ola de calor

Julio y agosto soluciona cualquier problema político. Por norma general lo duerme hasta el otoño. Y es que, por mucho que las redes sociales ardan, la realidad es que bastante gente está alejada de su rutina. Sin embargo, los que siguen en esa monotonía diaria se van a encontrar con un problema los próximos meses: su factura de la luz.

La ola de calor de estos días ha provocado, para quien disponga de ello, un uso excesivo del aire acondicionado. Eso provocará -lógicamente- un incremento en la factura de la luz. Mayor demanda, momento ideal para que la oferta tenga unos precios más elevados. Si a eso sumamos el caos regulatorio, político y técnico que supone fijar los precios de la electricidad, el resultado final de la ecuación energética empieza a ser muy preocupante.

Al inicio de año, cuando la cartera de Energía estaba ocupada por el exministro Álvaro Nadal, se lanzó una y mil veces el mensaje de que este año bajarían los precios de la luz. Pero nada de eso ha pasado. La cuestión es que la nueva ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, todavía no se ha mojado sobre el asunto. Un movimiento inteligente, quizá, porque la única certeza es que con ola de calor o sin ella; con más lluvia, menos aire, más sol; las nucleares funcionando a medio rendimiento… o lo que sea: los precios de la electricidad subirán.

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Así, durante estos días se está rompiendo el récord del precio de mercado eléctrico de España y Portugal con 61,88 euros/MWh, los más altos de la década para un mes de julio. Los valores altos precedentes fueron en el 2008 con 68,19 euros/MWh y en el 2005 con 64,40 euros/MWh.

Bien es cierto que la subida de la electricidad en España ha ido pareja a la que registra el resto de Europa, pero eso no aliviará el bolsillo de miles de españoles que, sin estar en situación de poder acceder al bono social energético, sus nóminas son bastantes justas.

Y todo sin entender muy bien las causas, puesto que en el caso del mercado español, sorprende que la alta hidraulicidad en el año no haya contrarrestado esta evolución. Así, con reservas por encima de la media de los últimos años, sigue actuando como tecnología sombra a la hora de marcar precio, ya que se sitúa al lado de las térmicas. Al no necesitar de desembalsar por ser en verano, con escasez de lluvias, se juega con sus reservas embalsadas y ponen los precios a la altura de las térmicas.

Y SI… EL BONO SOCIAL FUERA UNA NECESIDAD GENÉRICA

Hace unos días la ministra de los asuntos energéticos ha asegurado en una entrevista a la agencia Efe que su ministerio activará una “campaña masiva” para facilitar que los potenciales beneficiarios se acojan al nuevo bono social, ya que el porcentaje actual es “ridículo”. La intención del Ministerio es facilitar “no sólo la comprensión de cómo acogerse al bono social sino el hecho mismo de acogerse” para que sea “muy sencillo para todo el mundo”.

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El objetivo, según Ribera, es que el nuevo sistema de bono social “pueda estar operativo al máximo en octubre”, con independencia de que se puedan ampliar los plazos. El plazo para acogerse al nuevo bono social se extendió precisamente hasta el próximo mes de octubre.

En este contexto, está muy bien que el Gobierno se preocupe por las rentas más bajas. ¿Pero qué sucede con esas personas que quedan exentas de acudir al bono social, aunque no tengan grandes ingresos? El recibo de la luz está en cuotas históricas, y absolutamente nadie ofrece soluciones.

Las peleas cabalgan en la reducción de emisiones, el aumento de producción de energías renovables, los costes de cerrar las nucleares y tantos temas que, en realidad, no preocupan a la ciudadanía aunque les termine afectando. Un ejemplo tiene que ver en la compra de capacidad para emitir CO2, otro de los factores que están influyendo en los precios de la luz. Algo muy ajeno a la ciudadanía, pero que cada vez que da al “on” en su mando del aire para mitigar los 40º corre a su contra en la factura.