economía
Luis de Guindos y Elena Salgado. Foto: Gtres

Durante las dos últimas décadas, seis han sido los ministros de Economía que han llevado las riendas de la economía española: Rodrigo Rato, Pedro Solbes, Elena Salgado, Luis de Guindos, Román Escolano y Nadia Calviño. Aunque la cifra podría rebajarse en uno, ya que el paso de Román Escolano fue más que breve. Si los situáramos en una hipotética alfombra roja, y Penélope Cruz abriera el sobre para gritar el nombre del peor de todos ellos, el elegido sería…

En este hipotético caso, los encargados de votar la labor de cada uno tendrían muy claro que todos ellos han sido incapaces de reducir la economía sumergida. Tampoco han logrado frenar que la clase media siga pagando mayores impuestos. ¿El último ejemplo? La subida del diésel, el coche más comprado por dicha clase media, que verá como cada vez que vaya al surtidor, le saldrá más caro.

Casos concretos aparte, para dar nota a Rato, Solbes, Salgado, Guindos, Escolano y Calviño, hay que revisar la situación del entorno económico que les tocó vivir. Por orden cronológico, Rodrigo Rato tomó posesión cuando la economía estaba en una fase ascendente, herencia de Pedro Solbes.

La economía llegó al Everest del 5,3% de crecimiento (año 2000), pero comenzó el descenso por la desaceleración europea, para volver a tomar aire (2004). Rato definió varias medidas liberalizadoras, y apostó por una serie de reformas estructurales, además de cumplir escrupulosamente con el Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

Rodrigo Rato. Foto: Gtres

La reforma del seguro de desempleo (2002) le supuso una huelga general. También ‘impulsó’ el desarrollo de la construcción y ’miró para otro lado’ al endeudamiento de las familias. Eso se tradujo en más consumo y crecimiento, pero también supuso desequilibrio exterior, desajustes sociales y fomento de la burbuja inmobiliaria. No supo frenar lo que vendría después.

Y después quien vino, otra vez, fue Pedro Solbes. Su política se resume en una frase dicha por él: “Si algo funciona, mejor no tocarlo”. Y eso fue lo que hizo. Lo que sí llevo a cabo fue un cambio para mal: no solo los inversores de deuda pública procedentes de paraísos fiscales no debían tributar, sino que además tampoco se les iba a exigir la obligación de estar identificados. Punto negativo.

En su mandato, que acabó con un crecimiento del PIB del 3,8% (2007), empeoraron la inflación y el déficit exterior, los salarios subieron por encima de la media europea, y las administraciones públicas acabaron con superávit. Cuando asió la cartera, se había propuesto fomentar la productividad, la competitividad y reducir la temporalidad laboral. Inasumible e irrealizable.

También presentó un Plan de Dinamización de la Economía (cien medidas que, la más famosa, fue el cheque bebé), una reforma del mercado de trabajo, la reforma fiscal y otra relativa al fomento empresarial. Fue cesado en 2009, cuando el tsunami de la crisis llamaba a España. Tanto Rato como Solbes no supieron poner freno a los elementos malignos que rodeaban a la economía.

LA CRISIS AZOTA A LA ECONOMÍA ESPAÑOLA

Del cielo a los infiernos. Tras casi tres lustros en positivo, en 2008 la economía se quedó en un crecimiento del 1,2% para sucumbir al año siguiente (-3,6%). En 2010 fue del -0,15 y en 2011, del 0,3%. ¿Se acuerdan de los brotes verdes? Elena Salgado fue su artífice, aunque no le quedó otra que bajar la cabeza ante las presiones europeas y aumentar el IVA.

Mientras sustentó el bastón del mando del ministerio, Salgado vio como el déficit del presupuesto se acercó al 10% del PIB, pero también logró frenar el paro en 2009. ¿Recuerdan el famoso Plan E? Un espejismo ya que, al final de su paso por Economía, hubo menos PIB, más paro, mayor endeudamiento público y déficits estructurales. Quienes quizás más la tengan en su memoria sean los funcionarios, ya que redujo su sueldo.

Pedro Solbes y Nadia Calviño. Foto: Gtres.

Con este panorama, Luis de Guindos llegó al ministerio en 2011. O reformas estructurales, o el caos. Reformó el sistema bancario y evitó otro tipo de rescates. Aunque hay quien afirma que fue Bruselas quien la conminó a hacer lo que hizo. A partir de 2013, la economía volvió otra vez a respirar ayudada por la caída del precio del petróleo y la depreciación del euro.

Los inversores extranjeros volvieron a confiar en la economía española y se redujo el coste de financiación (la prima de riesgo llegó a ser tan famosa como Messi o Cristiano). Pero el crecimiento siguió siendo modesto, como la creación de empleo, y el endeudamiento público siguió engordando. La política de salarios bajos, para ser más competitivos, incrementó la desigualdad entre las clases medias y las retribuciones de los directivos.

¿Qué decir de Román Escolano? Pues que llegó, vio y se marchó. Escasos tres meses no dan de sí para definir una candidatura al Oscar. Por último, Nadia Calviño, titular de la cartera desde el pasado 7 de junio. De momento, la Comisión Europea, el organismo europeo donde la ‘fichó’ Pedro Sánchez, no se cree las cuentas que ha presentado.

Bankia

Bankia confía en una sentencia no retroactiva del Supremo

Bankia piensa que han cumplido la ley en vigor en todo momento por lo que no deberían derivarse consecuencias retroactivas en la decisión del Tribunal Supremo.

Expertos economistas las han calificado como carentes de credibilidad y que no fomentan el crecimiento. También que la partida de ingresos es demasiado optimista (lo estimado para el impuesto digital, por transacciones financieras y sociedades está inflado, indican).

Con estos mimbres, y viendo lo hecho y ‘desecho’ por cada uno de ellos, las urnas para votar por el peor ministro de Economía (Rato, Solbes, Salgado, Guindos o Calviño están abiertas. ¿Cuál es su voto?

Comentarios