viernes, 21 enero 2022 12:23

Iberdrola exige mayor generación de renovables y Deloitte lo cuestiona

El debate sobre la política energética en España está sobre la mesa. Todos opinan y quieren tener voz. Iberdrola, uno de los principales actores, deja clara su postura: impulsar la descarbonización y desarrollar mayor cantidad de energía renovable.

Además, se trata de un discurso que la energética presidida por Ignacio Sánchez Galán lleva como bandera, más si cabe, desde hace unos meses. En concreto, desde que el ministro del ramo, Álvaro Nadal, intenta legislar buscando el interés político del Gobierno para vender a la ciudadanía una rebaja en la factura de la luz y, como consecuencia, perjudica ciertos intereses de las eléctricas.

En este contexto, Galán ha aprovechado el Foro Económico Mundial que se está celebrando estos días en Davos (Suiza) para exponer -una vez más- su visión del entramado energético. Así, el presidente de Iberdrola ha explicado que para dar respuesta a una demanda creciente con un modelo energético descarbonizado es imprescindible desarrollar más generación renovable, mayor capacidad de almacenamiento, más redes inteligentes y más vehículos eléctricos.

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Como argumento, ha insistido en que la tecnología necesaria ya está disponible, y sus costes se están reduciendo rápidamente. En este sentido, ha afirmado que la inversión requerida por el sector eléctrico durante los próximos 25 años asciende a 19 billones de dólares.

Contestan a Iberdrola

Realmente no se trata de una contestación, dado que el informe de Deloitte ‘Una transición inteligente hacia un modelo energético sostenible para España en 2050’, se hizo público la semana pasada. Pero en el mismo se cuestiona, en cierto modo, la capacidad que existe ahora mismo en España para elevar en el mix energético el peso de las renovables.

Y es que, señala el informe, estas tecnologías tienen actualmente características que dificultan su integración masiva en el sistema eléctrico: no se puede gestionar su producción y no aportan la misma capacidad de regulación y control que la generación térmica convencional.

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Asimismo, se asegura que otras tecnologías renovables que podrían soportar la seguridad de suministro en el sistema eléctrico tienen limitada su capacidad de desarrollo en el medio plazo; bien por una posible falta de recurso (por ejemplo, la biomasa requiere, en muchas ocasiones, sustituir cultivos ya existentes, y sobre la que existen incertidumbres sobre su capacidad real de descarbonización); de emplazamientos adecuados (hidráulica, geotermia); o bien por sus elevados costes (termosolar).

Por lo tanto, concluye, el nivel máximo de penetración de generación renovable durante la transición energética estará supeditado a su impacto en la operación técnica del sistema, y éste seguirá requiriendo capacidad firme de respaldo.

De este modo, parece que el debate sobre las renovables y, más allá, sobre su capacidad tecnológica y ahorro de costes, será el arma que empuñe cada bando en el debate sobre la descarbonización, que al final se trata del asunto de fondo.


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