Que el articulista estrella de un periódico cargue desde las páginas del mismo contra el director del rotativo se puede calificar al menos de crisis interna. Es el caso de La Razón, periódico que ha arrancado el curso intentando olvidar las filtraciones judiciales que dejaron a los pies de los caballos tanto a su presidente, Mauricio Casals, como a su director, Francisco Marhuenda. Más grave fue lo del ex consejero delegado de su empresa editora, el hoy encarcelado Edmundo Rodríguez Sobrino. Tras estos líos, La Razón arranca el curso pretendiendo mejorar su difusión gracias a la promoción de un robot de cocina que dicen regalar. Pero esta paz no se ha instalado en la redacción del periódico de Planeta por el dardo de J.J. Benítez en una entrevista concedida: “Antes leía más La Razón. Lo que me gustaba del periódico era la confección, lo que ahora se llama el diseño, me parece muy dinámico y atractivo. También he leído muchas veces la última página de Alfonso Ussía, pero no estoy de acuerdo con él porque es muy yihadista”.

Ussía ni corto ni perezoso ha hablado desde las páginas del periódico en el que colabora de sus años en ABC para contraponerlos con los que vive La Razón: “Un periódico tiene que ser libre y huir de hipotecas innecesarias. El colaborador de un diario sabe que puede ser criticado en sus páginas con la misma libertad que él disfruta para opinar. Pero una cosa es la crítica y otra muy diferente el insulto. El insulto a un colaborador de la casa, se matiza antes de publicarlo, siempre que haya responsables que se lean el periódico. En mis tiempos de ABC, que fueron los duros y terribles de la ETA, mi nuca estaba marcada por los terroristas. Mi nuca, la de mi mujer y las de mis hijos. Los lectores de ABC, coincidentes en la lucha contra el terrorismo, discrepaban en otros asuntos, y sus cartas de protesta se publicaban con toda libertad. En ellas fui duramente amonestado en algunas ocasiones, pero si alguien, en aquel período, me hubiera calificado de «proetarra», el director habría tirado el insulto injusto e infame a la papelera”.

Pero el párrafo que puede provocar que la sangre llegue al río es el siguiente: “Si injustamente, un escritor dice en mi periódico que soy excesivamente yihadista, yo tengo todo el derecho de responderle en las mismas páginas que él es excesivamente gilipollas, y me quedo corto. Estoy seguro que de haberlo visto, el director lo habría matizado. Pero está entregado a la defensa de la pasividad de Rajoy y no ha leído el periódico ni la entrevista al majadero de J.J. Benítez”. No sabemos cómo reaccionará Marhuenda ante la cornada provocada por su articulista estrella, al que le unen condenas por haber acusado Ussía a Messi de dopaje. Quizás La Razón mantenga su política “rajoyesca” de utilizar el transcurso del tiempo como mejor medicina para solucionar problemas y hacer olvidar escándalos.

La sintonía entre Ussía y La Razón parece no pasar por su mejor momento. Recuerden que en abril del pasado año el periodista publicó el siguiente dardo contra sus jefes:
“No entiendo los silencios corporativos. En mi periódico apenas se ha comentado la vergonzosa y almibarada entrevista de Évole a un terrorista recién libertado. Una impostura. La Sexta, que invierte una buena parte de sus horas criticando a Soria, apenas se ocupa de otros dineros (…) No es cierto que La Razón y La Sexta formen parte de la misma empresa. Sí comparte al accionista de referencia, pero el resto del accionariado de La Razón nada tiene que ver con la Cadena inclasificable que Soraya Sáenz de Santamaría obligó a rescatar de la quiebra”. Cierto es que Ussía también tiene tiempo de meterse en otras polémicas. La última la ha protagonizado en Twitter al haber insultado a Nacho Escolar, director de eldiario.es, porque éste se preguntó si era lícito el despido de una trabajadora por haber deseado una violación en manada a la diputada del Parlamento de Catalunya y portavoz de Ciudadanos en el mismo, Inés Arrimadas.

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