Fuente: Página oficial de la cantante Lady Gaga

Actores, futbolistas, cantantes, presentadores,… La lista de fiascos emprendedores que protagonizan las celebrities es interminable. Da para varios reportajes, confirmando que la fama y el dinero son sólo dos pequeños factores que pueden impulsar un emprendimiento hacia el éxito. Pero no lo asegura.

Que se lo digan a Ashton Kutcher, Bertín Osborne, Lady Gaga, la familia Bardem, Britney Spears, Iniesta, Nicolas Cage, Hulk Hogan, Eva Longoria, Naomi Campbell,… Diversas personalidades que tienen fama, éxito y dinero, gracias a su profesión habitual. Sin embargo, cuando han invertido en otros ámbitos, los resultados han sido bien distintos.

La restauración, la gran ruina de los famosos

Con España batiendo récords de turistas extranjeros, y con una industria turística puntera a nivel mundial, parece difícil fracasar en el sector de la restauración. Pero es, sin duda, el verdadero talón de Aquiles de los famosos que inician aventuras empresariales.

Bertín Osborne abría su primer “Rincón de Bertín” en 2016. Un negocio que, como él mismo ha reconocido en diversas apariciones televisivas, tenía la intención de franquiciar. Su primera apertura se anunció a bombo y platillo en Valladolid, en el mes de abril del pasado año. Apenas ocho meses después, el cartel de “Se Traspasa” ya lucía en la puerta, según informaban diversos medios de comunicación locales. En el Plan de Negocio inicial de Bertín Osborne Alimentación, se hablaba de franquiciar cien establecimientos entre 2016 y 2019. De momento, sólo existe un ‘Rincón‘ en Madrid, a donde se trasladó tras el fracaso vallisoletano.

La Bardemcita: un problema para los Bardem

No es el único fiasco en este sector. Famosos nacionales e internacionales han realizado operaciones nefastas en el ámbito de la restauración. La familia Bardem cerró, no sin polémica, el restaurante “La Bardemcilla de Santa Ana”, ubicado en Madrid.

Los Bardem tuvieron que elaborar un comunicado, ante el revuelo generado por un ERE que mandaba a la calle a sus empleados, en las condiciones de una reforma laboral contra la que se habían manifestado previamente. Según explicaron, el expediente de regulación de empleo fue iniciado por su asesor jurídico, al cesar la actividad de la compañía. Pero, una vez que tuvieron conocimiento, dieron “instrucciones a la administradora de la compañía para que se proceda de inmediato a retirar el expediente de regulación de empleo y así mismo se proceda a liquidar las indemnizaciones (…) que superan incluso las cantidades que fija actualmente la ley, en atención a la larga relación laboral entre La Bardemcilla y sus empleados”, según rezaba dicho comunicado.

Abrir un restaurante: fiascos internacionales

La apertura de una cadena de restaurantes ha sido el gran sueño (y el gran fracaso) de otros muchos artistas, también de talla internacional. Britney Spears intentó, sin éxito, poner en marcha Nyla. Problemas sanitarios y mala publicidad acabaron con la vida de esta iniciativa empresarial, en menos de seis meses.

Hulk Hogan probó suerte con una cadena de restaurantes de comida italiana (Pastamanía), que fue promocionada a bombo y platillo en los combates de la famosa World Championship Wrestling. Una campaña de marketing que no fue suficiente para proceder a su cierre. No llegó al año de vida.

Eva Longoria consiguió registrar pérdidas por valor de 76.000 dólares al mes, acumulando una deuda total superior a los cinco millones de euros, con la gestión de su restaurante ‘Beso’. En realidad, los inicios fueron buenos. La primera franquicia de ‘Beso Restaurant’ estaba ubicada en Hollywood. Pero la apertura en Las Vegas de un segundo restaurante, con bar de copas incluido, fue el detonante que generó la mencionada deuda, según diversas informaciones publicadas en The New York Daily News.

Muchos años antes, en la década de los 90, las top model del momento se reunían para crear Fashion Café. Christy Turlington, Claudia Schiffer, Elle Macpherson y Naomi Campbell cometieron uno de los errores básicos del emprendimiento: buscar un socio inadecuado. Los principales inversores del negocio fueron acusados de fraude y blanqueo, lo que afectó al negocio que terminó cerrando tres años después de su apertura.

Ya como estrella internacional, aunque volviendo a casa, analizamos el caso de Antonio Banderas. Admirable en su intento por emprender, el actor ha cosechado sonoros cierres. Bien es cierto que nos deja una buena lección de emprendimiento: volver a levantarse. El primero de sus fracasos en el mundo de los negocios llegó con La Posada de Antonio. Al igual que en el caso de Eva Longoria, su primer local fue un éxito rotundo. Fue inaugurado en Málaga en 1995. Sin embargo, su aspiración de convertirlo en una gran cadena, con cientos de franquicias, acabó por hundir la base. Según un artículo de la revista Tiempo, del año 2010, las cuentas presentadas en el Registro en el año 2004 establecían un déficit de dos millones de euros y una deuda de nueve millones.

Más allá de la restauración

El ladrillo tampoco ha funcionado a muchos famosos. El futbolista Andrés Iniesta tuvo que frenar la actividad de Construcciones Albiniesta SL. Su último depósito de cuentas data de 2007. A partir de este momento cayó su actividad, y sus últimos movimientos registrales se refieren al año 2013. Aquí encontramos acto inscrito por la empresa en el Juzgado de lo Social, en torno a una declaración de insolvencia.

Los últimos cambios, según la base de datos empresarial Axesor, son una nueva información judicial y administrativa, y una nueva información de crédito. Pistas que hablarían de un resurgir del negocio, aunque sin confirmar si el futbolista está detrás de este hipotético levantamiento de su antigua SL.

Nicolas Cage tampoco se movió con soltura en el ladrillo, al adquirir un castillo en Alemania por 2,3 millones. Sin contar con ello, y una vez realizada esta fuerte inversión, Cage tuvo que gastar el doble de lo ya aportado para renovar el exterior del edificio. Posteriormente, y ahogado por otras deudas, se vio obligado a deshacerse de la propiedad, a pesar de lo ya invertido en ella, por un valor inferior.

Para alcanzar el éxito hay que fracasar

Uno de los inversores famosos más activos en los últimos años es Ashton Kutcher. Aunque acumula algún éxito a sus espaldas, y los analistas le colocan como uno de los inversores con mayor olfato, también ha cosechado fracasos. El más sonado, el de la startup Secret. En cuatro meses de vida, allá por el año 2015, era la sensación en Silicon Valley. Fuertes apuestas en marketing, un crecimiento imparable y capital de sobra para crecer. En gran parte, de la mano del actor estadounidense que en ese momento no podía imaginar lo que vendría después. Un año después, esta aplicación, que permitía la difusión de comentarios anónimos, terminaba por desaparecer.

Las redes sociales han dado más disgustos a los famosos. Uno de los mayores batacazos en el ámbito startup es el protagonizado por Lady Gaga y su proyecto Backplane. La empresa perdió fondos de inversión por valor de 19 millones de dólares, declarándose en quiebra en 2015. En 2011 llegó a ser valorada en 40 millones de dólares, pero es un claro ejemplo de burbuja del emprendimiento. El único producto de Backplane fue LittleMonsters.com. Una red social para seguidores afines a la cantante, que buscaba convertirse en un espacio de alta calidad para compartir fotografías. Y que se quedó en el camino.

En definitiva, ejemplos de que la fama y el dinero no lo son todo. Al menos, no es lo primordial para triunfar en el mundo de los negocios. El famoso no da la viabilidad.

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