Junqueras
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O, incluso, que lo enrede más aún. Al menos eso es lo que creen algunos de los protagonistas de las elecciones catalanas del próximo 21-D: “Yo creo que podemos estar abocados a una repetición de elecciones si el resultado de las próximas no permite ninguna formación estable de Gobierno en Cataluña”, me decía un dirigente del PP catalán.

¿Qué significa eso? De entrada, que ninguno de los dos bloques –independentismo y constitucionalismo- logre sumar la mitad de escaños más uno que será necesario para tener ese gobierno estable. Pero que incluso la tercera posibilidad, la de que haya un tripartito de izquierdas –PSC+ERC+En Comú Podem-, tampoco logre sumar, lo cual parece bastante probable. De hecho, según las encuestas, los comunes serían el único garante de esa estabilidad.

Es decir, que tanto si suman con el independentismo como si suman con el constitucionalismo, estaría en sus manos el futuro Govern. Y lo segundo es mucho menos probable que lo primero, aunque tampoco lo primero sería posible si el independentismo se mantiene en la idea de una DUI. Luego todo hace pensar que los actores cambian de estrategia, o con las actuales no será posible llegar a buen puerto.

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¿Qué significa cambiar de estrategia? Pues que, como ya empieza a apuntarse, ERC y el PDeCat abandonen la apuesta por la declaración unilateral, y se encaminen hacia el pacto con el Gobierno para forzar un referéndum con todas las garantías. Ahí sí podría unirse el partido de Ada Colau, aunque es bastante probable que un Gobierno de esas características fracase en su intento de pactar el referéndum y acabe, también, en unas nuevas elecciones a medio plazo.

Es decir, en el peor de los casos estaríamos enfrentándonos a una nueva campaña electoral dentro de seis meses. Y, en el mejor, en un plazo no superior a dos años. Lo que nadie da por hecho –salvo mayoría absoluta de alguno de los bloques- es que la legislatura vaya a durar cuatro años. Y es probable que en unas nuevas elecciones sí que se produzcan relevos importantes al frente de cada partido, es decir, que haya un cambio significativo de actores en el escenario catalán.

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