En #0 de Movistar hemos podido disfrutar esta primavera durante cuatro semanas de un selecto y cuidado repaso de los espacios televisivos musicales a través de ‘Pop, una historia de música y TV’. Prácticamente todos los testimonios que contiene este elaborado espacio tenían en común una protesta: en televisión ya no hay ventanas para que los artistas puedan exponer su música en directo.

De hecho ‘Sálvame’, que tiene al final de su espacio una ventana musical, lo hace arrendando esta sección a una discográfica. Por desgracia, el programa de Jorge Javier Vázquez es uno de los pocos platós donde todavía suena música de verdad. Lejos quedan los tiempos donde los cantantes tenían sus púlpitos: del ‘Escala en hi-fi’ sesentero a los programas de José María Íñigo en los setenta, pasando por ‘La edad de oro’ con olor a Movida madrileña, sin olvidarnos de ‘Música sí’, ya con excesivos intereses comerciales de las discográficas y un alarmante exceso de play-back. Las últimas propuestas comprometidas musicales han sido ‘Un lugar llamado mundo’, emitido en el Plus gracias a un patrocinio de una famosa marca cervecera, y ‘No disparen al pianista’, de TVE. Pero tal y como señalaba un productor en ‘Pop, “el pianista ha muerto”. Y todavía no sabemos por qué.

Llama la atención el contraste entre este género en la pequeña pantalla y el creciente fenómeno de los festivales, quizás con riesgo de burbuja por saturación y exceso. Este fin de semana Aranda del Duero se volcaba para celebrar el veinte aniversario del Sonorama, con olor a peligrosa masificación al igual que compañeros de viaje como el Low Festival o el Arenal Sound. Esta es una tarea que tendrán que arreglar sus responsables, pero es difícilmente comprensible que grupos que llenan plazas de toros, polideportivos o grandes escenarios como Lori Meyers, Izal, Vetusta Morla o Supersubmarina solo tengan como escaparate fuera de internet a ‘Los conciertos de Radio 3’, aptos exclusivamente para noctámbulos.

El secarral catódico en el campo musical se ha visto interrumpido por loables formatos como el experimental ‘Mapa sonoro’ o ‘Cachitos de hierro y cromo’, muy didácticos pero incapaces de servir a la promoción de las nuevas creaciones culturales, obligación que tiene RTVE porque el servicio público es su único sentido de existencia. Hace dos temporadas en TVE anunciaron que se preparaba un nuevo espacio musical del que todavía no tenemos existencia. Lo que sí está claro es que La 1 de TVE ofrecerá en la temporada otoñal y en prime-time una nueva remesa de “triunfitos”, “fracasitos” si la nave no llega a buen puerto.

TVE prepara una nueva edición de ‘Operación Triunfo’ sin ser capaz de crear una ventana para la música en directo

Pese al oasis, multitud de grupos han superado este lastre y se han consolidado profesionalmente en los márgenes de la industria musical, hecho que evidencia que la televisión dejó hace años de ser un guardabarreras imprescindible por el cual todos los hits que sonaban en todos los bares y discotecas tenían que pasar por el horario de máxima audiencia de la caja tonta. Internet sin embargo se ha convertido en un gran aliado para la música independiente, industria que aprovecha sus directos en Youtube y sus miles de seguidores en las redes sociales para crear comunidades alternativas al mainstream y al reggaeton.

Cierto es que las radiofórmulas musicales han dejado en los últimos años de tener el racismo de antaño con la música indie, que ya se puede sintonizar a cuentagotas en las radios más punteras, incluida Los 40 Principales. También es cierto que en todos los campos culturales se da cierto adanismo de algunos fans talibanes, molestos por la creciente fama de un grupo minoritario que en su día apoyaron. Ya saben, la cultura y el postureo…

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