Juan Luis Cebrián llamaba a Pedro J. Ramírez en la tarde-noche del 23-F para sugerirle que Diario 16 realizase al igual que El País una edición especial con la que mostrasen su posición favorable a la Constitución.

Mucho han escrito ambos protagonistas de aquella llamada, con versiones contrapuestas: el primero le achaca al riojano que no tuvo valor para encender la rotativa y el segundo dice que no le faltaron arrojos, sino medios. Pero dejando a un lado su posición ante el esperpéntico golpe de Tejero, la llamada evidencia el poderío que tuvieron ambos protagonistas en la Transición. El primero como capo del periódico que marcaba el paso de la nueva etapa política y el segundo convertido posteriormente en contrapoder al felipismo. Ambas trincheras por aquel entonces parecían en sintonía y prueba de ello es que cuando echaron a Ramírez del juicio del golpe por publicar acusaciones extrasumariales, Miguel Ángel Aguilar (El País) se marchó de la mano con él.

Más de 35 años han pasado de aquel momento y Cebrián ya no disfruta del poderío pretérito. El origen de su caída se puede leer en ‘Prisa: Liquidación de existencias’, que acaba de publicar Luis Balcarce. El redactor jefe de Periodista Digital explica que el caído sustituto de Polanco “es el símbolo de un club de ricos petulantes ni proyecto ni liderazgo para España”. Esta mirada es compartida por algunos redactores de El País, que ahora dicen con ironía que el que fuera controvertido amo y señor del imperio Prisa “es un colaborador externo” del periódico que intentó seguir teniendo bajo su mandato tras su salida como CEO del grupo hegemónico de los últimos cuarenta años. Las cuentas le fallaron a Cebrián, que sacrificó línea editorial y prestigio hasta convertirse en uno de los ejemplos más linchados del establishment. Harina de otro costal es Ramírez, que denuncia una asfixia económica para provocar su salida de El Mundo y una mediática para justificar la falta de resonancia televisiva de El Español, que aun así se ha convertido en un transatlántico en número de visitas.

Pero estos dos ejemplos no son los únicos que sufren el crepúsculo que llevó a la gran pantalla Billy Wilder. Porque en otras empresas toca relevo: Mauricio Carlotti ha dejado la primera línea de fuego de Atresmedia, grupo que se convirtió en negocio bajo su mandato; José Antonio Sánchez cuenta los días para dejar su sillón en RTVE; en el Grupo COPE se ha confirmado la prejubilación de Rafael Pérez del Puerto, muy afectado por las denuncias públicas del locutor José Antonio Abellán; y en La Vanguardia existe un calendario de retirada para Javier de Godó.

Otros periodistas sin embargo dieron un paso a un lado hace tiempo: Luis María Anson dejó Planeta y tras no encauzar un proyecto con Intereconomía lanzó El Imparcial, digital que acaba de cumplir una década sin demasiada relevancia; José María García acumula tres lustros jubilado; y Luis del Olmo se apartó del micrófono para disfrutar del homenaje, sin olvidarse del espolio que sufrió. Otros veteranos del universo Prisa que trabajaron para Cebrián sin embargo aguantan al pie del cañón: Alfredo Relaño al frente de AS tras cumplir la edad de jubilación, Iñaki Gabilondo se mantiene en la SER y #0 y Pepe Domingo Castaño renueva año a año, ahora en COPE.

UN RELEVO MASCULINIZADO

Menos 3 de cada 10 directivos del sector mediático público son mujeres. Así lo asegura un estudio publicado por Luis Palacio en Digimedios. Entre los principales cargos directivos en organismos públicos, vemos que el porcentaje masculino alcanza un 73%. Y los números son poco esperanzadores: RTVE (88% de hombres), Castilla-La Mancha TV (80%), Agencia EFE (76%) y Canal Sur (75%), apareciendo tan solo la Televisión Canaria como modelo de paridad (50%).