lunes, 10 mayo 2021 0:47

La Fuerza 2035 diseña el ejército del futuro

Los pasillos del Palacio de Buenavista están cargados de alfombras gruesas, cortinajes decimonónicos, precisos relojes de colección dignos de un rey inglés y obras de arte dieciochescas. En ese entorno palaciego paradójicamente se prepara un ejército futurista. Por esos pasillos se mueven uniformados de verde, el Estado Mayor del Ejército de Tierra, que a las órdenes del general de Ejercito Francisco Varela ha formado la llamada Fuerza 2035. Tierra está dedicando enormes esfuerzos de su división de Planes para pensar el futuro en un campo de batalla. De este esfuerzo de los analistas saldrá la futura Brigada 2035, que sobre el terreno va a experimentar con robótica e inteligencia artificial enfocada al combate.

El Ejército aún no tiene perfilado cómo va a ser esa brigada del futuro. El encargo ha llegado hace pocos meses por parte del Jefe del Estado Mayor del Ejército (JEME), que a su visión de futuro une el hecho de que el Ministerio de Defensa ha anunciado un nuevo ciclo inversor en sistemas de armas, una oportunidad para adquirir nuevos materiales. Hace pocos y meses y lo cierto es que ha pillado casi por sorpresa a los cuadros de su estado mayor.

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Pero la incógnita es qué aspecto, cómo será ese futuro ejército qué desplegará en los escenarios de combate. La robótica, la inteligencia artificial y las aplicaciones sobre el combatiente parece claro que tomarán el protagonismo. El mando y control, tanto de la fuerza, como del escenario es uno de los mayores esfuerzos a los que se encamina el diseño de este futuro militar. Exoesqueletos para los fusileros, robots en zonas de fuego y logística, realidad aumentada, sensores por todos lados. El problema en el material militar es que todo esto debe estar probado, literalmente, a prueba de bombas. Rugerizado, se dice en el argot.

Robot mecanizado que simula el movimiento de una mula, necesaria para transportar material en lugares escarpados como Afganistán.

España comenzó hace casi una década un programa futurista llamado Combatiente del Futuro (Comfut en los sacrosantos acrónimos del lenguaje castrense). Tras una inversión importante y con la colaboración de empresas como Indra, Eads (hoy la división Cassidian del gigante Airbus), Amopack, GMV, Iturri o Fedur, se llegó a probar los primeros prototipos. Pero el Comfut causó baja sin apenas disparar tiros; lo mató la crisis galopante de 2010, que frenó en seco cualquier inversión en Defensa. Hoy este programa ha evolucionado al Siscap (Sistema del Combatiente a Pie) y, aunque aún no se saben los detalles de esta futura Brigada 2035, claramente sus sistemas estarán allí integrados.

Habrá que prepararse para ver visores con integración total de datos, pantallas de oled, grafeno, comunicaciones satelitales desde el mismo uniforme del soldado, y uniformes casi invisibles. La superioridad tecnológica es fundamental para lograr la superioridad en los diferentes conflictos que están asolando este siglo XXI. Y también la integridad del soldado, en unos tiempos en que las sociedades no están dispuestas a digerir bajas en conflictos, sean lejanos o cercanos. En el escenario de combate, quienes estén al cargo del mando y control de la operación tendrán un diagnóstico exacto del estado de salud y agotamiento de sus fusileros desplegados sobre el terreno. Hasta de la munición que les queda en su equipo.

Desglose de materiales que llevarán los soldados en el futuro (Fuente, Cátedra ISDEFE).

Pero todo este considerable paso al futuro del Ejército de Tierra español comenzará de forma mas prosaica y pegado al terreno. El plan del JEME es utilizar a la Brigada de la Legión, en su base de Almería, como unidad piloto para experimentar este futuro ejército que diseña la Fuerza 2035. Allí van a llegar ya las plataformas terrestres 8X8, los deseados nuevos vehículos blindados de transporte de tropas que sustituirán a los vetustos BMR (Blindados Medios sobre Ruedas) que son la espina dorsal de las unidades de fusileros españoles. Se trata de un sistema de armas que costará 3.386 millones de euros.

Como explicaba hace poco el general Varela, la plataforma en sí misma no arroja gran complejidad. Tras años de estudio Defensa se ha decantado por el modelo Piranha V de General Dynamics-Santa Bárbara Sistemas (GDELS-Santa Bárbara), el mismo que usan los marines norteamericanos. Lo complicado está en la torre, que es donde va tanto la potencia de fuego como las posibilidades de captación de información. Implicadas en este desarrollo de momento están GDELS-Santa Bárbara Sistemas, Indra, SAPA, Navantia, GMV, Thapec y Tecnobit, entre otras.

Vehículo Piranha 8X8 actualmente en servicio en la Infantería de Marina española. | Armada.

Estos Piranha se baquetearán por los escarpados terraplenes del polvoriento campo de maniobras de Viator, el centro de entrenamiento principal de la Legión, a donde irán llegando los inventos que las empresas tecnológicas españolas ya están desarrollando. Sin embargo, el concepto de esta brigada aún está por salir de los cerebros de los planificadores de Tierra.

Las brigadas polivalentes

En la división de papeles de las Fuerzas Armadas de este tramo del siglo XXI el manejo de las fuerzas operativas está en manos del Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) –hoy el general de Ejército Fernando Alejandre– y a los estados mayores de los ejércitos les corresponde la organización y preparación de estas fuerzas. En este contexto, el Ejército de Tierra no para de evolucionar.

El JEME nombrado por Cospedal se apresta a diseñar el ejército en 2035, cuando justo se acaba de implementar un nuevo modelo, las Brigadas Orgánicas Polivalentes (BOP), fruto del planeamiento del anterior JEME, Jaime Domínguez Buj. La idea era que cada unidad tenga todas las capacidades que necesita el ejército en combate: infantería ligera, artillería y caballería. En el caso de las brigadas pesadas (acorazadas), un mix similar que incluyera carros de combate. Sin embargo, la idea no ha acabado de cuajar en la mente del Ejército de Tierra.

Primero porque brigadas con características únicas y casi fundacionales –la Brigada paracaidista, la de Montaña– pierden parte de su esencia y cualificación. También porque la crisis ha hecho que los traslados de unidades sean orgánicos, pero no físicos. Por ejemplo, la BRILAT –Ligera Aerotransportable en origen– está fundamentalmente en Pontevedra, pero ahora tiene adosado un regimiento de caballería que está basado bastante lejos, en Valladolid. También ha habido que corregir huecos que quedaban, como la falta de unidades específicas de montaña, muy necesarias para un gran número de misiones y una capacitación que según expertos militares no se debía perder.

Cómo será el soldado del futuro, qué materiales usará y de qué manera combatirá es algo que esta ahora mismo saliendo del laboratorio de ideas en que se ha convertido lo que el propio JEME ha bautizado como “la Fuerza 2035”.


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