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“La consolidación del sistema financiero español ha supuesto el cierre de oficinas bancarias, un proceso que puede ser atribuido a la necesidad de ajustar la capacidad y reducir los costes tras la fuerte expansión experimentada en años anteriores”, afirman Concha Jiménez Gonzalo y Helena Tejero Sala, directora general de Efectivo y Sucursales, y directora del departamento de Emisión y Caja, respectivamente, del Banco de España. Un fenómeno que ha tenido como ‘protagonista’ principal a los pueblos.

¿Consecuencia? Muchos ciudadanos no tienen acceso al efectivo. Toda una tragedia si tenemos en cuenta que el 53% de la población prefiere pagar con dinero contante y sonante según un estudio del Banco Central Europeo (BCE).

De los 8.124 municipios que existen en España, prácticamente la mitad de ellos carecen de una oficina bancaria

Se trata de un fenómeno que ha venido agrandándose desde los inicios de la crisis, allá por 2008, y que ha desembocado en el cierre de 17.873 oficinas. ¿Cuántas han sobrevivido? 27.706, es decir, que hoy hay un 39% menos que en 2008. Bancos y cajas de ahorro son los que más han sufrido este descenso, mientras que las cooperativas de crédito se mantienen en el mismo nivel. A pesar de este descenso, España sigue siendo uno de los países con mayor número de oficinas por habitante.

LOS PUEBLOS MÁS AFECTADOS

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en España existen 8.124 municipios. Pues bien, la mitad de ellos, concretamente 4.109, carecen de una oficina bancaria. Dicho de otra manera, el 2,7% de la población carece de este servicio. ¿Los peor parados? Los habitantes de Castilla y León.

Para evitar este ‘agujero negro’, las entidades suelen utilizar los denominados como oficinas móviles y cajeros automáticos desplazados. “El cierre de oficinas no ha afectado de forma lineal a la población española, ya que ha sido más acusado en municipios de más de 10.000 habitantes, donde la concentración de sucursales y cajeros era inicialmente mayor. En concreto, estos municipios cuentan con 15.043 oficinas menos en el período analizado”, apuntan Concha Jiménez y Helena Tejero.

Por lo que respecta a los municipios más pequeños, la causa del cierre ha sido la pérdida de habitantes en zonas rurales, mientras que en las ciudades de mediano y gran tamaño el ‘culpable’ ha sido su número, elevado para las nuevas necesidades, debido sobre todo a la duplicidad ocasionada por la integración llevada a cabo por el sector.

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Aunque Andalucía ha sufrido la mayor merma (36% entre 2008 y 2017), según el BdE, sigue siendo la que mayor número de entidades de depósito tiene (un 16% del total). Cataluña ha sufrido una reducción del 51%, Madrid del 42%, y la Comunidad Valenciana del 45%, aunque siguen concentrando el 37% del total. En otras regiones como Cantabria, La Rioja o Asturias, el tijeretazo ha afectado a una de cada tres oficinas, pero sólo disponen de entre el 1% y el 2% de las sucursales.

Pero no sólo en las ventanillas de las oficinas bancarias se puede obtener el dinero. Los cajeros automáticos también son un ‘arma’ ampliamente utilizada a pesar de que su número asimismo ha disminuido durante los últimos años: de 61.714 en 2008, a 50.839 en 2017 (un 17,6% menos). Y es que el cierre de una oficina llevaba aparejado el cierre del correspondiente cajero que estaba adosado a su pared. ¿Consecuencia? El número de puntos de obtención de efectivo a través de las ventanillas bancarias de atención al público o a través de los cajeros automáticos ha pasado de 107.293, en 2008, a 78.545, en 2017, según el BdE.