El Corte Inglés

En 2015, cuando El Corte Inglés lo estaba pasando mal tras ocho años acumulados de crisis económica en su cuenta de resultados, apareció, como un caballero blanco, el Jeque Hamad Bin Jassim Bin Jaber al Thani para echar un cable (bueno, para algunos una soga, de efectos retardados, al cuello). La nada desdeñable cifra, 1.000 millones de euros en efectivo. Los que siguen en MERCA2 este serial de Falcon Crest, ya saben que para nosotros Jeque Hamad Bin Jassim Bin Jaber al Thani es coloquialmente “el Jeque Hamad”.

Pues bien, el Jeque Hamad ha sido durante 2 décadas el responsable de la política exterior de Qatar, cargo que dejó hace dos años cuando su primo hermano cedió el cargo de Emir a su sobrino. The Independent llegó a referirse a él como “El hombre que compró Londres” por sus fastuosas inversiones, entre ellas los almacenes Harrods.

Hoy, el Jeque Hamad no es más que un prestamista. Pero durante julio de 2018 se convertirá en el tercer máximo accionista de El Corte Inglés, tras la Fundación Ramón Areces e IASA (Empresa de Isidoro Álvarez con las hermanas Álvarez Guil y Dimas Gimeno como accionistas).

El Jeque Hamad podría además cobrar los intereses de su préstamo, 225 millones de euros, en efectivo. Ojo, esos intereses son un 22,5% de la inversión, que no está nada mal, tres años después. Pero si no desea cobrar en efectivo -cosa probable, debe estar oliendo ya la sangre como veremos a continuación-, puede capitalizarlo en acciones, con lo que tendría hasta un 12.25% del capital. Para más inri según la evolución del Ebitda podría conseguir un 1% más, cosa que sucederá con seguridad. Con todo ello podría cerrar el año con una participación cercana al 14%.

Y ojo que tuvo mérito la entrada del Jeque entonces. En 2014, antes de su desembolso, un importante grupo mexicano analizó en Madrid en un prestigioso bufete de abogados, una inversión similar en los grandes almacenes, y tras analizar las cuentas de El Corte Inglés salieron despavoridos, rechazando de plano entrar en el capital.

El actual problema accionarial de El Corte Inglés, con Cristina y Marta Álvarez Guil haciendo frente a otros accionistas, e intentando conseguir el control absoluto por aplastamiento, beneficia la posición accionarial del Jeque. Hoy, Hamad Bin Jassim Bin Jaber al Thani, sólo tiene que observar en la distancia como madura la fruta antes de caer del árbol. Debajo estará el para recogerla, es el único solvente y paciente como para ello. Esto ha generado preocupación y alarma del Gobierno que preside Mariano Rajoy, que mantiene en las últimas semanas, una fluida interlocución con su presidente, Dimas Gimeno.

Se ha llegado a publicar que las opciones que las hijastras de Isidoro Álvarez dejan al actual Presidente, son pocas. Obligarle a dimitir (comprándole sus acciones y con una importante indemnización que él rechaza) o ser cesado. Un escenario aterrador. Ese escenario parece obviar de manera torpe, que Dimas no sólo es Presidente de la empresa, sino que es, junto a su madre María Antonia y su tío César Álvarez, uno de los accionistas de referencia.

No sólo los Gimeno Álvarez (tanto Dimas, como su madre y su tío, hermanos de Isidoro), el resto de accionistas, entre los que están las familias Areces Galán y García Miranda podrían aprovechar la coyuntura y tener la tentación de vender su paquete accionarial. No sólo harían dinero liquido, sino que además podrían cobrar una prima sobre el precio de mercado por ello.

Si yo fuera accionista de El Corte Inglés, y estuviera harto de tantas presiones, ¿a quién vendería? Al único accionista solvente a esos niveles, como para -si ya no se ha hartado del sainete-, comprar los paquetes acciones. Llegados a ese punto el Jeque les ayudará a hacer esa reflexión. Entre todos ellos sumarían un 20-25% del grupo que, si se pusiera en el mercado, y teniendo los actuales socios derecho de tanteo, muy posiblemente caerían en manos del único socio que tendría liquidez suficiente para afrontar una operación de esa envergadura. Nuestro amigo, el Jeque Hamad.

No olvidemos tampoco, y es un dato importante, que en el contrato que marcó la entrada del Jeque Hamad en El Corte Inglés, hay un compromiso contractual, firme y escrito, de estudiar la salida a bolsa de la empresa. Esta salida a bolsa tal y como se están desarrollando los acontecimientos, empieza a pasar de ser deseable a necesaria. Esto debe estudiarse sí o sí por compromiso contractual con el Jeque. Yo, que ellos, no le vacilaría mucho y cumpliría a rajatabla los compromisos adquiridos.

¿Quiere eso decir que la empresa acabará cotizando? No necesariamente. En su momento y con habilidad Dimas Gimeno estableció una cláusula por medio de la cual, si bien se debería estudiar la salida a bolsa, el consejo tendría la última palabra decisoria, reservándose el derecho de aprobarlo o no. Hoy, el consejo, totalmente controlado por las hermanas Álvarez Guil, no aprobaría la salida a bolsa. Al Jeque no le va a hacer mucha gracia.

El motivo es sencillo. La obsesión de Marta y Cristina es controlar la empresa. Se consideran ellas mismas, obviando que el accionariado está polarizado, “la propiedad”. Confunden control accionarial -que es temporal, se ejerce de prestado, y debe hacerse forma integradora-, con la propiedad firme y activa. En realidad, ellas sólo disponen del 15% del Corte Inglés. No son ni Ramón Areces ni Isidoro Álvarez.

En roman paladino: no es lo mismo ser dueño del cortijo, que tenerlo a medias con otros familiares. Pero no, a algunos no les entra en la cabeza

En ese escenario de posible no salida a bolsa, el Jeque puede hartarse y exigir salir del accionariado (a ver quién es el guapo que le compra y cómo paga, en medio del problema reputacional y accionarial, desde la caja de El Corte Inglés, los intereses generados), o ir comprando a los accionistas descontentos, cubrirles de oro, y hacerse, poco a poco con la compañía. A medio plazo es un escenario que cada vez cobra más visos de realidad.

La no aprobación de salida a bolsa, acercaría la posibilidad de que los otros familiares, a los que se les estaría negando la gestión y también, sin una OPV la liquidez, decidieran vender. La postura poco transigente e integradora de las hijas de Isidoro Álvarez, nos estaría abocando hacía el aterrador escenario para el país, de un “Corte Inglés de la Media Luna”.

A día de hoy, parece batalla pérdida, es tal la obsesión de control, que ni la mediación de Juan Abello, suegro de Marta Álvarez Guil, les ha hecho entrar en razón

El Corte Inglés de la Media Luna

En ese escenario potencial, hipotético sí, pero factible a corto y medio plazo, el Jeque Hamad, no tendría ningún problema en ser generoso y pagar una excelente salida a los accionistas. ¡Será por dinero! Así se haría hasta con un 40% del grupo. Las consecuencias claras. Una participación de control, por encima de la que hoy tiene la Fundación Ramón Areces. Esto haría de facto que El Corte Inglés dejará de ser una empresa española con todas las consecuencias que eso implicaría. Y son muchas, en primer lugar, para el empleo en nuestro país.

Hoy, los grandes almacenes son uno de los campeones del empleo en España. Generan unos puestos de trabajo directos de cerca de 100.000 personas, pero el empleo indirecto se va, según diversos estudios, hasta cerca de 300.000 españoles.

Si la empresa se convirtiera de facto en una compañía controlada por la familia real de Qatar, como accionista de referencia, las consecuencias para el empleo en nuestro país serían dramáticas. A ellos, como te puedes imaginar, lo de la “marca España” y el empleo en nuestro país les importa un carajo. Quieren rentabilidad y control.

El Corte Inglés tiene una menor rentabilidad que sus iguales a nivel mundial. Llega incluso a tener la mitad de margen de beneficio sobre ventas que algunos de ellos, como puede apreciarse en el gráfico a continuación:

Rentabilidad El Corte InglésLa manera más rápida y efectiva de aumentar esa baja rentabilidad, y por lo tanto mejorar el beneficio neto sobre ventas, es por medio de una notable reducción de la masa salarial.  Vamos, echando españolitos a la calle.

Ese hipotético escenario, provocaría la exponencial salida de miles de empleados de los grandes almacenes. Si bien esto podría ocurrir con cualquier administración, parece claro que, en el caso de pérdida de españolidad de la empresa, con un socio de referencia Catarí, eso está más que garantizado.

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