El año 2017 será el de la consolidación definitiva del mercado español de las telecomunicaciones, una vez que se cierre la integración de los cableros del norte, un movimiento que lleva años prometiéndose y que, esta vez sí, parece que va a llevarse a cabo.

En el sector se da por hecho que los movimientos llevados a cabo por Euskaltel y Zegona, dueños de Telecable, apuntan a que se cerrará un acuerdo en breve plazo. Hay muchas pistas, como el que Movistar se prestase a ofrecer a los asturianos un acuerdo ventajosísimo de operador móvil virtual. Probablemente lo hayan hecho pensando que después podrán utilizarlo como caballo de Troya para intentar quedarse con el acuerdo mayorista para todo el norte, sustituyendo a Orange como socio preferencial de vascos y gallegos.

El mayor obstáculo es el de siempre: Kutxa y la batalla entre quienes ven Euskaltel como un negocio y quienes lo ven como una mera herramienta política.

Los fondos en Euskaltel están, básicamente, desesperados por socios menos empeñados en resaltar el componente político de la cablera, reforzado desde la salida de Fernando Ojeda como consejero delegado y el fortalecimiento en la presidencia de Alberto García Erauzkin, habitual del entorno del PNV.

La idea de que el grupo resultante expanda su huella es atractiva para todos y existen varias opciones sobre la mesa para hacerlo. ¿Cómo no desear poner en marcha un coloso con 750 millones de facturación y un ebitda de 360 millones? Le convertiría sin discusión en el cuarto operador español, si nos atenemos a los resultados económicos.

Pero si alguien piensa que Euskaltel va a comprar Telecable sin más, no conoce a Zegona. Los ingleses no están dispuestos a vender si no es por la posibilidad de ser importantes en el nuevo grupo. Teniendo en cuenta que esta sociedad de inversión nace básicamente para buscar grandes oportunidades en Europa y aprovecharlas, la opción de retirarse sin más no está sobre la mesa. No van a vender, van a cambiar cromos. 

Lo que se negocia en todo esto, paradójicamente, tiene mucho menos que ver con el aspecto de negocio, tan obvio que asusta, como con el “alma” de la compañía. Y aquí veremos concesiones por ambas partes. Casi con total seguridad, veremos la sede social del grupo en País Vasco y a Erauzkin como presidente. Incluso es probable que mantengan a Francisco Arteche como CEO. Pero tienen que existir contrapartidas.

En el terreno de la especulación más salvaje, no sería descabellado que el nuevo grupo mantuviese las marcas tradicionales en sus regiones de siempre pero que también lanzase una nueva marca con la que operar en otros territorios. Con un acuerdo de OMV para la parte móvil y o bien desplegando fibra o bien alquilando la de Telefónica en la parte fija en otras regiones. Sería una forma de mantener el corazón vasco sin someter todo el proyecto a la política local.

El reto de MásMóvil

Por otro lado, MásMóvil tendrá que demostrar que puede con la etiqueta de “cuarto operador” que consiguió tras la compra de Yoigo y luchará por su gran objetivo: Ser un nuevo Jazztel y competir con agresividad para que alguien la compre. Y aunque en rentabilidad lo tiene crudo para poder ser el cuarto operador, teniendo en cuenta lo que le viene por el norte, en número de abonados sí tiene muchas opciones para conseguirlo.

Porque, frente a una temporada en la que todo consistió en añadir paquetes y paquetes a los servicios de telecomunicaciones, en algún momento un grupo de usuarios ha decidido que, en realidad, le sobra la mitad de la oferta. A muchos millennials les trae sin cuidado el teléfono fijo, la televisión tradicional les resbala y sólo quieren fibra con la que conectarse a contenidos de Internet, un buen wifi y una tarifa de datos con muchos gigas y un 4G aceptable.

Los operadores atacan este mercado con cierta desgana. Orange lo hace con un poco más brío a través de Jazztel, que ofrece cosas como una tarifa con fibra de 50 Gbps y tarifa plana de móvil con 5 Gb de datos por algo menos de 60€/mes. Sí, es cierto que en las promociones habla de precios mucho más bajos, pero se debe a su costumbre de esconder el coste de línea y confundir con las promociones.

Vodafone tiene una oferta de Vodafone One más barata, fibra y móvil con tarifa plana por 50€, con seis meses a mitad de precio pero sólo con 2Gb de datos. Y con TV promocionada en el paquete. Movistar ofrece algo parecido, casi idéntico, con Fusión Contigo en la versión de 50 Gbps, pero también con franquicias de datos muy pequeñas.

MásMóvil, por su parte, ofrece algo que ninguna otra: Fibra y una línea de móvil con 8Gb por debajo de los 50€. ¿Qué pasará cuando anuncien una tarifa que acompañe a su tarifa SinFin que incluya fibra y 25Gb de datos?

Los operadores han preferido mantener la estrategia de esperar y ver hasta que MásMóvil se ponga realmente agresiva. Está por ver qué iniciativas llevarán a cabo cuando esto suceda, o si no será ya demasiado tarde y los amarillos se les habrán subido a la chepa. Pero lo bueno de todo esto será que, casi con total seguridad, 2017 será el año en el que veremos franquicias de datos mucho más jugosas, e incluso los primeros asomos de tarifas planas.

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