Uno de los temas candentes de la actualidad es la inversión de la curva de los tipos de interés, que se ha producido ya en Estados Unidos. Esto es una de las señales de recesión más precisas y más extendidas. La curva se invierte cuando los tipos a corto plazo son superiores a los tipos a largo plazo. Esta señal de mercado ha precedido a todas las recesiones al otro lado del Atlántico en los últimos 50 años.

Los tipos a corto plazo suelen subir durante los ciclos de ajuste de la Reserva Federal. Los tipos a largo plazo pueden bajar cuando hay una gran demanda de bonos. Una curva de rendimiento invertida es una señal bajista.

Según Darrell Spence y Jared Franz, economistas de Capital Group, esto indica que “muchos inversores se están dirigiendo hacia el refugio seguro que se percibe de los bonos del Estado a largo plazo en lugar de comprar activos de mayor riesgo”.

En diciembre de 2018, la curva de rendimiento entre los pagarés del Tesoro de Estados Unidos a dos y cinco años se invirtió por primera vez desde 2007. Otras partes de la curva, como los rendimientos a dos y diez, dos de los bonos más comunes no se han invertido hasta ahora. Sin embargo, incluso una curva de rendimiento invertida en ese rango no es “causa de pánico inmediato,” ya que normalmente siempre se ha producido “un retraso significativo (16 meses en promedio) antes del inicio de una recesión”, apuntan estos expertos.

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Existe el debate sobre si las intervenciones de los bancos centrales en el mercado de bonos han distorsionado la curva de rendimientos hasta el punto de que ahora puede ser un indicador económico menos fiable, pero eso está por verse.

Para Mondher Bettaieb, director de crédito de Vontobel AM, lo que es más importante a este respecto es el número de días que “persiste esta inversión de la curva”, pero teniendo en cuenta que “la Reserva Federal incrementará el volumen de compra de bonos del Tesoro, tal actividad distorsionará y podría distorsionar la forma de la curva de tipos”. Así, la Reserva Federal “no se preocupará por la inversión actual”, a menos que persista hasta la reunión de la institución monetaria de junio.

Bettaieb cree siguiendo este mismo argumento que la mejor herramienta para predecir una recesión es el hecho de que la Reserva Federal “recorta los tipos de interés antes de que se produzca una recesión”. Algo que ya ha sucedido en 1990, 2001 y 2007. Tras un recorte de tipos la recesión se materializó de media entre 6 y 9 meses después.

De esta manera, si la Fed recorta los tipos de interés, digamos que el próximo diciembre, podríamos esperar que comience “una recesión a mediados del año que viene”. Aunque no es el escenario base de la mayoría de los expertos.

¿PUEDE AFECTAR A LOS MERCADOS?

No existe una correlación significativa entre una inversión de la curva de tipos y la rentabilidad futura de las bolsas. Sin embargo, según el Banco de la Reserva Federal de San Francisco, durante los últimos 60 años, todas las recesiones en Estados Unidos estuvieron precedidas por una curva de tipos invertida, con un retraso de entre 6 a 24 meses entre el evento de inversión y la recesión.

Tal y como señala Volker Schmidt, Senior Portfolio Manager de ETHENEA Independent Investors, hay que matizar que no todas las curvas invertidas “van seguidas de una recesión, como vimos más recientemente a mediados de los años sesenta”. Si la economía norteamericana entrara finalmente en recesión, “veríamos que en términos generales los valores del índice S&P 500 corregirían de media en torno a un 5% en el año anterior a entrar en recesión”.

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Schmidt sostiene que todos los ciclos económicos terminan en una recesión; por lo tanto, la pregunta obvia es cuándo podemos esperar la próxima. En este momento, los inversores necesitan averiguar si sus inversiones actuales están enviando una señal correcta o falsa sobre una posible recesión en EE.UU. Las emisiones del Tesoro de EE.UU. están siendo dominadas por vencimientos a corto plazo y, como tal, mantiene los rendimientos a corto plazo en un nivel artificialmente alto.

En otro orden, la oferta de bonos del Tesoro a más largo plazo está aumentando lentamente. Existen otros factores técnicos, incluyendo el fin del QE, así como la demanda de los inversores extranjeros de bonos del Tesoro a largo plazo, lo que, según considera Schmidt significa que “la señal actual es falsa. Los pronósticos económicos aún vaticinan un sólido crecimiento, tanto en Estados Unidos, como en el resto del mundo, en 2019 y 2020”.

De esta manera, un inversor de éxito debería continuar basando sus decisiones en el desarrollo del conflicto comercial entre Estados Unidos y China, la política del banco central y el crecimiento de los beneficios empresariales, y prestar menos atención a la reciente señal de la curva de tipos.

Una solución a la guerra comercial, que sigue sin concretarse en el horizonte, apoyaría un buen desempeño de las bolsas mundiales. Sin embargo, como no se espera que este conflicto se resuelva en un futuro próximo, el experto recomienda que hay que “seguir siendo prudentes”. Debido a la limitada presión inflacionaria, cabría esperar que “los rendimientos se mantengan en niveles bajos, lo que podría hacer que el precio del oro subiera aún más”.