Trapa - Fundación Española del Aceite de Palma

El aceite de palma se presenta como uno de los principales enemigos a combatir dentro de la industria alimentaria. Son casi tres años los que dura esta “guerra”, y muchas las marcas que se han desvinculado de este producto. Idilia Foods con Nocilla, Pepsico con Doritos o Dulcesol con sus famosos Soles son ejemplos de marcas que han dejado de incorporar este aceite vegetal en sus productos. 

Una de las batallas más recientes se libra entre Chocolates Trapa y La Fundación Española del Aceite de Palma Sostenible. La chocolatera ha lanzado una campaña ‘Compromiso: sin aceite de palma’, algo que no ha gustado demasiado al lobby del sector. Desde Europraliné (matriz de Chocolates Trapa) basan su decisión en las consecuencias negativas que tiene para el medio ambiente y la salud de las personas este ingrediente. 

Por su parte, la Fundación Española del Aceite de Palma Sostenible acusa a Trapa de “publicidad ilícita, campaña desleal y engañosa”. Incurren así, según la fundación, en el artículo tercero de la Ley 34/1998, de 11 de noviembre, General de Publicidad;  y los artículos quinto y octavo de la Ley 3/1991, de 10 de enero, Competencia Desleal. Más concretamente, estos artículos están referidos a “publicidad ilícita”, “actos de engaño” y “prácticas agresivas”.

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A pesar de que las quejas de la fundación, desde Trapa declaran a MERCA2 que no consideran que “Autocontrol” sea competente para declarar si se ha incurrido en competencia desleal. Y por lo tanto, han decidido no someter la campaña a la investigación solicitada.

“Consideramos que la supervivencia del Planeta pasa por la producción y consumo de aceite de palma sostenible, cuya producción requiere de menor cantidad de tierras, agua y fertilizantes que otros aceites vegetales”, confirma el asesor de la Fundación Española del Aceite de Palma Sostenible, Horacio González. Estas declaraciones están directamente relacionadas con las acusaciones vertidas sobre la campaña de Trapa, en la que una de las causas que alegan para el abandono de este aceite es el medioambiente. 

“Nuestra decisión inamovible es la eliminación del aceite de palma de todos nuestros productos”, aclara el director de Comunicación de Trapa, Ángel Amador, para MERCA2. En su empresa este ingrediente se ha sustituido por aceite de girasol y manteca de cacao, una medida más costosa en el proceso de producción, pero que la compañía asegura que no supondrá un incremento en el precio de los productos. 

Esta información es cuanto menos curiosa, ya que en palabras de la Fundación, “sustituir el aceite de palma por otros aceites vegetales o grasas animales requiere del uso de más tierras para un tonelaje equivalente, lo que resulta contraproducente para el medioambiente”. Sin olvidar que la preservación del mediombiente es uno de los puntos principales para la supresión del aceite de palma en muchas de las marcas. 

En Trapa consideran esta medida como un paso en firme y apuntan “inamovible” en la dirección de su política de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), que incluye otras medidas como la implantación de una maquinaria más eficiente y respetuosa con el medio ambiente.

OBJETIVO 2020

“Desde la Fundación se trabaja para que nuestro país se incorpore a los países de la Unión Europea firmantes de la Declaración de Ámsterdam y que se comprometa así a que el aceite de palma que se importe sea 100% sostenible en 2020”, apunta el asesor de la Fundación. Este acuerdo debe plantearse en un escenario muy diferente al actual, ya que las marcas utilizan “sin aceite de palma” como valor añadido en cuanto a la calidad de sus productos.

A pesar de que ningún organismo internacional se ha pronunciado para prohibir el uso del aceite de palma en la alimentación, son varios los mitos que le rodean y los fabricantes han tenido que posicionarse. Desde cáncer hasta cifras excesivas de consumo (se habla de 60 kilogramos per cápita en España), unos datos que el presidente de la Fundación Española del Aceite de Palma Sostenible, Roberto Torri, se ha encargado de desmentir en varias ocasiones. 

Malasia e Indonesia son los principales países suministradores de este tipo de aceite. Si entramos a valorar la economía local de ambos, se entiende el argumento que utilizan quienes se sitúan a favor del empleo del aceite de palma: en Indonesia, este sector genera 4,5 millones de empleos y favorece al desarrollo económico y social de las regiones.