Vodafone

El sector de las telecomunicaciones vive un momento de estrecheces. Después de recuperarse de una crisis económica y financiera, ahora los operadores se enfrentan a una extrema competencia y un regulador europeo que lo fomenta. Ante este contexto, Vodafone da síntomas de agotamiento y ya especula con la venta de activos. Las torres serán los primero.

Tras los resultados financieros de Telefónica y Orange, era el turno de Vodafone. Con el ciclo fiscal cambiado, el operador rojo ha rendido cuentas esta semana de su primer semestre (abril-septiembre) con datos que no invitan al optimismo. Los ingresos se elevan hasta los 2.421 millones de euros, el peor registro de los últimos cuatro años. 2017 (2.512 M€); 2016 (2.496 M€); 2015 (2.489 M€).

Además, a nivel de grupo ha habido que hacer un ajuste contable por el deterioro de la actividad comercial prevista. Desde la compañía restan importancia a la situación, explicando que se trata de “apuntes en los libros”.

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¿Los problemas? Poniendo el foco en la pelota, parece que todo deriva del fútbol. Mejor dicho, de la no entrada de Vodafone por el aro de Telefónica en la recompra de derechos. Esto ha llevado a la compañía a perder más de 98.000 clientes de televisión en su primer semestre. Pero quizá hay que ir más allá para comprender que el actual problema de la compañía dirigida en España por Antonio Coimbra es una falta de confianza.

A septiembre de 2017 la compañía contaba con 3,28 millones de clientes de banda ancha. Según los datos reportados en la misma fecha de 2018, la cantidad es de 3,22 millones. Lo cual de demuestra una preocupante parálisis en el core de su negocio: la conectividad de internet. Además, hay que tener en cuenta que Vodafone se ha desligado por completo del negocio mayorista, por lo que a nivel móvil, por ejemplo, no tiene a otros operadores como clientes, por lo que se trata de una línea menos de negocio.

VODAFONE Y LAS VENTAS

Con este panorama, es decir, la incapacidad de sumar nuevos clientes de valor añadido a la compañía, llega el turno de la desinversión. Esto, sumado a los apuntes contables del grupo, dejan en evidencia los temores que ahora mismo recorren las plantas nobles de Vodafone, sobre todo en Reino Unido.

El primer paso ha sido crear una empresa virtual, así la llaman, que agrupe los activos de torres que tiene el grupo repartidos por Europa. Por ejemplo, España sumará a esta virtualidad más de 9.000 emplazamientos, de los 18.000 que existen en nuestro país. El mapa de lo que cada uno suma queda así:

Desde la compañía en España aseguran que no se trata de una paquetización para vender, sino que intentarán explotar con partners colaboraciones conjuntas. Aunque durante los próximos meses llevarán a cabo las debidas due diligence para tasar esos activos y ponerlos un valor. Pero incluso con esa afirmación, siguen asegurando que no hay en mente la venta.

Ante esta situación, los analistas de Bloomberg advierten que todos estos movimientos irían encaminados para agilizar la reducción de costes que prevé la compañía con “una disposición clara para la venta de activos“. Asimismo, fuentes del mercado aseguran que se trata de activos muy valiosos y que, más de una compañía, podría estar interesada de forma muy gusta en hacerse con ellos.

No obstante, el grupo de analistas no se atreve a cuadrar el círculo, y simplemente explica que la compañía debe mandar un mensaje cuanto antes sobre su flujo efectivo de caja, teniendo en cuenta que la competencia abierta en el mercado europeo puede seguir dañando los márgenes. Algo, por otra parte, en lo que coinciden todos los operadores: que la excesiva competencia no deja espacio para la inversión.

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