Palacete de Chamberí
Imagen del Palacete de Chamberí.

Un inmueble de casi 4.000 metros cuadrados deteriorado por la disputa nobiliaria de una familia. Una guerra que mantiene en vilo a una edificación histórica, un palacete en pleno barrio de Chamberí que espera que la Justicia dictamine quién es su su legítimo propietario. Las desavenencias de los descendientes del marqués de Núñez duran ya más de dos décadas.

El Instituto Homeopático y Hospital de San José, ubicado en los números 3 y 5 de la calle de Eloy Gonzalo, vive en un ostracismo impropio de un edificio con su historia, belleza y envergadura. Un aislamiento que ha favorecido a enterrar un conflicto nobiliario que ha puesto en riesgo el futuro de este inmueble.

En la actualidad, el palacete está vacío, porque, entre otras cosas, no tiene un inquilino legal. El gestor de este antiguo hospital de la Guerra Civil es una fundación que se encarga de salvaguardar el Museo de la Homeopatía Española, localizado en un edificio neomudéjar anexo. En total y entre los dos activos suman cerca de 4.000 metros cuadrados construidos, en uno de los barrios más caros y codiciados de la capital: Chamberí. Un jugoso inmueble por el que dos personas -nobles, en principio- pelean desde hace 23 años. Una pugna nobiliaria -los dos contendientes buscan el título de su antecesor- que esconde un lucha de intereses inmobiliarios contra otros profesionales.

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Toda esta disputa tiene su origen en el reinado de Isabel II, cuando la monarca decidió regalar al médico José Núñez Pernía el título de marqués de Núñez. Un nombramiento que guarda en el paletece su mayor herencia. Han pasado más de 150 años, alguna reforma -llevada a cabo por la Comunidad de Madrid- y varias exhumaciones de cuerpos para averiguar la propiedad del distinguido inmueble.

La historia narra que el doctor Núñez Pernía murió sin descendencia. Entonces ¿a qué viene tan alboroto? Sencillo, el profesional de la medicina mentía, porque en realidad si aseguró su estirpe, aunque fuera de manera ilegítima -nunca se casó-. Lo cierto es que el marqués tuvo hasta cuatro hijos con Julia Fano, una mujer madrileña a la que el médico nunca reconoció como su pareja. Un secretismo que acompañó a todos sus vástagos que fueron inscritos en el registro como hijos del hermano de Julia.

Nuñez nombró a su ahijado Guillermo Fano García como su legítimo heredero, cuando en realidad se trataba de su hijo mayor -luego se demostró este hecho-. El problema es que Guillermo falleció sin descendencia -al igual que Margarita, tercera en la línea sucesoria-. Sólo Carmen Fano y Josefa Fano tuvieron tuvieron hijos -aunque desconocían todavía que eran hijas del marqués de Núñez-.

Fueron precisamente los vástagos de Carmen y Josefa los que ya descubierta la mentira del médico decidieron pleitear por el título de marqués. Por línea sucesoria debería de haber correspondido a Guillermo García Alix, el mayor de los descendientes de Carmen, pero es Jaime Fernández Fano el que consigue el nombramiento gracias a la mediación del duque de Tovar.

Una guerra mantiene en vilo a un palacete en pleno barrio de Chamberí, que espera que la Justicia dictamine quién es su su legítimo propietario.

Ahora, la disputa se ha trasladado a los hijos de Carlos Román García Alix -hermano de Guillermo- y a la hija de Jaime Fernández Fano. En concreto, la batalla se dirime entre el también médico Alfredo García-Alix y María José Fernández, actual marquesa de Nuñez -por el momento-.

El conflicto no sólo es nobiliario, también de intereses. El primero es partidario de seguir con la labor médica del edificio. Una función que también defiende la fundación que gestiona hasta el momento el activo y que custodia el Museo de la Homeopatía Española. Por su parte, María José pretende vender el inmueble -en principio-, aunque no lo tendrá nada fácil, porque el Instituto es bien de interés cultural y en el catastro se indica que el uso es exclusivo de “sanidad y beneficiencia”.

El litigio debería de haber terminado, tal y cómo adelantó ‘La Información’, pero de momento no hay resolución definitiva a esta disputa. “Estamos esperando la última resolución de la sala. El pronunciamiento se tenía que haber hecho hace un mes. Pero la sentencia es firme desde diciembre de 2007. Esperamos que la marquesa recupere las llaves del edificio en breve y decidir ya el uso que quiere darle”, declaraban los representantes de la marquesa en este medio.

A LA ESPERA DEL JUEZ

Los planes de la marquesa es vender el inmueble si la Justicia le da la razón. El palacete tiene un valor que oscila entre los tres y los veinte millones de euros, aunque primero tendrá que lidiar con esas trabas legales que presenta el catastro. Sea cómo fuere lo preocupante es el deterioro de las instalaciones, según ha podio saber MERCA2. La fundación hace lo que puede, pero el tiempo pasa y el activo necesito mejoras. La Comunidad de Madrid ya ha invertido 3,3 millones de euros en rehabilitarlo. Mucho se ha escrito sobre este palacete, aunque el texto definitivo -el del juez- será el único que termine con la disputa nobiliaria y de intereses que tiene casi un cuarto de siglo de vigencia.