Telefónica

Este 2018 es un año muy importante para las empresas que mueven grandes cantidades de datos personales. Entra en vigor una nueva regulación sobre protección de datos a nivel europeo, y todos están alerta. Algunos, como es el caso de Telefónica, deben poner doble precaución, puesto que una de sus propuestas estrellas se fundamentan -precisamente- en los datos de sus clientes. Y tener algún despiste puede salir muy caro.

¿Pero qué se juega Telefónica y por qué? El pasado mes de febrero, en el marco del Mobile World Concress de Barcelona, el operador azul avanzó más información sobre su cuarta plataforma. En concreto, matizó que Aura, el servicio que iba para estrella, será un asistente de voz que –por ahora– tendrá unas funciones muy limitadas.

Por otra parte, el gran potencial de la cuarta plataforma reside en su capacidad de desarrollar la inteligencia cognitiva; es decir, predecir, bien para Aura u otros servicios, lo que va a hacer el cliente. Todo ello gracias a la recopilación y agregación de datos. Unos datos de los que Telefónica, sin querer reconocerlo formalmente, terminará haciendo negocio con ellos, siempre con el consentimiento de los propios usuarios.

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De hecho, hace un año, cuando en el operador hablaron por primera vez del asunto, dejaban claro que el cliente podría mover sus datos e, incluso, hacer negocio con ellos a través de Telefónica traspasando su “vida digital” a otra empresa que pagase por ellos. ¿Pero qué sucede si hay cualquier percance?

Telefónica se juega mucho

Falta poco para que se cumpla un año del ataque informático WannaCry, que entre otras grandes empresas afectó a Telefónica. No hubo que lamentar fugas de datos o problemas mayores, sobre todo porque era un ataque a las propias compañías. Por este motivo las empresas no quieren que pase nada parecido, y menos cuando el nuevo reglamento sobre protección de datos está a la vista.

En concreto, Telefónica hace una mención expresa en su informe corporativo que acompaña a los resultados anuales, en los que alude a dicha normativa. Y es que, en Europa, el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), de 27 de abril de 2016, será directamente aplicable a todos los Estados Miembros a partir del 25 de mayo de 2018.

Y, lo que más debe preocupar a todas las empresas que mueven datos de forma masiva, el 10 de enero de 2017, la CE presentó su propuesta de reglamento sobre la protección de datos de comunicaciones electrónicas (e-Privacy), que sustituirá a la actual Directiva 2002/58/CE. Esta propuesta de la CE implica un nivel regulatorio adicional por encima del RGPD y también introduce multas administrativas de hasta un 4% del volumen de negocios global anual de una empresa por incumplimiento del nuevo reglamento.

Atendiendo a las ventas llevadas a cabo por el operador en el pasado ejercicio, más de 52.000 millones de euros, el resultado de esa sanción podría llegar hasta los 2.080 millones.

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Por ese motivo, Telefónica se queja asumiendo que “una estricta regulación en materia de protección de datos y privacidad puede resultar en una limitación en la capacidad de ofrecer servicios digitales innovadores tales como los servicios de Big Data”. Aunque la compañía presidida por José María Álvarez-Pallete puede consolarse con algo que, precisamente, el propio directivo ha criticado recientemente: la asimetría en la regulación con los gigantes tecnológicos de USA.

Una normativa dura para todos

Y es que el 92 % de los europeos afirman que es importante que sus correos electrónicos y mensajes en línea mantengan la confidencialidad. Sin embargo, la actual Directiva sobre la privacidad y las comunicaciones electrónicas se aplica únicamente a los operadores de telecomunicaciones tradicionales.

En adelante, las normas de privacidad también tendrán por objeto los nuevos proveedores de servicios de comunicaciones electrónicas, como WhatsApp, Facebook Messenger, Skype, Gmail, iMessage o Viber.

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Según estima la e-Privacy, “para garantizar la protección jurídica efectiva del respeto de la privacidad y las comunicaciones, es preciso ampliar el ámbito de aplicación a los proveedores de servicios OTT. Aunque varios proveedores populares de servicios OTT cumplan ya total o parcialmente el principio de confidencialidad de las comunicaciones, la autorregulación por parte del sector no basta para garantizar la protección de los derechos fundamentales”.

Asimismo, añaden, cobra cada vez mayor importancia la protección efectiva de la privacidad de los equipos terminales, que actualmente son indispensables en la vida personal y profesional para el almacenamiento de información delicada.

Y así es el escenario de Telefónica en el que debe andarse con mucho ojo. Quizá sea el motivo por el cual Aura contextualizada dentro de la cuarta plataforma está llegando de forma tan lenta. No puede haber cabos sueltos, y menos ahora que también tiene como socios a estas empresas que, por fin, estarán bajo la lupa exhaustiva de la Unión Europea.