Xiaomi
Photographer: Giulia Marchi/Bloomberg

Hace ocho años, antes de que la empresa china Xiaomi hubiera vendido un solo smartphone, 56 de sus primeros empleados reunieron 11 millones de dólares para invertir en la startup. Trabajadores comunes recurrieron a sus ahorros y pidieron dinero prestado a sus padres.

Hoy son los Afortunados 56. Xiaomi es uno de los fabricantes de smartphones más exitosos del mundo y está preparando una importante oferta pública inicial. La participación de los empleados en la compañía pronto podría valer entre 1.000 millones de dólares y 3.000 millones de dólares, dependiendo de la venta de acciones. Esto equivale a 36 millones de dólares para cada uno en el punto medio.

La decisión fortuita comenzó con trabajadores como Li Weixing, exingeniero de Microsoft Corp. que fue el empleado N° 12. En 2010, el personal trabajaba siete días a la semana en un parque de oficinas completamente vacío en Pekín para poner en marcha este fabricante de teléfonos móviles desconocido. Cuando se difundió la noticia de que Lei Jun y los otros fundadores estaban haciendo un fondo común con su propio dinero para una ronda de financiamiento de riesgo, Li y otros quisieron sumarse.

Li, que ayudó a crear el sistema operativo móvil de Xiaomi, tenía ahorrados unos 500.000 yuanes (79.000 dólares). “No alcanzaba para comprar una casa, así que preguntó si, en cambio, podía invertir en Xiaomi”, dijo el máximo responsable Lei en una entrevista de marzo en la sede de Pekín. “Nos dijimos: ‘No podemos dejar que invierta sólo Weixing’, así que dejamos que entraran todos”.

Algunos de los primeros empleados de Xiaomi ya eran ricos, incluido Lei, que amasó su primera fortuna al frente del desarrollador de software Kingsoft Corp. y con inversiones en startups chinas. Pero en esa época muchos miembros del personal tuvieron que esforzarse para reunir el dinero para participar. Li y otros preferían invertir en una iniciativa que conocían en lugar de en la incierta bolsa de valores. Ahora Li podría ganar de entre 10 millones de dólares a 20 millones de dólares, según sea el valor de la OPI de Xiaomi.

Fue la empleada N° 14, una recepcionista que ahora trabaja en la oficina de recursos humanos de Xiaomi, quien aportó su dote de unos 100.000 a 200.000 yuanes (16.000 a 31.000 dólares). Esa participación podría valer entre 1 millón y 8 millones de dólares.

Después de la primera ola de interés, Lei decidió poner un techo de alrededor de 300.000 yuanes a cada una de las inversiones de los empleados comunes para limitar el riesgo y evitar que los empleados tomaran préstamos para invertir. “El interés era abrumador pero tuvimos que ponerle un límite porque nos preocupaba que, si todos aportaban demasiado dinero, sería muy malo si la compañía fracasaba”, dijo el cofundador Li Wanqiang en una entrevista de marzo.

Shelly Banjo y Gao Yuan para Bloomberg

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