El nariz Thierry Wasser firma Mon Guerlain. El nuevo perfume es un tributo a la feminidad y celebra el 190º aniversario de la casa. Su embajadora es Angelina Jolie.

Es un reputado maestro perfumista pero se resiste a pontificar acerca de cómo se usan los perfumes. Elegante, distinguido y arrollador Thierry Wasser (Montreux, Suiza, 19 de julio de 1961) afirma: “Como cada cual desee, por favor. Que se lo echen en el pelo, en la cara, en la ropa, en el cuello, tras las orejas… Que tengan uno o cinco, distintos para verano o para invierno. Yo, por ejemplo, hace muchos años que uso el mismo, Habit Rouge, sólo uno, para cualquier estación o momento del día.

“Pero tengo botes por todas partes: en casa, en mi mesa de despacho, en el laboratorio, en el coche… Cuando estoy esperando en un semáforo, por ejemplo, me echo perfume y no sabe usted cómo huele mi volante y el coche entero. La gente me dice que me echo demasiado pero es que a mí me encanta perfumarme, es mi forma de presentarme”.

Quinto perfumista de la casa Guerlain, a la que se incorporó en 2008, Wasser presentaba hace un par de días su nueva creación, Mon Guerlain, una deliciosa fragancia con la que rinde culto a la feminidad: “Yo soy un hombre muy feminista. Adoro la feminidad de la mujer que adopta varios roles y lucha desde todos ellos por un mundo mejor, un mundo muy masculino. La trabajadora, la amante, la madre, la mujer comprometida con todo tipo de empresas desde la familia a una ONG. Esa mujer brillante, generosa, fuerte, luchadora, su feminidad es la que adoro y la que reivindico”.

El nuevo perfume celebra el 190º aniversario de la casa, que representará también el paso adelante que quiere dar la marca.

Esa mujer, que es todas las mujeres, es Angelina Jolie, la embajadora elegida por la marca para prestar su imagen a Mon Guerlain. Un fichaje por todo lo alto para un lanzamiento que celebra el inminente aniversario de la casa, 190 años que cumplirá en 2018, y que representará también el paso adelante que se propone dar, algo así como un cambio de escala, manteniéndose fiel a sus orígenes. Todo un reto confiado a Wasser: “Me puse a ello hace tres años. Para mí, crear un perfume es contar una historia.

Y esa historia sólo arranca si se encuentran las ideas adecuadas, o las palabras, es decir, las materias primas. Me gusta descubrir nuevas pero sin olvidar las de mis maestros, las que han usado los cuatro narices anteriores, soy responsable de ese legado”. Cuenta Wasser que con 9 o 10 años solía escaparse por los campos que rodeaban su casa a recoger hierbas que coleccionaba: “En los 70 en Suiza se pusieron de moda la medicina natural, la aromaterapia. Yo buscaba plantas como las que veía en los libros y las secaba”.

Aquel hobbie infantil era la expresión temprana de un talento que le ha convertido, tras graduarse en 1987 en Givaudan (París), en uno de los perfumistas más reputados, y de un instinto natural para localizar ingredientes únicos: “Buscar esencias es la parte a la que dedico más tiempo y la más divertida de mi trabajo. Me gusta viajar, visitar a los granjeros, preguntarles”.

El maestro se aventura con un consejo: “Cuando vayan a elegir un perfume olviden esos papelitos, ¡nadie se perfuma con papelitos! Pruébenlo en sus manos o en las mangas. Si alguno le seduce, pida una muestra y siga probándolo unos días. Si le convence, cómprelo, si no, empiece de nuevo. Sin papelitos”.