Theresa May
Chris Ratcliffe/Bloomberg

Parece que los plazos se acortan más de lo esperado y la Primera Ministra, para evitar un nuevo fiasco parlamentario ha comunicado, entre otras cosas, una prórroga de la salida para finales de junio.

A sabiendas de que el proceso se basa en una votación sobre el Acuerdo de Retirada con fecha límite el 12 de marzo y si se rechaza, al día siguiente deberán votar para conocer el apoyo que tendría un Brexit duro. Si todo esto fracasa, tendrán que votar, de nuevo, una solicitud al Parlamento Europeo para ampliar los plazos y evitar el bloqueo que tendría lugar el próximo 29 de marzo.

A todo esto, May, podría rechazar la posibilidad de continuar con un Brexit sin acuerdo y así evitar una nueva moción de censura, con el ridículo que eso supondría para su partido. De hecho, este paso atrás de la primera ministra viene a consecuencia del pronunciamiento de varios de sus ministros, al menos 15 hasta la fecha, que han declarado estar dispuestos a dimitir. De ahí que el retraso en las negociaciones vaya tomando más fuerza.

Valorando esta posibilidad, la prórroga tiene su razón de ser si el Reino Unido presenta un decálogo sobre el acuerdo de salida, y que sólo puede ser acordado si el propio gobierno británico lo enmarca en una “necesidad institucional” para llegar a un pacto de salida que resulte favorable para ambas partes.

May tiende puentes para solicitar dicha extensión de las negociaciones, siempre y cuando el Parlamento Británico rechace el acuerdo de salida ya presentado en Bruselas. Incluso está dispuesta a ampliar los plazos más allá de junio si Reino Unido vuelve a convocar elecciones o si se establece un nuevo referéndum sobre el Brexit.

Darío García, analista de XTB