Palacio de Congresos

Pasan las semanas, y cada día queda más claro que el conchaveo entre instituciones para la entrega a dedo del Palacio de Congresos de la Castellana a dedo a Ifema es una auténtica chapuza que hará correr ríos de tinta en el futuro.

El que peor parado sale en la foto de las últimas semanas es el ministro Energía, Turismo y Agenda Digital de España, Alvaro Nadal. Todo un papelón el suyo.

Hace semanas en MERCA2 denunciamos la situación absurda de un Palacio de Congresos que ha vivido una historia ridícula y peculiar, que debería avergonzar a todas las instituciones involucradas. Diseñado en 1980, la mitad del edificio ha permanecido cerrado desde un incendio en 1995, que derrumbó uno de los dos auditorios. Sí, en 23 años nuestros gestores públicos no han sido capaces de ponerse de acuerdo y arreglar el auditorio que destrozó el fuego para abrirlo al público. En 2012 tras los incidentes del Madrid Arena se cerró el resto del edificio por incumplir la normativa municipal. El objetivo era arreglarlo y abrirlo de nuevo “dentro de tres meses”. La ineptitud de nuestros gestores ha hecho que 3 meses se conviertan en 6 años. Y sumando. Posiblemente estemos cerca de una década con esta infraestructura cerrada.

Cuando parece que ya el vodevil no pudiera dar un nuevo giro, vemos que la estupidez humana no tiene límites y en esta santa ciudad nuestros dirigentes muestran una ineptitud sin precedentes.

El pasado 18 de enero, el ministro Nadal anunciaba a bombo y platillo que “Ifema gestionará durante 50 años el Palacio de Congresos de Madrid”. Además, señaló que será sede de la Organización Mundial del Turismo de la ONU. Desde el primer momento desde MERCA2 nos interesamos en conocer las condiciones del acuerdo que se había firmado. Fue imposible porque, pese a varios intentos, no logramos que, desde el ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital de España, nos respondieran. En todo momento dieron la callada por respuesta.

El Ministro Nadal (¡crack!) ganó su cachito de protagonismo en Fitur en base a anunciar algo, que ni está cerrado ni está firmado ni a día de hoy existe

El acuerdo presentado en público, incluía una teórica inversión de 50 millones de euros para reformar el Palacio de Congresos. Está inversión la pagaría Ifema (sociedad mixta, participada entre otros por Comunidad y Ayuntamiento de Madrid), a cambio recibirá la concesión de la infraestructura por 50 años.

Cuando un ministro, al que se le presupone serio, hace un anuncio, y se hace acompañar por la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, y por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, hay que esperar que lo que anuncie sea cierto, real, veraz y esté bien atado. En este caso el surrealismo es máximo, ya que semanas después no hay un convenio firmado y el anuncio parece responder más a una campaña de lavado de imagen, y a la necesidad de una foto en Fitur, por parte de un ministro desgastado por numerosos frentes abiertos.

El pasado 26 de febrero, Luis Cueto, coordinador General de la Alcaldía de Madrid y vicepresidente de Ifema, declaraba en el pleno del ayuntamiento de Madrid que “están ahora negociando los servicios jurídicos de Ifema, el Ministerio de hacienda, y Turespaña -dependiente del ministerio de Turismo- los términos de la concesión”. Si ahora están negociando, y no está cerrado ni firmado, ¿qué es lo que nos anunciaron a bombo y platillo hace semanas? ¿Qué habían tomado un café? ¿Qué pese a no estar negociado, iba a ser así en cualquier caso? Es una tomadura de pelo.

¿Tanta es la ridícula necesidad de fotos de nuestros dirigentes públicos, que anuncian cosas que, a día de hoy, son meras intenciones políticas y no están cerradas? ¿Tiene sentido convocar en Fitur a los medios para anunciar un acuerdo que ni existe, ni tiene cerradas sus condiciones, ni nadie conoce? Puro esperpento que no hace sino señalar la mediocridad de los que en él participan, que encima ensalzan el sainete como ejemplo de colaboración entre instituciones de distinto color político.

Cuando las administraciones adjudican a dedo a Ifema esta infraestructura, es un poco como quedársela ellos mismos, y no es necesariamente lo mejor para la ciudad. Puede que la la ley les ampare, ya que al ser Ifema un ente participado mayoritariamente por las instituciones puede ser entregado a dedo por medio de un acuerdo político, sin  concurso público. Que sea legal no quiere decir que sea bueno para los madrileños ni que sea ético, ya que Ifema se convertiría en un monopolio de ferias y Congresos en la capital de España. Gestionaría las 3 grandes infraestructuras, aun pendientes de la posible ampliación de los recintos feriales.

Palacio Congresos IFEMAPor supuesto que Ifema en cierta manera somos todos, pero la competencia, pilar fundamental de una economía liberalizada, no existiría.

Crear monopolios en el siglo XXI es surrealista, un absurdo. Mención aparte en esta cutre sucesión de acontecimientos tiene el papel de la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia (CNMC) presidida por el amigo José María Marín Quemada, alias Superlópez. Emiten informes y se preocupan por cosas absurdas, mi favorita es el retraso en la entrega del 0,33% de las cartas por parte de Correos, pero cuando se genera un monopolio de facto delante de sus narices, que ataca la libre competencia los próximos 50 años, ni están ni se les espera.

La nueva gestión del Palacio de Congresos: ¿Buena noticia para Madrid?

En mi opinión no lo es. Y eso es así por un tema de competencia. Recaer todo el peso de la atracción de ferias y congresos en una única institución no tiene sentido alguno y nos hipoteca.

En los últimos años con Ifema hemos tenido una buena noticia, se ha despolitizado bastante bajo la presidencia de Clemente González Soler. Eso desde luego es una buena noticia para todos, aunque queda mucho por hacer. Pero no es ni de lejos una razón para no recelar que una única institución, sea la que sea, mantenga el monopolio de las tres infraestructuras de ferias y congresos de la ciudad: Parque Ferial, Palacio Municipal de Congresos de Campo de las Naciones, y Palacio de Congresos de Castellana.

No tiene sentido entregar una concesión así a dedo, en un conchaveo entre administraciones durante 50 años, negando la oportunidad a las principales empresas privadas de acudir a un concurso público. Los madrileños tenemos que exigir que a nuestra ciudad vengan los mejores. Tal vez algunas de esas empresas, primeros espadas del sector a nivel mundial, podrían traer nuevos congresos a los que no estamos llegando en la actualidad y que son vitales para revitalizar la posición de Madrid a nivel mundial. Vitales para el turismo y el comercio, además.

Es surrealista, sin que todo esto esté 100% cerrado y firmado, anunciarlo a bombo y platillo en Fitur, como si estuviera hecho, simplemente por aparecer en la foto.
No tiene sentido no escuchar ni valorar la propuesta de al menos 2 empresas internacionales, francesa y americana, que han mostrado interés por la infraestructura y hoy huyen despavoridas pensando que el libre mercado y la competencia son una quimera en este país.

Es ridículo que el ministro Nadal, que va generando incendios allá por donde camina, presente un acuerdo que no está cerrado y firmado, cuando lo único que hay es, si acaso, un acuerdo político entre administraciones para repartirse la tarta.

Nadal-Carmena-CifuentesNo tiene sentido que, desde la patronal madrileña, CEIM, por mucho que su Vicepresidente, Clemente González Soler hoy presida Ifema, se apoye un acuerdo político que limita la libre competencia empresarial, e hipoteca el turismo de congresos los próximos 50 años. Esa competencia debiera ser uno de los pilares sobre los que se construye la institución empresarial madrileña.

En pleno siglo XXI, cuando para la compra de papel higiénico hay que hacer un concurso público, es absurdo y no tiene razón de ser, que las administraciones puedan hipotecar el patrimonio de los madrileños durante el próximo medio siglo, sin concurso internacional que determine el mejor operador, no sólo por criterios económicos, sino técnicos para el futuro de la ciudad. Si esto crea un monopolio en manos de Ifema, que atenta contra la competencia, que no funciona y termina con un deterioro de las posibilidades de la ciudad en el mercado de ferias y congresos, ¿Quién va a ser responsable? ¿Cómo se va a revertir una situación firmada para los próximos 50 años?

La eterna duda que queda al final de esta historia es conocer si estamos ante un caso de ineptitud propio del Principio de Peter, o muy al contrario, no es que sean inútiles, es que son muy listos.

Comentarios