martes, 28 mayo 2024

Criogenización: recibo de por vida o pasaporte a la inmortalidad

El caso de la niña inglesa de 14 años que ha muerto de cáncer, y a la que un juez le ha dado el derecho a criogenizarse una vez fallecida, ha vuelto a reabrir el debate sobre esta técnica. El eterno sueño de volver a vivir después de la muerte, un viejo anhelo del ser humano que todavía no es posible, pero que muchos científicos y compañías trabajan por hacer realidad. Sobre todo, porque están convencidos de que más pronto que tarde lograrán que sea posible, así como hacer que nuestra vejez sea más larga y tardemos muchos más años en morir.

Es lo que el presidente de la Fundación Vida Plus, José Luis Cordeiro, llama «longevidad indefinida, porque nunca seremos inmortales: siempre puede haber un accidente de coche, una grave enfermedad…». Sin embargo, a su juicio, en unos 35 ó 40 años ya se habrán conseguido las técnicas necesarias para alargar nuestra vida. Por eso cree que es un choque injusto, ya que estamos asistiendo «al nacimiento de la primera generación inmortal, y a la última generación mortal», destaca. Entonces, «¿por qué hacer que la gente se lo pierda?. Es por ello que la criopreservación es una oportunidad para vivir los avances del futuro», sentencia.

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El proceso de la criogenización

El proceso de la criopreservación sólo puede hacerse una vez que la persona ha fallecido. Las leyes no permiten, por ahora, hacerlo en vida.

Una vez que el féretro está a disposición de estas compañías, se hace la primera parte del proceso: la estabilización del cuerpo. En ella se sustituye la sangre por un fluido que permite bajar la temperatura del cuerpo sin destruir las células. De este modo, los restos mortales tienen una temperatura corporal de -80º.

Después viene la segunda etapa. Previa ya a que los restos vayan a ser conservados. Se trata de seguir reduciendo la temperatura de conservación del cuerpo hasta los -190 grados, en la que ya no hay metabolismo y el proceso biológico queda detenido. De este modo, el cuerpo ya no se deteriora y se conserva de cara al futuro.

¿Cómo se puede despertar a alguien? Todavía no se ha conseguido nunca. Aunque los científicos confían en que en 30 ó 40 años pueda hacerse. De hecho, el presidente de la Fundación Vida Plus, José Luis Cordeiro, cree que «es viable hacerlo, porque miles de niños ya han estado criopreservados». Es un proceso, explica, que se hace con los óbulos, los espermatozoides, y no pasada nada. ¿Por qué no se va a poder hacer con el cuerpo?

Sin embargo, esta técnica de conservación de nuestros restos una vez fallecidos -ya que no se permite  hacer en vida- todavía no ha logrado revivir a nadie, aunque quienes son firmes defensores de ella, están convencidos de que sí lo van a conseguir en no mucho tiempo. Ahora bien, ¿de qué manera puede uno pasar por un proceso de criopreservación?.

Sistemas para poder volver a vivir en el futuro hay muchos. Desde el más sencillo, que sería la conservación cabeza, al más completo, que supondría la conservación del cuerpo entero. Aunque para Cordeiro «este último no es necesario, porque es clonable». Sin embargo, las principales empresas del sector ofrecen estas posibilidades -junto a otras muchas-. Existen tres grandes empresas en el mundo: KrioRus, en las afueras de Moscú; Crionics, en Michigan; y Alcor, en Arizona. Todas ellas ofrecen estas opciones de criopreservación, aunque los precios varían mucho de unas a otras. 

Por ejemplo, en el caso de la compañía Rusa uno puede criopreservar su cerebro por sólo 18.000 dólares, mientras que el cuerpo son 36.000 dólares. En el caso de Alcor, la más potente de todas,  hablamos de 80.000 dólares en caso de cerebro y de cerca de 200.000 dólares para el cuerpo entero. Ahí es nada. ¿Y qué incluye? Pues simplemente el almacenamiento de nuestros restos hasta que dentro de 30, 40, 50 años la ciencia sea capaz de despertarnos y hacernos vivir. De hecho, en todos los contratos reza una cláusula similar a esta que se puede leer en el caso de la compañía rusa: «el cliente asume y reconoce que no hay ninguna garantía de que pueda volver a la vida, ni tampoco de que el proceso de conservación de los restos vaya a ser hecho con éxito«.

Se crean pequeños fondos para que haya dinero si se vuelve a la vida, pero no se garantiza que la inversión pueda salir bien

Cero garantías. Pero los pagos no quedan aquí. Las cantidades abonadas sólo recogen la conservación. Esto significa que cuando morimos, hay que tener prevista una cantidad de dinero para ser ‘recuperados’ por nuestra compañía. Costes que no todas las empresas incluyen en los contratos, pero que en el caso de Alcor va en ascenso: 10.000 dólares si falleces fuera de Estados Unidos o Canadá; 25.000 dólares si contratas el servicio con terceras compañías que puedan tener acuerdos con ellos; 50.000 dólares si la contratación viene de otra empresa que ni siquiera tenga un acuerdo.

«No hace falta hacer todo el desembolso en vida», explica Cayetano Santana, administrador de Criónica.org y vicepresidente de la Sociedad Criónica. «Se puede hacer también a través del patrimonio que pueda existir una vez fallecido. Por ejemplo, una casa. Lo importante es que sea lo más líquido posible«, añade. Un dinero que para ellos resulta una inversión de futuro para sus clientes, pero que a esas empresas «les permite avanzar en las investigaciones para revivir a sus pacientes», además de cubrir los gastos de mantenimiento durante el período en el que estemos ‘dormidos’.

1366_2000Ahora bien, si uno quiere ser precavido y generoso con ellas, estas empresas admiten que uno vaya preparando en vida su crioconservación. Es el caso de Alcor que, por ejemplo, tiene un club, en el que se van haciendo desembolsos anuales que permiten varias cosas: pagar nuestra conservación futura; dar fondos a la investigación; y preparar un pequeño fondo que permita que -en caso de volver a vivir- tengamos un dinero con el que contar. ¿La cantidad? Nada, poca cosa. Unos 525.000 dólares anuales que van bajando a medida que se van añadiendo miembros de la familia.

No todas las empresas ofrecen esta membresía, pero sí que todas ellas ofrecen la posibilidad de ir haciendo aportaciones para ayudar a preparar tu muerte y la correcta criogenización de tu cuerpo, así como a financiar las investigaciones que te permitan revivir.

Algunos economistas creen que podemos estar ante un caso de estafa piramidal, si no se controla bien cómo se hacen los pagos y las inversiones

Un dinero que, por supuesto, «no es reembolsable», dicen los contratos a los que ha tenido acceso Merca2.es. No sólo eso, es que en el caso de que el fondo preparado por la compañía no de los frutos en el futuro «no nos hacemos responsables del éxito que puedan tener las inversiones realizadas». Vamos, que podemos encontrarnos sin dinero. Sobre todo, porque también se reserva al derecho a recoger parte si hiciera falta en el futuro para pagar costes del servicio. Santana reconoce que es «una tecnología cara, pero como ocurre con todas las nuevas tecnologías que aparecen. Lo son hasta que se popularizan», sentencia.

Eso sí, estas empresas también se comprometen -a cambio del dinero- a guardar a buen recaudo todos los recuerdos que quieras dejar. Cintas, papeles, vídeos… Aquello que necesites para saber quién eras una vez que despiertes en una sociedad que no se parecerá en nada a la que dejaste. Algo que muchos expertos advierten que puede suponer un problema tremendo. De hecho, los documentos que firmamos también recogen que no cabe la opción de recurrir ni quejarse por lo que pueda sobrevenir después.

¿Y qué pasa si no son capaces de revivirme en 40 años? Nada, los contratos que se firman tienen una duración de un siglo, prorrogables por otros 25 años. De aquí a entonces, ya veremos qué sucede. ¿Y si quiebra la empresa? La respuesta la tiene el vicepresidente de la sociedad criónica: «El riesgo cero no existe, y se trabaja para reducirlos. Para ello se diseñan estrategias que garanticen la viabilidad de las inversiones, pero nada garantiza que vayan a tener éxito», sentencia.

«El riesgo cero no existe»

Unas fórmulas de pago y aportación que para el economista Miguel Córdoba, resultan «muy parecidas a las de una estafa piramidal«.

Así que ya sabes, si tienes el dinero, quieres revivir en 40 o 50 años, aquí tienes la oportunidad de hacerlo. Eso sí, nada te garantiza la posibilidad de lograrlo. Sobre todo, porque cuando despiertes se plantea otro problema legal. El de quién eres realmente, porque «cuando alguien muere, pierde su identidad, por lo que es necesario proporcionar una nueva identidad y un nuevo DNI», señala el abogado Felipe Debasa Navalpotro. Aunque eso ya es harina de otro costal que tendrán que plantearse los legisladores.


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