domingo, 3 julio 2022 9:25

Banco Popular: crónica de una muerte anunciada que puede extenderse al sector

En 1991 los que trabajábamos en banca de inversiones recibimos un mensaje de la Alta Dirección del banco: no prestar ni un duro a Banesto en el interbancario. Dos años después, Banesto estaba en quiebra e intervenido. Algo parecido ha pasado con el Banco Popular, que en los últimos años estaba hecho unos zorros, y los que conocemos un poco de temas financieros, incluidos Ángel Ron y su “Corte”, lo veíamos. La única posibilidad que tenía era acudir a los accionistas, ignorantes de lo que ocurría e incondicionales del Banco de los Valls y de la “Obra”. El resultado ya lo sabemos. Tanto Banesto como Popular han caído en las redes del Santander.

Con las cajas de ahorros pasó lo propio. También lo sabíamos los que estábamos en el sector, pero el Gobierno, el Banco de España y los que hacían los tests de stress también lo ignoraron, porque políticamente no interesaba que un país con el modelo de regulación bancaria mejor del mundo, a decir del Sr. Rodríguez Zapatero, pudiera tener cincuenta entidades que virtualmente estaban quebradas.

Debe cambiarse la forma de elección de los Consejos de Administración de las grandes empresas

La gente se sorprende de que en un par de días Liberbank haya caído más de un treinta por ciento. También se extrañaron de que BMN tuviera que fusionarse con carácter de urgencia con Bankia. Y lo que le pasa a Liberbank, le pasa porque es la única que cotiza. Si Unicaja o Ibercaja cotizaran, les pasaría lo mismo. Y la pregunta que me hago es: ¿por qué no le pasa lo mismo a Caixabank?

¿Cuál es el denominador común de todas estas entidades? Muy sencillo, proceden de aglomeración de cajas de ahorros dudosamente viables, procedentes de las fusiones frías propiciadas por el tristemente famoso MAFO; están todas concentradas en España, un país no apto para banqueros cardiacos debido a los bajos tipos de interés y el ladrillo; su dirección o no es demasiado profesional, o lo fue hace treinta años, pero hoy en día siguen mandando los mismos, que con los salarios que cobran tratan de alargar el momio todo lo que pueden; y además, han sido amplios receptores de políticos cuando ha funcionado el tema de las “puertas giratorias”.

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Caixabank, Liberbank, Ibercaja y Unicaja tienen el mismo estereotipo que Banco Popular. ¿Y por qué va a caer el Popular y no los demás? ¿Qué les diferencia?

La verdad es que no mucho; a lo mejor el nivel de activos tóxicos, y que Ángel Ron se las dio de machito y no quiso traspasar activos tóxicos al Sareb, pero, por lo demás, el modelo es el mismo. Caixabank, por ejemplo, que tiene pinta de ser el más sólido, es una entidad cuyo 80% del capital lo manejan fundaciones ligadas a la antigua Convergencia i Unio, y en el que el 20% restante de minoritarios, no se entera de la fiesta. Se tragó Banca Cívica, Caixa Girona y el Barclays, y ahora anda detrás de Deutsche. Todo en España, no vaya a ser que se diversifique algo, y se reduzca el riesgo sistémico.

Muchos de los que han invertido en productos del Banco Popular, como la deuda subordinada o los convertibles contingentes (cocos para los amigos) no tenían ni idea de cómo había cambiado la legislación europea desde hacía un par de años, y pensaban que lo que tenían eran como los bonos pero con más interés, y que se los ofrecían por ser buenos clientes del banco. ¡Pues no!.

Ana Botín, presidenta de Santander tra la compra de Banco Popular

Desde hace dos años, la Autoridad Bancaria Europea, a través del Mecanismo Único de Resolución (MUR), puede tomar estas decisiones, y hacer que todos los pasivos en orden de prelación puedan reducir su valor a cero, salvo los primeros 100.000€ de depósitos, que están protegidos por el Fondo de Garantía de Depósitos. Y así ha ocurrido.

Los clientes de los bancos siguen confiando en los gestores comerciales y directores de las sucursales bancarias, y no se dan cuenta de que son sus peores enemigos, puesto que tienen que vender a los clientes lo que la dirección les manda, porque cobran bonus en función de lo que te vendan, y porque saben que su puesto de trabajo depende de que obedezcan y te coloquen sus productos, que no son precisamente los que le convienen a los clientes. En esta crisis, los inversores que lo han perdido todo se quejan de que en las oficinas les decían que no pasaba nada. ¿Qué iban a decir, si se estaban jugando su puesto de trabajo? Los españoles deben de dejar de ser ingenuos en temas financieros y sobre todo en temas bancarios. Ni el gestor ni el director de la sucursal son tus amigos; simplemente viven de ti, y en muchos casos, ya no es sólo que hacen lo que se les dice, sino que es que además ´ni ellos mismos saben lo que te están vendiendo.

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Seamos realistas, los inversores lo tienen todo en contra. Les venden lo que quieren las entidades financieras, el auditor firma las auditorías limpias, el regulador no dice nada a pesar de que el Popular lleva nueve años en esta situación, y se supone que los inspectores del Banco de España alguna vez se habrán dado una vuelta por allí, la CNMV aprueba las ampliaciones de capital y no suspende la cotización a pesar de que hace ya unos cuantos días que muchos sabíamos cómo iba a acabar esto; y el Ministro De Guindos lleva cuatro años haciendo alardes de lo bien que ha arreglado la crisis financiera, de que ya no iba a haber más problemas y de qué no nos iba a costar nada a los españoles.

Más le valdría al Sr. Ministro cambiar la legislación que permite que personajes como Ángel Ron lleguen a sus juntas generales con el 50% de los votos bajo el brazo, provenientes de las delegaciones en blanco que le han firmado todos los accionistas en las sucursales de todos los bancos, a cambio de un libro o de una caja de bombones. Por muy mal que lo haga el consejo de un banco, no hay forma de cambiarlo, salvo que se produzca una situación de quiebra, como es el caso. Menos mal que no ha dado tiempo a que Bankia pudiera fusionarse con el Popular (De Guindos tenía las manos atadas hasta el 1 de julio, de acuerdo con lo firmado con Bruselas) porque si no, estaríamos otra vez socializando pérdidas.


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