Sólo quedar uno: los tres nombres para liderar el PP.
Soraya Sáenz de Santamaría, Pablo Casado y María Dolores de Cospedal, en el Congreso de los Diputados.

En la última batalla incruenta en el camino al Congreso del cambio del Partido Popular dos ideas conscientes o inconscientes están en la cabeza de cualquier compromisario, la unión del partido y la fuerza que debe redoblar para sacar al usurpador de la Moncloa. Que no se dude, todos quieren un PP que gane a la izquierda. Los partidarios de Casado saben muy bien que el adversario no es Soraya, es Pedro Sánchez.

Es curioso, de todas maneras, que todos los medios de izquierdas apoyen a Soraya. La Sexta, la Cuatro, El País, la Ser, Público…Habría que preguntarse si no se dan cuenta los compromisario lo que presupone que ellos piensen que sostener a Soraya es reforzarse a sí mismos y a Sánchez. Estos medios abren una brecha dentro del Partido Popular que dificultaría el necesario reencuentro del día 22. Soraya tiene unos aliados mediáticos totalmente tóxicos y el comportamiento que mantuvieron durante el mandato del Presidente Rajoy ha sido extraño, incógnito, segregador, sectario dependiendo contra quién y alejado de toda objetividad profesional. Estos periódicos y cadenas suponen un corte de digestión política al afiliado, al compromisario. Un rechazo inteligible, fácil de captar.

Es evidente de toda evidencia que quien garantiza la unidad del PP es Casado. Ya ha conseguido la reunificación en su candidatura de todos los candidatos menos Soraya, dos de cada tres afiliados se quieren reconocer en él. Los alrededores cercanos de Casado son gente clara, transparente, personas muy capaces de dirigir un partido sin rencores, sin revanchas, recogiendo a los perdedores en el partido de todos, en el proyecto común. Eso el afiliado lo sabe. Esa es una gran ventaja de Pablo sobre su oponente. Pablo Casado garantiza la unidad de la organización en torno a los valores que los populares defendieron siempre. Creo con sinceridad que su oponente no puede ofrecer lo mismo.

La fuerza. La fuerza necesaria de forma imperiosa. La fuerza que necesita el centroderecha para reunificarse en una opción que vuelva a cosechar los once millones de votos a los que el centro y la derecha unidos ha llegado en las ocasiones en que el PP fue el referente, la lancha de salvamento de la sociedad española para salir de sus peores momentos. También en ello Casado saca una enorme ventaja. Soraya es percibida como más de lo mismo. Los electores que han emigrado a Ciudadanos no volverían con Soraya. No digamos los de Vox, que destacarían sus posiciones mucho más cercanas a la izquierda para sustraer más votos al PP. Creo que el Partido Popular perdería por los dos lados con ella al frente. El enfado, a veces muy injusto, de antiguos votantes del PP se podría reforzar con Soraya a la cabeza. Ella no genera las emociones que permitirían a los populares recobrar lo perdido. A lo sumo administraría la decadencia.

Pablo sí. Pablo si genera una atmósfera de recuperación. Por su claridad ideológica, su pasión por la libertad es magnética, por su oratoria ágil, eléctrica, por su insultante y envidiable juventud que le mantiene una energía imprescindible para los momentos duros, de momentos duros saben mucho en el PP, por el brillo natural de su personalidad. Y porque, ya lo he dicho otras veces, tiene algo de kennedyano, algo que le hace simpático antes de escucharle y por ello le escuchas y no solo le oyes. Casado estira los brazos a los dos lados y reclama a los votantes de Ciudadanos y reconduce a los que han tenido o tienen la tentación de votar a nuestra derecha o a nuestra supuesta izquierda. La reconstitución del PP pasa por Pablo. Pocos lo dudan.

Comentarios