José Antonio Vera prepara sus maletas para abandonar EFE. El exdirector de La Razón ha protagonizado una etapa de claros y oscuros en la agencia estatal. Los aspectos más aplaudidos de su labor han sido la decisión de lanzar nuevas marcas de la compañía y su pelea por buscar una financiación que dote de estabilidad a una compañía que cuenta con un presupuesto de crisis, 39 millones de euros anuales, y que aspira a que el Gobierno suba su inyección a 54 tras ser reconocida por la Comisión Europea como Servicio de Económico de Interés General.

El periodista había convencido de ello a la mayoría de partidos políticos. Porque una agencia que contaba con menos de la tercera parte del presupuesto de France Press no podía competir en igualdad de condiciones con ésta, más si cabe teniendo en cuenta que el mercado hispanohablante duplica con holgura el francófono. Sin embargo muchas voces gubernamentales veían con suspicacia su cercanía al Régimen de Vladímir Putin.

El presidente ruso, al que muchos sitúan como uno de los principales enemigos de la Unión Europea, había concedido a Vera varias entrevistas junto a los presidentes de otras agencias internacionales. Desde Moncloa se entendía que el periodista acudiese a unas entrevistas anuales que proporcionaban prestigio a la agencia, pero la crónica firmada por Vera el pasado 28 de mayo podría haber implicado incluso su destitución, tal y como aseguran fuentes cercanas a la agencia a MERCA2.

LA CRÓNICA

José Antonio Vera la arrancaba así: “Durante cinco años consecutivos, los presidentes de las agencias de noticias más importantes del mundo acudimos fieles al encuentro del zar Vladímir Putin, que nos recibe en San Petersburgo con toda clase de pompas y cortejo”.

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A partir de aquí sigue Vera con una colección de loas cual panegírico que parecería excesivo incluso para simpatizantes declarados del líder político como Juan Manuel de Prada: “En esta ocasión nos encontramos ante el Putin más próximo y cercano de todos cuantos hemos tenido ocasión de conocer en estos años (…) Quien esto escribe se sentó todo el tiempo frente por frente con el jefe del Kremlin, apenas a dos metros de distancia, de manera que podía distinguir a la perfección la escasa evolución de sus arrugas, el control casi chamánico de las canas, y sus expresiones simpáticas, risas y sonrisas, bromas y chistes sobre temas de actualidad o sobre las preguntas que le hacíamos”. 

Esta definición del mandatario contrasta con el enfado de Moncloa con el Kremlin, al que se le acusa de mantener con el procés supuestas tácticas digitales de propaganda con tal de injerir en la política estatal, siguiendo la hoja de ruta que presuntamente habría mantenido Moscú ante el Brexit o hacia la llegada de Trump a la Casa Blanca. Tampoco gustaron en el Gobierno las declaraciones de Vera en Radio Sputnik (parte del conglomerado mediático de Putin), en las que destacó que el presidente ruso “es uno de los grandes dirigentes del momento”. En otra ocasión, y para el mismo medio, el presidente de EFE declaró: “Evidentemente, el nivel de dirigencia mundial que tiene Putin es algo reconocido en todos los ámbitos”.

EL OBJETIVO RUSO

En una de las entrevistas de Vera y un grupo de compañeros de agencias, Putin fue tajante sobre sus objetivos en España: “En Rusia estaremos encantados en poder flexibilizar la política de visados con España, pero más que un problema nuestro, es un problema de España, que es quien tiene restricciones debido a que pertenece al espacio Schengen. Pero habría muchas opciones para aligerar esa política. Un ejemplo puede ser Turquía, donde tenemos un sistema de visados muy simple que podríamos copiar para España. Eso permitiría liberalizar los visados para los jóvenes, políticos, personal de organismos oficiales, y por supuesto para el turismo”.

Vera también concedía entrevistas a medios gubernamentales rusos y explicaba que las relaciones entre España y el país más grande del mundo “ha habido un poco de mayor distanciamiento”, pero su explicación quizás no dejaba en buen lugar a Madrid: “La política por parte de España está condicionada por la Unión Europea (UE)” que “tiene una determinada política”. Preguntado por la “propaganda hostil” que denunció la UE sobre Sputnik o Russian Today, Vera respondió con simpatía: “No estamos en un momento en el que debamos censurar”. Putin tampoco se quedó atrás y señaló con vehemencia que Rusia apoyaba la unidad territorial española, guiño a Moncloa en el punto más álgido del procés.

UNA BUENA RELACIÓN

Fuentes cercanas a EFE explican la buena relación entre el Gobierno ruso y Vera, que en otra de sus declaraciones públicas se volvía a deshacer en elogios hacia Putin: “Creo que es una persona, y que es una persona inteligente y lista, como ha demostrado a lo largo de todos los años que lleva gobernando este país”. En otra crónica para la agencia destacó sus triunfos electorales, obviando las denuncias de persecución política que recaen sobre el presidente ruso. Putin también en los últimos tiempos ha declarado en al menos tres ocasiones el buen juego de la selección española de fútbol de cara al Mundial que se está celebrando en su país y que le servirá de propaganda internacional.

OTROS HITOS DE VERA

El periodista también ha entrevistado en estos seis años a otros mandatarios mundiales (Mariano Rajoy, Mauricio Macri o Bashar Al Assad), inauguró la sede de la agencia, acometió un ERE, vio como la agencia era objeto de críticas por parte de Nicolás Maduro e inauguró el ciclo de conferencias Foro de Líderes (acusado de sectario por la ideología de sus invitados: Luis de Guindos, Íñigo de la Serna, Albert Rivera, Manuel Valls o Albert Boadella). Pero al menos Vera se libró de aparecer en la lista confeccionada por la Fundación Soros sobre periodistas españoles pro-rusos, repleta de periodistas y activistas estalinistas sin mucho pedigrí ni influencia, ligados casi en su totalidad al sector duro de Izquierda Unida.

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