Aunque la generación actual no le reconozca si se cruza con él por la calle, hubo un tiempo en el que Luis del Rivero era un referente empresarial, especialmente para aquellos que en la segunda ola del pelotazo admiraban de forma enfermiza a los nuevos reyes del ladrillo que, alimentados con la droga de la expansión crediticia, se hicieron de oro en la primera década del nuevo siglo.

Ahora es un orgulloso abuelo que dedica mucho tiempo a sus nietos y que, tras cinco bypass y continuo riesgo coronario, se ocupa de sus naranjos en su amada Murcia mirando de reojo la colección de automóviles de lujo con la que antaño recorría los acantilados cántabros en verano a toda velocidad –tierra donde estudió y conoció a su mujer– cuando los reflejos todavía se lo permitían.

Este jubilado forzoso con un patrimonio que ronda los 800 millones de euros ha vuelto a ser portada de los diarios de medio mundo tras la investigación periodística realizada por Moncloa.com y El Confidencial, que ha destapado los trabajos mafiosos realizados por el comisario Villarejo por encargo de BBVA. El banco que hasta hace unos días presidía Francisco González contrató a esta especie de Rasputín ibérico para que entorpeciera el intento de Sacyr –cuando Del Rivero era su timonel– para entrar en el capital de la entidad y tomar el mando.

BBVA decidió utilizar el bíblico ojo por ojo para intentar evitar el asalto de Sacyr

Sobre esta historia han corrido ríos de tinta, pero se puede resumir sin temor a equivocarse que lo que al principio pudo parecer una más de las múltiples operaciones corporativas que se realizan en España, en realidad se trató de una acción política del peor pelaje para echar a González, que a su vez había sido aupado por José María Aznar y Rodrigo Rato dentro del proceso de privatizaciones a ‘amiguetes’ que puso en marcha el PP bajo la batuta del político vallisoletano. Basta con leer algunas de las informaciones publicadas la pasada semana para darse cuenta de que en España ni existe mercado libre, ni separación de poderes, ni una clase política que mire por algo más que no sea su ombligo.

El problema es que, según la documentación que han puesto los citados diarios digitales a disposición de la Audiencia Nacional, BBVA decidió utilizar el bíblico ojo por ojo para intentar evitar el asalto de Sacyr, o al menos optó por buscar los servicios de un tipo que según hemos podido comprobar en los últimos meses, no ha tenido ningún escrúpulo en traspasar la legalidad cuando ha estimado conveniente, blindado y amparado a su vez por los Gobiernos de turno.

Aunque se ha dicho que la decisión de moverle el sillón a FG fue cocinada entre Del Rivero y Miguel Sebastián –entonces director de la oficina económica de Moncloa con Zapatero de presidente tras su frustrado paso por BBVA– la verdad es que la primera iniciativa surgió del presidente de Sacyr, que llamó por teléfono a la María Teresa Fernández de La Vega para ver cómo encajaba el Ejecutivo que intentara hacerse con el control del banco. La vicepresidenta le derivó a Sebastián y este a su vez –entre regañadientes– a su némesis, el ministro de Economía, Pedro Solbes.

En Moncloa todos estaban de acuerdo en dar la bendición al empresario murciano y su oferta les vino como anillo al dedo: le utilizarían como hombre de paja para golpear uno de los símbolos del aznarismo recién derrotado en las urnas (11-M mediante). Un ingeniero de caminos hecho a sí mismo, que no pertenecía al club oficial de millonarios aunque se había convertido en una de las mayores fortunas del país y a quién el abogado Matías Cortes había puesto en contacto con la alta sociedad madrileña poniéndole los dientes largos y alimentando aún más su ambición.

En Moncloa todos estaban de acuerdo en dar la bendición al empresario murciano y su oferta les vino como anillo al dedo

Juan Abelló proporcionó a Del Rivero el respaldo financiero a la operación que necesitaba, así como su agenda para garantizar el apoyo de los grandes capitales para superar las defensas numantinas de González. A todos ellos se sumaron los tiburones del Grupo Prisa oliendo la sangre y ayudando a Sebastián a acosar legalmente al presidente de BBVA con la oscura venta de FG Valores a Merryll Lynch, un pelotazo empresarial cuyo camino judicial terminó con el incendio del edificio Windsor –ubicado a pocos metros de la sede del banco en el madrileño Paseo de la Castellana.

Sin embargo, a pesar de que el asalto gozaba de todos los parabienes necesarios parallegar a buen puerto encalló a los dos meses y medio. De nada sirvió que responsables de política económica del PP como Miguel Arias Cañete manifestaran su respaldo a Del Rivero o que incluso el Rey Juan Carlos fuera utilizado para blanquear el asalto. Todo se fue al traste porque el entonces gobernador del Banco de España, Jaime Caruana, se negó a que una constructora controlara uno de los dos mayores bancos de España (y de Europa). Él sabía mejor que nadie que el dóping monetario con el que estaba creciendo España era un espejismo y que tarde o temprano todo se iría al garete. Hoy Caruana está en el consejo de administración de BBVA e incluso estuvo en las quinielas para suceder a FG tras su tardía jubilación. ¿Casualidad? Juzguen ustedes mismos.

Muchos creen que Del Rivero encajó mal la derrota, pero si algo caracteriza a este emprendedor es su capacidad para hacer de la necesidad virtud y devolver el golpe a las primeras de cambio, aunque la caída en la lona le provocó el primer susto importante en materia de salud. Sea como fuere la fallida operación aportó a Sacyr unas plusvalías de 148 millones de euros y, a pesar de que su imagen se vio notablemente deteriorada, consiguió capital para hacerse con un 20% de Repsol. Su objetivo era acabar con Antonio Brufau pero tampoco pudo con ese hueso. Dos años después de adquirir un quinto de la petrolera se vio obligado a desinvertir en la francesa Eiffage –otra gran pesadilla para Del Rivero– para contentar a los acreedores. A partir de aquí la gestión de Sacyr se le puso muy cuesta arriba y finalmente fue destituido gracias al voto de su compañero de fatigas, Manuel Manrique, con el que había fundado la compañía allá por 1986.

El empresario murciano siempre fue osado y lo pagó con creces, aunque nadie puede negar que su situación actual es envidiable, alejado de los focos, con una jubilación de oro y con tiempo para disfrutar de sus dos grandes pasiones, el campo y el Real Madrid, club del que llegó a ser vicepresidente. Los habituales del Palco del club merengue confiesan que un día antes de que Sacyr anunciara su fusión con Vallehermoso Luis del Rivero estaba en San Mamés viendo al Madrid contra el Bilbao mientras cerraba por teléfono los flecos de la integración y acordaba con la banca de inversión la ecuación de canje.

A Del Rivero le gusta pasear entre naranjos y defender los intereses de los regantes levantinos

La osadía no es el único elemento que destaca en el carácter de este antiguo rey del ladrillo. Nunca se ha callado lo que piensa, especialmente cuando trataba con empresarios de antiguo linaje, lo que hizo que se le conociera despectivamente en el mundo del Ibex 35 como “ese señor de Murcia”. Y es que nunca encajo del todo en la jet set de la capital, nunca le gustó ostentar y muchos murmureaban a su paso porque no disponía de jet privado ni de yate, dos elementos indispensables para ser aceptado en el club de la caspa hispana.

Cuando se acerca ya a los 70 años, a Del Rivero le gusta pasear entre naranjos, defender los intereses de los regantes levantinos acudiendo a las reuniones de las distintas asociaciones en las que ha tenido responsabilidades de mando, disfrutar de su familia y, sobre todo, viendo todos los partidos de su querido Real Madrid, aunque esté en horas bajas pero esperando que su amigo Florentino Pérez vuelva a traer a Mourinho al banquillo para poner firme a la plantilla blanca.

Asegura que no guarda rencor contra nadie y dice que no se siente traicionado, atribuyendo sus fracasos corporativos a los que denomina “democracia empresarial”. No obstante, en Sacyr están convencidos de que el reciente intento de Moreno Carretero de amenazar el liderazgo de Manrique ha sido patrocinado por Del Rivero. Lo mismo sucede con Repsol, cuyos dirigentes ven todavía el fantasma del murciano detrás de cada información que se publica en los medios contra la gestión del presidente.

Lejos quedan el tiempo en el que compartía mesa y mantel con Zapatero y Tony Blair cuando el premier británico visitaba nuestro país, evento en el que fue enchufado por Miguel Sebastián y que alimentó aún más la tesis de que era un empresario del PSOE. Pero no se engañen, Del Rivero siempre fue de derechas, como lo demuestra el hecho de que militó en Alianza Popular, mantuvo siempre buenas relaciones con Aznar –al que invitó a la boda de su hijo en 2007– y, ahora con el auge de VOX, se le ha visto en conferencias de Santiago Abascal. Por si todo ello fuera poco resulta que además le gustan los toros y, aunque pocos lo sepan, estuvo a punto de ganar el concurso para gestionar Las Ventas como socio de Choperita. El fallido asalto a BBVA hizo que su puesto lo ocupara otro millonario del ladrillo, Fidel San Román, imputado posteriormente en la Operación Malaya.

Antes del escándalo del espionaje de BBVA hubo otro factor que obligó al empresario murciano a salir del ostracismo mediático: su imputación en el caso Gurtel. Y es que Del Rivero se reunió al menos 13 veces con Bárcenas, en unos encuentros mantenidos en el café Orfila, donde veía el fútbol con su anestesista particular y ex secretario de Estado para el Deporte, Francisco Villar, acompañado también por Emilio Butragueño. Dicen que Bárcenas se acercaba al grupo para pedirle consejo para invertir en Bolsa.

Del Rivero rechaza haber donado un euro al PP, aunque recibió adjudicaciones del partido por importe superior a los 6.000 millones de euros y en sede judicial ha llegado a admitir que tuvo dinero en Suiza, procedente según la investigación– de comisiones de otro empresario imputado, el aragonés Amando Mayo.

Según ha avanzado MERCA2, en estos momentos los equipos jurídicos de Del Rivero trabajan con los de Miguel Sebastián para analizar la conveniencia de demandar a BBVA y a Francisco González por las investigaciones ilegales que realizó Villarejo, motivo por el cual se les ha visto a ambos conversando en el AC Hotel Cuzco de la capital española. La clave de todo será demostrar que FG estaba al tanto de las actividades ilícitas y, lo más importante, que los delitos no han prescrito. Puede ser que uno de los mayores escándalos de la democracia sirva a este ingeniero con alma de agricultor para ajustar cuentas con los protagonistas de un episodio más de la corrupción institucional Made in Spain.