Hace tres años, Barclays Bank decidió vender sus activos en España y abandonar el país después de cuarenta años de gestión con luces y sombras, en la que llegó a ser el undécimo banco del país. En 2014, La Caixa, como no tiene “suficientemente” concentrada su actividad en España, compró el banco, junto con su red de sucursales y el consabido pasivo laboral, en un país, como España, donde los empleados bancarios no se despiden, sino que se les prejubila con pensión permanente a cargo de los accionistas.

Hace unos días, otro de los históricos bancos extranjeros en España, Deutsche Bank, ha anunciado lo propio, que también deja España y que están a la venta sus activos, y como no, La Caixa también ha dicho que ¿por qué no? Más sucursales, más ladrillo y más empleados, y en el mismo cesto donde tiene todos los huevos. La verdad es que no hay como no tener dueño, y depender de las decisiones de una fundación política, para poder tomar decisiones “con el corazón”, en vez de con la cabeza.

Han pasado años desde que llegó la crisis, pero los indicadores de morosidad siguen siendo excesivamente elevados

Y es que el 80% de Caixabank está en manos de la Fundación Bancaria Caixa D’Estalvis y Pensions de Catalunya y de Criteria Caixa, al 40% cada una. Estas entidades han decidido que tener 6.000 sucursales en España con 33.000 empleados es bueno para la entidad y que, por tanto, no necesitan diversificar, y apuestan claramente por España como país con fundamentales sólidos, por lo que no hace falta buscar otros lugares donde se pueda realizar una gestión eficiente de los recursos aportados por los accionistas minoritarios, que al ser tan solo del 20%, no tienen posibilidades de ser oídos.

Pero el problema no es que La Caixa se quede con otro montón de sucursales y empleados, al fin y al cabo, tiene muy poco accionariado minoritario, aunque, si vinieran mal dadas, estos accionistas pretenderían que se socializaran las pérdidas, y siempre habría algún juzgado que dijera que se les engañó cuando invertían en bolsa, pero ese es otro tema. El problema real es el porqué de la salida de dos grandes bancos que históricamente habían formado parte del sector financiero español, y en tan solo tres años han decidido dejar la piel de toro. Tanto Barclays como Deutsche son dos multinacionales que eligen cuidadosamente el escenario de su actividad. Si en los años setenta apostaron por España es porque vieron que el “tardofranquismo” se acababa y que en nuestro país podía crecer más rápido que en otros países más desarrollados, y así conseguir un retorno superior.

¿Y si ahora se salen, por qué será? Cuando vemos las cifras de nuestros dos bancos multinacionales, Santander y BBVA, podemos observar que la “parte del león” viene de fuera, en lo que a resultados se refiere. Estos dos bancos, a pesar de la complicada situación financiera internacional, tienen posibilidades de diversificar sus fuentes de ingresos y asumir que no todo va a ir mal a la vez. Pero cuando nos fijamos en las cifras de la parte española, podemos comprobar que son especialmente endebles. ¡Cuánto más no lo serán para una entidad que todo lo que tiene lo tiene en España!

Han pasado ya unos cuantos años desde que explotó la burbuja inmobiliaria y, sin embargo, los indicadores de morosidad siguen siendo muy elevados, superiores al 9%, lo cual en comparación con otras épocas es una auténtica barbaridad, máxime cuando los bancos no se han esmerado en dar préstamos y créditos en los últimos diez años, y una buena parte de la basura se ha aparcado en el Sareb, hasta que se nos informe a los españoles del tamaño de la bofetada del bien llamado “banco malo”.

De Guindos fía a los bancos centrales parte de la mejora en bolsa de Bankia

Creo sinceramente que el Banco de España debería hacer un análisis serio de la situación del sector financiero español, de las ratios de sucursales y de empleados, de la política de prejubilaciones y, en general, del marco en el que debería desarrollarse la actividad bancaria española en el siglo XXI. Casos como el del Banco Popular, que todos sabíamos que estaba quebrado desde hace años, cuando Ángel Ron se quedaba con cualquier promoción inmobiliaria que no querían los demás (y los demás las querían casi todas), no deben volver a producirse. ¿Con qué cara puede el Gobernador del Banco de España decirles a los inversores en la anterior ampliación de capital del Banco Popular, que las cifras eran correctas, y que la continuidad de negocio de la centenaria entidad no corría ningún peligro?

No podemos seguir poniendo cortinas de humo para que los inversores bursátiles metan su dinero en entidades financieras que, hoy por hoy, son un riesgo sistémico importante, y que parte de ellas no podrán ni por asomo cumplir con los requisitos de Basilea III en 2019. El Gobierno continúa con su política de que no se cierra ninguna entidad financiera, y cuando alguna se tambalea, como BMN, pues se la fusiona con Bankia, y más de lo mismo.

Se pueden buscar otras razones para que Barclays y Deutsche se vayan de España, pero la de fondo, al menos para mí, está muy clara. España es un país que hoy por hoy tiene un nivel diferencial de riesgo respecto de otros países europeos, y si hay algo a lo que los banqueros tienen aversión es al riesgo soberano, salvo los españoles, que saben que, si les va mal, llegará el Gobierno y hará que todos los españolitos paguemos el agujero “a escote”.

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