Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, con Iñigo Urkullu, presidente vasco.

Metidos como estamos en el ojo del huracán del desafío independentista catalán, da la sensación de que en este país no se habla de otra cosa, ni existe nada más allá de lo que ocurra de aquí al próximo 1 de octubre e, incluso, después. Pero lo cierto es que al margen de lo de Cataluña, que sin duda es lo más grave que ha ocurrido en España desde el 23-F, hay otras cuestiones importantes que preocupan al Gobierno y que pueden condicionar la legislatura.

Y una de ellas son los Presupuestos Generales del Estado de 2018. Las cuentas del año que viene se tienen que aprobar el próximo mes de octubre para iniciar su tramitación primero en el Congreso, y después en el Senado. Para ello tienen que superar el debate de las enmiendas a la totalidad que necesitan mayoría absoluta para ser aprobadas. Hoy por hoy, si se mantiene el pacto que permitió aprobar los Presupuestos de 2017, eso no ocurriría.

Tanto el presupuesto de este año como el techo de gasto para 2018, salieron adelante con los votos de Ciudadanos, los dos partidos canarios y los cinco diputados del PNV. A cambio, el Gobierno renegoció el cupo y cedió a las exigencias de los nacionalistas vascos en materia de infraestructuras. Pero eso servía para esos dos casos concretos y, de hecho, este verano el PNV le dio un revés al Gobierno votando a favor de la comparecencia de Rajoy por el caso Gürtell.

El PNV

¿Significa eso que los nacionalistas vascos se han vuelto en contra del Gobierno? No necesariamente, pero desde luego la posición del Ejecutivo en el conflicto con Cataluña no está ayudando precisamente a suavizar al socio nacionalista vasco. El PNV está también a la espera de ver que ocurre en Cataluña antes de tomar una decisión definitiva sobre los Presupuestos de 2018, lo que pone en peligro la continuidad de la legislatura.

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Si finalmente los nacionalistas vascos, movidos por su simpatía hacia el movimiento secesionista catalán –aunque ellos no compartan la forma ni el fondo-, se sienten obligados a romper con el Gobierno, éste no podría sacar adelante los presupuestos de 2018, lo cual obligaría a Mariano Rajoy a adelantar las elecciones. Por supuesto, el Gobierno podría prorrogar los presupuestos de este año, pero no sería fácil mantener la legislatura con el conflicto catalán en llamas y sin presupuestos.

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