero, al que dice admirar a pesar del papelón que está haciendo a lo largo y ancho del globo respaldando a dictadores de todo pelaje. Son amigos y tienen mucha confianza, así que a lo mejor ella sabe si el ex presidente ha cobrado millones de dólares de los regímenes bolivarianos, como asegura la oposición venezolana.

Pero su favorito sigue siendo Pedro Sánchez, al que ha defendido hasta la nausea, especialmente cuando el ahora jefe del Ejecutivo dejó su acta de diputado tras el Comité Federal del PSOE que intentó acabar con él políticamente en 2016. Beatriz estaba en el cumpleaños de un primo y se retiró a llorar en soledad. Desde aquel momento se hizo pedrista y prometió fidelidad al líder, lo que ahora le ha permitido volver a estar a sus órdenes.

A pesar de los terribles problemas económicos que tiene España –y que estaban en el ADN nacional antes de la llegada del coronavirus de Wuhan– la ex ministra considera que el más importante es la violencia de género, seguido por la precariedad laboral de los jóvenes. Pasa su tiempo libre entre libros y sus autores favoritos son Isabel Allende y Gabriel García Márquez. 

También le encanta la música, aprendió a disfrutar de Mozart durante su encierro opositor aunque su idolo siempre ha sido Tony Hadley, vocalista de los míticos Spandau Ballet. Cuando le apetece escuchar cantantes nacionales su preferido en Joan Manuel Serrat, un clásico de la progresía española que fue considerado separatista por Franco y que ahora es tildado de fascista por las huestes independentistas catalanas.

En cuanto a su familia, Corredor tiene tres hijas con las que comparte confidencias, vacaciones y consejos, fruto de dos matrimonios. La ex ministra se casó de blanco y por la Iglesia con un licenciado en Derecho al que conoció en su etapa universitaria en la capital, con el que tuvo dos niñas. La tercera llegó tras casarse de nuevo, en esta ocasión con un antiguo amor de juventud que trabajaba como monitor en la piscina de Quintanar de la Orden. 

Fueron novios en la adolescencia, cuando la joven Beatriz iba al pueblo toledano a pasar el verano con sus hermanas, y tras el fracaso de su primer matrimonio retomaron la relación. Tampoco salió bien y los vecinos del pueblo aseguran que fue porque son muy diferentes. A él le tira más el deporte y a ella la cultura, o eso dicen.

A pesar de demonizar a las empresas de pisos turísticos tipo Airbnb, Corredor utilizó sus servicios durante un viaje a Roma que realizó con sus hijas. Ella dice que contrató el servicio por error, pero lo cierto es que disfrutó de la capital italiana a cuerpo de reina. Asegura que se encarga personalmente de sus redes sociales y gana mucho en el cara a cara, aunque de vez en cuando se trastabille al hablar. 

Bajo su apariencia menuda se esconde una mujer con ambición y profesionalidad, aunque lo cierto es que carece de conocimientos técnicos para estar al frente del operador del mercado eléctrico nacional. Y es que tener una profesión y ser responsable de otra es algo muy común en el Gobierno de Sánchez, con una doctora al frente de Hacienda, un filósofo dirigiendo la Sanidad y un amigo personal del presidente como jefazo del servicio postal. Desde aquí le deseamos toda la suerte del mundo, la necesitará.