Facebook Google Amazon

Cada día más personas alrededor del mundo comprenden los riesgos a los que nos enfrentamos en el mundo digital. Pero aún hay mucho trabajo por hacer.

Nos hemos transformado en 30 años en una sociedad rápida y cortoplacista, que a duras penas acepta esperar y nunca mira el largo plazo. Hay empresas que lo aprovechan presentándose como lobos con piel de cordero.

El usuario promedio se queda deslumbrado, mirando la piel de cordero, rara vez ve la dentadura del animal que la cubre. Y los que acaban por darse cuenta pierden suficiente tiempo en ello como para que les hayan robado la cartera.

Facebook, Google y Amazon son un triunvirato que tienen muchas cosas en común. Las tres son empresas americanas, las tres han sido extremadamente efectivas en el lograr réditos a su tecnología disruptiva, y las tres han utilizado al usuario de manera hábil, en un modelo de negocio similar. Bajo el claim “user first” nos han ofrecido una ventaja. Un excelente buscador, correo electrónico gratuito, recuperar contacto con amigos y familiares, compras inmediatas y cómodas a bajo precio con envíos muy rápidos. La ventaja que ofrecen es la luz y nosotros las polillas. Nos coleccionan por millones, pero no somos clientes ni usuarios; somos datos en una gigantesca urna de cristal. El usuario promedio no lo comprende y lo celebra. Se limita a sentirse atraído por la luz y dejarse llevar; debe haber una reflexión detrás.

El modelo de negocio de estas empresas es excluyente de competencia. Canibalizan a quien tiene un modelo de negocio similar. Fagocitan y engullen mercados enteros. Utilizan todas las ventajas a su alcance, éticas o no, para mostrar la ilusión de que están de parte del usuario. Este les defiende y lleva en volandas. Evangeliza en su nombre. Abraza sin reflexión previa sus productos y novedades. Craso error. Para estas empresas, aunque quieran hacerte ver lo contrario, no eres el pescado; eres el cebo.

Para empresas como Facebook, Google y Amazon, no eres el pescado: eres el cebo

Amazon, Google y Facebook, utilizan su ventaja tecnológica , con fantásticos servicios, para ponerlos en manos de millones de personas en todo el mundo. Por supuesto que es útil ser miembro de Facebook, la vida sin Google o Android sería más anodina, y claro que mola que Amazon te entregue sin gastos de envío cualquier cosa en 24 horas. Aunque no lo necesites, ni requieras que ese sea el plazo. Que sea útil no quiere decir que sea un consumo socialmente responsable, que sea ético, y ni mucho menos que sea gratis para nosotros y no tenga coste social que tendremos que pagar a medio plazo todo.

Amazon, Google y Facebook, empresas-nación

Las empresas de las que hablamos, sirven a un único Dios. El dato. Y el dato no viene sólo, el dólar es su profeta. Quieren nuestros datos, quieren nuestra admiración y quieren nuestros mercados. Son parásitos en una relación simbiótica con todos nosotros. Nos dan y nos quitan. Sólo vemos lo primero, cuando lleguemos a ver lo segundo con claridad, ya será demasiado tarde. Que sean útiles y sea cómodo dejarse seducir, no quiere decir que sea justo, ni que el precio a largo plazo sea razonable. Lo barato, a la larga siempre es caro, y cada vez más personas hacen esta reflexión. Pero aun no son suficientes para provocar cambios estructurales, y que el legislador despierte.

No nos podemos permitir, y mucho menos en Europa, una sociedad dominada por un pequeño grupo de enseñas internacionales. Es tal la potencia que tienen, que muy pocos son los mercados que se atreven a regularlas. Tan sólo los regímenes autoritarios tienen fuerza suficiente, cara a sus propios ciudadanos, como para intentar reglar la invasión.

Igual que el poder político no ayudará per se a una empresa, tampoco la perjudicará si eso es echarse encima las criticas de millones de felices usuarios. Esa es la ecuación que utilizan para acabar instalándose en los mercados y acabar con los players autóctonos. Si nos parece que los políticos son cortoplacistas por pensar en bloques de 4 años, los usuarios lo somos aun más. Pensamos en muestro interés personal inmediato, no en el futuro ni en el colectivo. Y así nos va a ir. Como tantas cosas es un problema de conocimiento, y en segundo término, de educación.

Esta tipología de empresas compite en mercados con una ventaja añadida. Sólo tienen la obligación de cumplir con la legislación según les interese. A nivel fiscal, de protección de datos etc, juegan con tener sede local en los países donde operan o una sede europea global, o en Estados Unidos. Se ciñen a la ley que más les interesa, y si hay algún problema manda un requerimiento a ver si te atienden. Los gobiernos locales son unos peleles sin autoridad sobre ellas. También la administración de justicia que les manda requerimientos “a ver si hacen caso”. Que le digan por ejemplo a los fundadores de Tuenti como era una competencia con el gigante Facebook en los primeros años, los americanos podían saltarse a la torera las normativas de protección de datos, mientras los españoles, estaban obligados a cumplirlas escrupulosamente.

Hace años César Alierta, ex presidente de Telefónica hasta 2016, tuvo una intervención pública poco comprendida, y criticada, pero el hombre tenía más razón que un santo. En ella manifestaba que estas empresas, aterrizan para conquistarnos, no invierten, utilizan las redes, las saturan y hacen que sea necesaria más inversión que ellas. Pero ellas por supuesto no la afrontan. Las redes son una enorme inversión y requieren de un evidente esfuerzo de despliegue por parte de los operadores locales, que, si acatan las leyes, tributan en el país, generan empleo y que, para colmo son considerados como “los malos” por los usuarios.

Facebook, Amazon y Google apenas dan empleo en España a más de 3.000 personas entre todos ellos. Facebook pagó 187.000 euros de impuesto de sociedades en España en 2016. Amazon (se supone que factura en España 3.500 millones) 1,9 millones. Google (se supone que factura en torno a los 1.000 millones), sólo tributo por 6,4 millones. Se trata de un fraude de cientos de millones de euros cada año. Montoro prefiere perseguir futbolistas.

Estas cifras son irrisorias y mientras las demos como buenas, simplemente porque nos gusta el servicio que nos dan, no se solucionará el problema de fondo, ni nadie le pondrá el collar al gato. Y ya toca.

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