Rivera

Cuando el martes 3 de octubre la portavoz del PSOE en el Congreso, Margarita Robles, anunciaba que su grupo parlamentario iba a presentar una moción de reprobación contra la vicepresidenta del Gobierno por lo ocurrido con la policía durante la ornada del referéndum ilegal del domingo anterior, todas las alarmas saltaron en el PSOE. Y no sólo fuera de Ferraz, también dentro, ya que esto ni siquiera se había debatido en la Ejecutiva del lunes 2.

Hubo gente del entorno más próximo a Pedro Sánchez, como el secretario de Organización, José Luis Ábalos, que enseguida le llamó para decirle que era un error. No fue el único. Pero las mayores presiones vinieron de parte de muchos dirigentes socialistas, sobre todo de la llamada vieja guardia, que se llevaron las manos a la cabeza. Algunos de ellos firmaron una carta pidiéndole a Pedro Sánchez que centrara sus esfuerzos en hacer frente al desafío catalán.

Pero no sólo eso… Algunos de estos dirigentes le hicieron ver a Sánchez que si mantenía esa posición equidistante, dejaría a Mariano Rajoy en manos de Albert Rivera, que sería quien saldría fortalecido de toda esta situación. Y eso si lo entendió Sánchez quién desde la investidura fallida de 2016 viene alejándose cada vez más de las posiciones del líder de Ciudadanos, consciente de que le roba votos en su partido por el centro.

Rajoy

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Algo parecido le ocurre a Rajoy, que también sabe que Ciudadanos le roba votantes en el sector más moderado del PP, pero también entre quienes desde la derecha le reprochan su falta de firmeza frente al desafío secesionista. Así que, unidos por su necesidad de orillar a Rivera y evitar que saque rédito electoral de esta situación, Sánchez y Rajoy, Rajoy y Sánchez, se han puesto a trabajar juntos para responder al independentismo conjuntamente.

Eso explica que el PSOE primero retrasara y, después, haya retirado definitivamente la reprobación a la vicepresidenta. Del mismo modo que ayer Sánchez ofrecía un discurso diferente al de Iceta sobre el encarcelamiento de los jordis. Sánchez y Rajoy hablan todos los días, y a veces más de en una ocasión. Sin embargo, el que ha perdido canal de comunicación con Moncloa es Rivera, al que nadie lama para consultar, sino sólo para informar de los pasos que se dan.

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