Metro de Madrid

El gran arma arrojadiza en la clase política durante el estado de alarma ha sido el 8-M y las manifestaciones feministas que se produjeron en marzo cuando, supuestamente, existía ya la amenaza real del coronavirus. Pero tanto se enredaron los políticos en esa cuestión, que tres meses después –cuando Metro de Madrid debe volver a su nueva normalidad– la logística del suburbano pone en peligro la salud de miles de madrileños.

Los dirigentes públicos, sin excepción de color, han ido cabalgando la crisis a pelotazo al aire y a correr. Ahora, a las puertas de la tan esperada nueva normalidad, resulta que las medidas sanitarias impuestas para este periodo son imposibles de cumplir en algunos lugares públicos. El mejor ejemplo es el metro de la capital, donde no existe la posibilidad de tener 1,5 M de separación dentro de los vagones durante buena parte del día.

Brazo con brazo

La imagen anterior es del pasado jueves 11 en la Línea 10 de Metro de Madrid por la tarde. Un día, precisamente en la misma línea, donde hubo una avería que provocó parones y congestión.

No existe un metro y medio

Ahora la lucha de Metro de Madrid y sus gestores públicos, en este caso el gobierno de la Comunidad, está en querer demostrar que el transporte subterráneo de la capital es seguro. Pero saben perfectamente que no es así. Incluso, el consejero de Transporte y expresidente de la CAM, Ángel Garrido, cuelga en su perfil de Twitter fotografías del metro madrileño.

El truco está, y no siempre lo consigue, en disimular la verdadera realidad con fotos de andenes. Nunca del interior de un vagón, donde se encuentra la verdadera concentración; y donde no existe la manera física de generar ni siquiera un metro de separación entre las personas, entre las cuales algunas respetan perfectamente la obligación de llevar la mascarillas bien puesta, y otros…

Y LO PEOR DEL METRO ESTÁ POR LLEGAR

La marcha feminista del 8-M, según la delegación del Gobierno de Madrid, congregó a 120.000 personas. Es cierto que los condicionantes del virus y las medidas de seguridad han cambiado, pero Metro de Madrid experimentó durante 2019 una afluencia media diaria de 2,2 millones de viajeros. Lógicamente esa cifra ahora mismo está muy lejos de la realidad, pero durante las próximas semanas, y sobre todo con el fin del estado de alarma, los movimientos aumentarán.

La pérdida de miedo, el impulso del ocio comercial y la vuelta al trabajo supondrán una inyección de pasajeros en el metro. Está por cuantificar el tránsito, pero a buen seguro serán más de 120.000 personas. O lo que es lo mismo, diariamente habrá varios 8-M bajo el suelo de Madrid sin que nadie sepa cómo afrontar la situación.

Desde hace semanas, en las comparecencias públicas, tanto del Gobierno central como regional se hacían preguntas sobre el transporte. “Todo está bajo control”, era la respuesta. Pero las primeras imágenes dejan muy claro que algo no está bien controlado.

Además, según se hacía eco hace unos días El Independiente, tanto los maquinistas como Comisiones Obreras aseguran que han regresado las aglomeraciones de pasajeros. “Hasta ahora se veían en momentos puntuales de avería o retrasos. El martes (2 de junio) fue lo más normal ver las aglomeraciones en trenes y andenes. Y no por culpa de averías o retrasos, sino porque hay pocos trenes y la gente al final tiene que trabajar”, apuntaba a este medio Juan Ortiz, portavoz del Sindicato del Colectivo de Maquinistas (SCMM).

Añaden, además, que el principal problema que tienen, aunque la demanda es baja, es que “el intervalo de trenes debería ser el menor posible para que no se acumularan pasajeros en las estaciones“, añade Juan Carlos De la Cruz, secretario general de CCOO en Metro. También es “difícil”, a su juicio, conocer cuántos viajeros de un tren se bajarán en cada estación.

Es decir, todos son conscientes de la dificultad que tiene gestionar una maquinaria como la de Metro de Madrid, pero también asumen que a día de hoy no se están cumpliendo los requisitos sanitarios que se había fijado el ministerio dirigido por Salvador Illa. Por el momento, con el virus controlado, que sucedan estas cosas no supone un riesgo. Aunque si para el próximo otoño no se ha podido mejorar la gestión del metro en la capital, habrá nueva trifulca política que pagarán los ciudadanos.

Comentarios de Facebook