Movistar Apple

Un porcentaje altísimo de reclamaciones que reciben las asociaciones de consumidores tienen que ver con los servicios de telecomunicaciones. No es de extrañar y pocas me parecen. Al servicio, en ocasiones deficiente de los Movistar, Vodafone, Orange y los MásMóvil de turno, hay que añadir las reclamaciones a los fabricantes de terminales. Allí Samsung y Apple, por un tema de precio y posición de mercado, son los más habituales.

Compré mi primer iPhone hace muchos años. Aún lo conservo, pero a duras penas se enciende. Es un iPhone 3, con carcasa de plástico que está resquebrajada. Desde entonces he ido actualizando el producto, unas veces con ganas y otras con la sensación de que Apple tenía la cara muy dura y estaba siendo víctima de una estafa perfectamente organizada.

Cuando salió el iPhone 8 y el iPhone X me negué a actualizarlo. No hacía tanto que tenía mi actual iPhone 7 Plus, y el precio me pareció una tomadura de pelo a la que no estaba dispuesto. De hecho, fue entonces cuando empecé a pensar que era el momento de pasarme a un Samsung, aunque me parecía traumático por migrar todo cuando hace casi una década que uso iPhone.

Debo reconocer que he tenido suerte y no me han dado muchos problemas los teléfonos durante estos años, aunque no se ya cuánto dinero me he gastado en cambiar pantallas. Sin duda debe ser una pasta, pero eso es culpa mía.

Hace algunos días que, sin motivo aparente mi teléfono ha empezado a fallar, y es un problema incómodo. Cuando hablo por teléfono apenas oigo, aparentemente el altavoz del auricular está dañado. La verdad es que ha sido sorprendente porque no le ha entrado agua (lo más habitual cuando pasa algo así), ni se ha llevado ningún golpe que yo sepa.

Tras acudir a Apple a repararlo la primera sorpresa. Se niegan a repararlo en garantía. Aunque el terminal tiene menos de dos años, y así lo comprueban, me dicen que ellos sólo se hacen cargo del primer año. Que el segundo año debe ser el operador. En este caso Movistar. Por supuesto esto va contra la ley, pero a ellos les importa un bledo. ¡Si son Apple, los de la manzanita!

Apple es una empresa-nación, al igual que otras tecnológicas, generalmente americanas, que se cuentan con los dedos de una mano. Se saltan las leyes de los países en los que operan como les viene en gana. Para lo que les interesa tienen sede en España, en Luxemburgo o en Estados Unidos. Una auténtica tomadura de pelo de compañías que se creen que están sobre la ley. Y de hecho están en lo cierto. Lo están porque nadie toma medidas con sus abusos.

No es la primera vez que hablo del servicio técnico de Apple. Literalmente, y en Román Paladino, es una mieeeeeerda. No solucionan nada. Jamás lo hacen en el acto, tardan mucho y todo son problemas.

Una auténtica vergüenza y más aún cuando los productos, por otro lado, son fantásticos. No es la primera vez que me encuentro que tienen una buena excusa para no reparar algo en garantía. De hecho, tres problemas que he tenido en estos años, siempre en garantía y siempre se han negado por uno u otro motivo.

Después de discutir con el esforzado dependiente “ya se que la ley obliga dos años, pero Apple es así, son lentejas…” acudo por indicación del ciudadano a una tienda Movistar.

Les explico la situación. Veo que debe ser habitual que les derive Apple a los clientes y lo tienen asumido. Me dicen que ellos gestionarán la reparación. Sólo tengo que darles la factura de compra del teléfono. Flipo. El terminal fue un regalo de un amigo hace más de año y medio.

Lógicamente no tengo factura por ser un regalo, y año y medio no le llamaré a ver si él tiene. Aunque no fuera un regalo, después de tanto tiempo sería difícil tener la factura. Manda narices.

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Intento razonar con la dependienta de Movistar. Es tan surrealista como con el chico de Apple. A estos chicos de treintaytantos lo de solucionar cosas y la atención al cliente les importa un carajo. Estaban muy entretenidos con la tienda vacía como siempre, viendo vídeos de YouTube en un caso, y conectados a Facebook en el otro. Entonces entré por la puerta a tocar las narices.

Le explico a la chica de Movistar que no parece tener mucho sentido lo que pide. Es un regalo, no tengo factura y si en Apple, viendo el número de serie del terminal en el ordenador, saben que lo vendió Movistar hace año y medio y que sigue en garantía, no tiene sentido que ellos no puedan hacer la misma comprobación. Me mira mal. Me quiere despachar cuanto antes. Seguro que hay otro vídeo de gatitos esperándola en Youtube.

Salgo cabreado de la tienda. Llevo una hora paseando de un sitio a otro, perdiendo el tiempo. Me llaman, no oigo, la mierda del teléfono suena mal. Aun así, me cargo de moral, pienso que igual he dado con la clásica dependienta de Movistar rematadamente estúpida. Pasa a veces, sobre todo cuando llamas al call center. Tras un diálogo de besugos pruebas fortuna llamando de nuevo como si fuera la primera vez. Y para tu sorpresa, la segunda persona si te atiende y soluciona. La primera era muy tonta. Por ese motivo, y ya que estoy en un centro comercial con dos tiendas de Movistar (¿? Y las dos vacías. Un poco surrealista), acudo a la otra. Misma circunstancia. Cero soluciones. Misma cara de “¿y a mí qué me cuentas?”. Mi cabreo va en aumento.

Tengo un terminal en garantía y nadie me lo quiere reparar. Les importa un carajo. Suena el teléfono. No lo cojo, total si no voy a escuchar a nadie.

Acudo a un clásico.  En el mismo comercial, el Plaza Norte 2, está una tienda de chinos llamada WeIphone. Debe irles bien, ahora van a cambiarse a un local mayor. Ya no es un chino aburrido en la tienda, ahora son varios.

Les cuento el problema del altavoz. De entrada, se interesan y lo prueban, hacen una llamada para ver que suena mal.

  • “O ha entrado agua o está defectuoso. Podemos cambiar el altavoz sin ningún problema, pero perderás la garantía del fabricante”.

Pobre chino, él no lo sabe, pero me acaba de tocar la moral. Me enciendo y le explico que el fabricante (y el operador) se pueden meter la garantía por donde la espalda pierde su casto nombre. Son unos sinvergüenzas.

El chino apenas me entiende, pero me ve enfadado. Quiere arreglarme el móvil y que me largue. Tiene mucho trabajo. De tanto pasar por allí a arreglar pantallas creo que le caigo simpático. Me pide una señal, mañana tendrá la pieza, 50 Euros y me solucionará el problema.

Desde allí mismo, mientras salgo de la tienda, miro la de Movistar. Sigue sin haber ni Cristo dentro. La chica no está dando un palo al agua. Mira la pantalla embobada y sonríe, seguro que sigue viendo videos de YouTube. Por un segundo se me pasa por la cabeza coger prestado de la tienda de Apple un Macbook Air con todo su reluciente aluminio y reventárselo con ganas en toda la cabeza. Me recreo sonriente en mis pensamientos  durante unos pocos segundos. Lamentablemente son pura ilusión, acabaría en prisión.

Las personas tenemos que cumplir las leyes, pero las grandes empresas se las saltan a la torera. Al resto sólo nos queda el recurso de la pataleta.

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