El bloqueo de TV3 va camino de superar al que ha sufrido en los últimos meses TVE. La guerra subterránea entre Junts per Catalunya y ERC, que rompieron el pasado otoño un pacto de sangre firmado en 2015, está motivando la disputa. De un lado de la trinchera está Carles Puigdemont, que le ganó la partida electoral al “mártir” Oriol Junqueras y ahora pretende tutelar la renovación del Consejo de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA), agotada formalmente desde hace cinco meses. Y del otro ERC, que no se conforma con el botín de Catalunya Ràdio mientras su antiguo aliado, y hoy enemigo político, disfruta de la influyente televisión a su antojo.
A tal extremo ha llegado la disputa que el silente Sindicato de Periodistas de TV3 ha lamentado en público que se esté obstaculizando la renovación y ha pedido un pacto transversal para que se desbloquee la situación. Se lamentan además sobre el citado reparto: “No puede ser que sea un secreto a voces que los partidos del Govern mercadeen con unos medios que son de toda la ciudadanía, que es la que los financia, y que desde hace años se había ido consiguiendo que se acercaran al modelo de independencia y profesionalidad que todas las fuerzas políticas afirman que defienden”. 

También explican que la moción sobre la renovación, aprobada por el Parlament en octubre de 2016, contempla que “los consejeros y el presidente sean elegidos por mayoría cualificada (que fuerza al consenso y por lo tanto favorece la independencia y la profesionalidad), a propuesta de más de tres grupos parlamentarios, y a través de un concurso público que también se haría para los principales cargos directivos”, dejando claro que la CUP y Catalunya en Comú deben estar de acuerdo con la renovación.

EL BLOQUEO
La renovación de seis consejeros se asumirá en septiembre y en el reparto de cromos entre los partidos políticos se esclarecerá si Puigdemont pretende retener TV3 y ERC “solo” se conforma con Catalunya Ràdio. Aun así desde la Generalitat parecen haber llegado a algunos acuerdos de mínimos en otros campos, como ha sido la inyección extraordinaria de 7,38 millones de euros a TV3 para compensar la caída publicitaria del 12% en el año del procés, 2017. El objetivo es, tal y como señaló la portavoz del Govern Elsa Artadi, no perjudicar a la programación de otoño de la cadena. 
EL OLVIDO
A tal extremo ha llegado la batalla que el influyente crítico televisivo Ferrán Monegal denunciaba en El Periódico de Catalunya que TV3 “ha diluido, o apenas recordado, el preso Oriol Junqueras, o su familia, mientras a otros les han dedicado cariñosos, continuos y naturalmente merecidos reportajes, con familiares incluidos”. Y añade: “Con Junqueras  han seguido la pauta Puigdemont: ni una llamada, ni una carta, desde que entró en prisión, según explicaron Évole y otros periodistas”.
LA MANIPULACIÓN
En la Corporación Pública existían buenas sensaciones en los últimos meses tras diluirse el fantasma del artículo 155 y tras dejar en parte atrás las pretensiones de Hacienda que hubiesen supuesto un agujero de 167 millones de euros. También las previsiones de mejora en la recaudación comercial para 2018 animaban a que TV3 cubriese algunas deficiencias de la última temporada. Pero el bloqueo político del nacionalismo catalán y las constantes críticas del unionismo español son los dos nubarrones que ensombrecen los medios catalanes públicos.
Muy llamativo es que TV3 haya silenciado la exclusiva de El Periódico sobre el cerebro de los atentados en Barcelona de agosto del año pasado, que el Consejo Audiovisual de Catalunya haya avalado con el voto de calidad de su presidente Roger Loppacher la labor de la cadena sobre una conversación del ex conseller de Hacienda Luis Salvadó (que buscaba una consellera de Enseñanza con “las tetas más gordas”), o que tardasen cuatro días en informar sobre el acoso que sufrió el juez Llarena en un restaurante de Mont-Ras.
RESPETO
También llaman la atención la ligereza sobre la que se refieren a Juan Carlos I, sobre el que dice Pilar Rahola que “le pagamos los polvos”, comparada con el respeto paternal que se tiene sobre la corrupción de los Pujol. O la interesada convocatoria de algunas tertulias de TV3 de elementos minoritarios de la extrema derecha madrileña, que con sus discursos xenófobos parecen dejar en un juego de niños los obscenos artículos del president Quim Torra. 
La intención es demostrar que el rival, Madrid, es más radical que los líderes del procés, que no esconden que TV3 es una maquinaria imprescindible del proyecto soberanista y que dejó la pluralidad atrás porque era el único instrumento mediático válido para compensar la supuesta guerra sucia del papel madrileño en connivencia con el Ministerio del Interior español.
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