Iberdrola
José Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola.

Iberdrola es la compañía que más rédito ha sacado al ‘boom’ de los préstamos y bonos verdes. La firma presidida por Ignacio Sánchez Galán ha visto en este tipo de vehículos financieros, cada vez más demandados, una oportunidad para disfrazar su apalancamiento. La eléctrica vasca quiere aprovechar su buena aceptación en el mercado para que parte de su pasivo pase a etiquetarse como ‘verde’.

La compañía dirigida por Sánchez Galán está negociando la firma de un préstamo sostenible de 5.300 millones de euros, en lo que será el mayor crédito verde que se haya firmado nunca. La operación consistirá en un préstamo sindicado, que incluye una veintena de bancos, con el BBVA como banco agente. Una vez cerrado el trato, Iberdrola se convertirá en la firma española -superando a Red Eléctrica- con mayor volumen de créditos verdes obtenidos en España.

En 2017, Iberdrola fue el mayor emisor de bonos verdes corporativos, no financieros, a nivel mundial

Además de su destacada posición en el ámbito de los préstamos verdes, Iberdrola también despunta en la emisión de bonos verdes. En 2017, la eléctrica vasca fue el mayor emisor de bonos verdes corporativos, no financieros, a nivel mundial. A través de sus filiales, Iberdrola Finance (2.214 millones de euros) e Iberdrola International BV (1.180 millones), sacó al mercado 3.400 millones de euros. Por detrás de la firma dirigida por Galán se situaron gigantes como la francesa Engie 3.103 millones de euros, Tennet Holding con 2.179 millones o Tesla con 1.800 millones de dólares.

Con todo ello, Iberdrola está disfrazando con un lazo verde una ingente cantidad de deuda que se le podría atragantar en los próximos años. Entre 2009 y 2017, la deuda neta de la entidad dirigida por Sánchez Galán se ha disparado cerca de un 50%, superando los 30.000 millones.

Pese a que no es una cifra disparatada, el aumento de endeudamiento sí va en contra de la tendencia del sector. Solo EDP con un 14% más junto a Enagás y Red Eléctrica han aumentado su deuda en el período entre 2009 y 2017. Por el contrario, Gas Natural ha reducido un 25% su endeudamiento, Enel algo más de 20%, Endesa hasta un 75% y Engie un 18%.

La realidad es que, a pesar de todo el volumen de deuda nueva, la firma está estancada en cuanto a resultados. La presentación de los últimos resultados que presentó tenían trampa. Iberdrola recalcó que había ganado un 18,4% más que en el mismo periodo anterior, hasta los 2.417 millones, gracias a su “resiliencia y diversificación”.

Aunque en realidad se debió a la fusión de su participada brasileña en un 40%, Neoenergia, junto a Elektro Holding y que reportó al grupo 521 millones. También destacó la fusión de Gamesa, de la que Iberdrola posee un 20%, con la división eólica de Siemens, que le reportó 255 millones. En definitiva, la firma se apuntó 778 millones a través de resultados no recurrentes.

El problema es que cuando se eliminan los no recurrentes la situación empeora y la firma da muestras de apalancamiento operativo peligroso. Una deuda grande pesa en el balance por dos vías: la primera, son los altos intereses que se pagan. La otra, cuando esa deuda se utiliza para construir y generar activos inmovilizados que después suponen un coste fijo, que da como resultado si una firma está o no apalancada operativamente.

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En 2017, Iberdrola va a presentar los gastos de capital, partida dentro del estado de flujos de efectivo que muestra el desembolso de la firma en activos fijos, más altos desde el 2008. Todo ello ha provocado que el beneficio de explotación -EBIT por sus siglas en inglés- haya descendido un 9,3% en 2017, hasta el tercer trimestre.

Iberdrola líder en un mercado en plena efervescencia

El movimiento financiero de Iberdrola, situarse como uno de los principales actores de la revolución verde, también tiene ventajas muy visibles. La principal es que diversifica todavía más los acreedores: en un extremo se sitúan los inversores tradicionales en renta fija. Por otro, los nuevos inversores que buscan algo más que una renta de su inversión, esto es que contribuye a fines sostenibles.

Iberdrola

Además, el mercado ofrece una visibilidad y valor de marca como apuesta por lo sostenible, tan de moda en la actualidad. Es por ello, que la emisión de bonos verdes no ha parado de crecer en los últimos años. El acumulado total en la actualidad del mercado superó los 272.000 millones, aunque supone un 1% del total del mercado de renta fija, las emisiones de bonos verdes en 2017 supusieron un 8% del total de todo el mercado de renta fija.

Las cifras hablan a las claras de un mercado emergente con cada vez más adeptos. El primer bono se emitió en 2008, y apenas superaba los 500 millones de dólares. Cerca de ocho años más tarde, en 2016, el valor de los bonos emitidos superó los 80.000 millones, mientras que en 2017 superó los 115.000 millones y para este 2018 se podrían alcanzar los 200.000 millones según Bloomberg Intelligent. Todo ello supondría que en una década el mercado se ha multiplicado por 300.

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