Banco de España

Las posturas entre reguladores y bancos, en especial en España, no solo parecen irreconciliables, sino que cada vez que uno toma la palabra lo utiliza como arma arrojadiza. Vuelan los cuchillos, que dice el refranero español. La última en tomar la palabra, que de seguro no lo será por mucho tiempo hasta las siguientes declaraciones, fue la subgobernadora del Banco de España, Margarita Delgado, que en un desayuno organizado por KPMG, este pasado miércoles sobre los retos del sector financiero, no dudó en cargar contra las entidades españolas por su baja solvencia y alta rentabilidad (excesiva para ella, insuficiente para los inversores) frente a sus pares europeos, hasta el punto de que podemos adivinar de que está noche ha dormido como un niño.

La subgobernadora utilizó en su intervención a lo largo del desayuno la afamada táctica de la pregunta mamporrera, aunque esta ocasión más que interrogante fue una afirmación rotunda. Dejaremos en este punto para los grandes lingüistas, incluso en cualquier idioma, si Delgado creó la nueva enunciación mamporrera, pero si no lo consiguió no fue por falta de intención, eso seguro.

La mujer fuerte del BdE comenzó su intervención para recalcar las “indudables fortalezas comparativas” de los bancos españoles, para después (una vez bien ajustadas las monturas de sol pertinentes para los zascas) atizarles sin la más mínima piedad: “Algo que debería hacernos reflexionar sería por qué nuestras entidades que, de partida, presentaban niveles de solvencia más bajos que la media europea y que además han mantenido una rentabilidad media superior a su grupo comparativo durante este periodo, no sólo no han reducido la diferencia de partida en los niveles de solvencia, sino que ésta se ha acrecentado”.

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Pese al sonoro golpe anterior, Delgado (todavía armada con las gafas de sol que le permiten a uno convertirse en héroe de los mejores vídeos del formato ‘Thug Life’) todavía tuvo tiempo para pedir a las entidades, eso sí con el mayor toque de distinción y clase como exige un puesto como el suyo, que nada de llorar (porque las exigencias son muy altas, dicen las firmas bancarias) en contra de los designios del todopoderoso regulador: “Parece claro que nuestra banca considera que se ha sido muy exigente respecto a sus necesidades de capital, pero, mirando la evolución comparativa, me pregunto qué pensarán las entidades en el resto de países de la Eurozona que sí han reforzado significativamente sus ratios de capital”.

Uno diría que tampoco era necesario hacer más sangre, pero Delgado quiso ampliar ventaja por si acaso se necesitaba para el partido de vuelta, y cerró su intervención recordando que “la experiencia muestra que, tristemente, es casi siempre bajo presión cuando se acometen las reformas”. Ahora sí, una vez dejó bien claro que ellos no tenían ni un ápice de culpa (que en el fondo son muy tiernos) en todo ello, simplemente se han visto obligados por la desobediencia de los bancos cerró su intervención.

LAS TRAMPAS AL SOLITARIO DEL BANCO DE ESPAÑA (Y EL BCE)

Por suerte o por desgracia para las entidades, el BdE (de la mano del BCE) tiene razón. Aunque también, para suerte o desgracia para el regulador, los bancos (nos centraremos en los españoles) tienen razón. Por un lado, es verdad que las entidades españolas cerraron el 2018 entre las más rentables (medido como beneficios entre fondos propios, que es básicamente el capital, y que se utiliza como medida de remuneración al capital) de la zona euro con un ROE del 8,2% (igualado con los bancos holandeses), según datos del BCE.

Banco España
Margarita Delgado, subgobernadora del Banco de España

El problema es que eso lo han conseguido gracias a que su capital es más pequeño, con ello el denominador de la ratio se reduce. Así, por ejemplo, si la banca española tuviera de media un Tier 1 (medida de capital) del 15,6% como las entidades francesas, su rentabilidad se reduciría aproximadamente al 6,9% (las galas cerraron con un Roe del 6,5%). Si tomamos como ejemplo las cifras medias de la Unión Europea se entiende todavía más que la única ventaja de las españolas es tener menos capital, ya que si aumentan su Tier 1 al 17,1% la rentabilidad caería al 6,4%, frente a una media del 6,6%.