No corren buenos tiempos para la banca. Es cierto que, poco a poco, el sector empieza a consolidarse y empezar a recuperar la buena salud; sin embargo, el año pasado se dejaron por el camino un 23% hasta los ocho mil millones de euros. Una cifra que responde a las entidades integradas en la Asociación Española de Banca (AEB), y en la que ha influido (y mucho) las pérdidas de 3.000 millones de euros registradas por el Banco Popular, aunque también la devolución de las cláusulas suelo, la evolución de los tipos de interés y la difícil coyuntura que ha habido en la fluctuación de las divisas; especialmente con el dólar, la libra y la lira turca.

Sin embargo, el sector -que estos días ha celebrado su Asamblea anual- confía en que de cara a los próximos años la situación empiece a mejorar. Especialmente a partir de 2018, tras un cambio de política económica por parte del Banco Central Europeo que -en teoría- debería ir en un aumento de tipos y el fin de la compra de bonos. Ahora bien, ese es el deseo de la ‘patronal’ expresado por el presidente de la AEB, José María Roldán. Sin embargo, se antoja complicado poder predecir qué ocurrirá a meses vista; sobre todo, porque la incertidumbre política que se extiende por Europa con las elecciones de Francia, Alemania y Reino Unido a la vista, hacen difícil prever por dónde irán los tiros.

En román paladino esto significa que vamos a seguir teniendo más de lo mismo: un mayor ajuste de los márgenes, para evitar problemas en tanto en cuanto el negocio no mejore. Y, de momento, se puede comprobar cómo no es así; dado que los márgenes han seguido cayendo durante el 2016. Así que la solución -por ahora- seguirá siendo la misma: cerrar más oficinas para poder reducir los costes. Hasta el momento, y desde 2008, las entidades de la AEB (que engloba a los principales bancos españoles) han reducido un 35% el número de oficinas; y un 30% el de los empleados. Sólo en el último año han despedido a 1.415 trabajadores y han cerrado 663 locales.

Ese proceso lento va a continuar, porque “el sector debe seguir ajustando los costes y mejorando la eficiencia para adaptarse al entorno de crisis y, también ,a la digitalización”, en palabras del presidente de la AEB. Así que vienen curvas para la banca que observa de reojo la llegada de las fintech. De hecho, el sector se queja amargamente por la falta de legislación que hay sobre estas empresas, mientras que a ellos se les exige -una y otra vez- mayores requerimientos. De ahí que Roldán recuerde que “una regulación estricta de la banca, pero no de otros actores financieros, hará que el riesgo se traslade de uno a otro“. Vamos, que empieza a poner en el disparadero una hipotética burbuja en torno a estos nuevos productos.

El último en lanzarse a hacerle la competencia a la banca  ha sido Orange. Ha confirmado lo que era un secreto a voces después de que adquiriera la licencia de Groupama en 2016, que pone en marcha Orange Bank el próximo 6 de julio. Un negocio con el que espera captar a más de dos millones de consumidores en los próximos diez años. Y ojo, porque esa cifra es sólo en Francia; en donde el banco más grande del país -ING Direct- tan sólo tiene un millón de clientes. Una entidad, por cierto, que llegará a España en 2018. Así que, prepárense porque vienen curvas.

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