Cordobés de nacimiento y malagueño de adopción, Antonio Vázquez no fue siempre un ejecutivo con un sueldo de más de 600.000 euros anuales. El presidente no ejecutivo de IAG, grupo resultado de la fusión de Iberia con British Airways, pasó su juventud alternando los estudios de Económicas con los partidos de fútbol en el barrio de El Palo, enclave de pescadores en la Costa del Sol que hoy en día se ha convertido en una zona residencial con esencia marinera. Eran los años setenta del pasado siglo, una etapa convulsa que en España también tuvo su componente rebelde, contagiando a un joven Vázquez que cuando no iba a clase pasaba las horas en la tuna.

De aquella época el ejecutivo español aún recuerda las huelgas, los novillos y la eterna presencia de los grises en el campus de la facultad, pero sobre todo Vázquez añora la voluntad de cambio de aquellos años en los que la historia de España estaba a punto de ser reescrita por enésima vez. 

Este directivo de altos vuelos comenzó su carrera en Arthur Andersen, como tantos y tantos prebostes del empresariado español que se forjaron en aquella firma que cayó en desdicha tras el fraude de Enron en Estados Unidos (EEUU). La disciplina y las extensas jornadas laborales que le inculcaron en la consultora, junto con la necesidad de tener siempre la maleta preparada para salir pitando a cualquier lugar del globo, fueron elementos determinantes para forjar su personalidad. De hecho, sin haber cumplido aún los treinta años aceptó una oferta de Osborne para dirigir su negocio en México, tarea que realizó con nota a pesar de que, como el mismo confesó, la empresa estaba al borde del abismo financiero.

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Tras un periodo en el Grupo Domecq recaló en Tabacalera, comenzando así una relación de amistad con el que posteriormente sería uno de sus principales mentores: César Alierta. Vázquez convenció al ejecutivo aragonés de que si apostaban fuerte por liderar el mercado de habanos podrían tratar de tú a tú a gigantes como Philip Morris, que domina el mercado tabaquero mundial. 

La empresa española logró bajo su gestión ser la mayor productora de puros, pero la guerra de precios en los cigarrillos y las batallas continuas con el grupo norteamericano le hicieron doblar la rodilla. Primero la integración con la gala Seit dio lugar a Altadis y, posteriormente, la fusión con la británica Imperial Tobacco acabó con la propiedad 100% española del gigante tabaquero. Era la primera vez que Vázquez negociaba con la pérfida Albión para entregarles una de las joyas de la corona española, pero no fue la última.

LOS PUROS, LA ÓPERA Y LAS RANCHERAS

A todos aquellos que acusan al directivo español de haber traicionado a su país y a sus trabajadores con la operación con Imperial Tobacco hay que explicarles que la empresa británica le ofreció ser CEO de la división de puros y responsable del área de logística –tarea que habría realizado a la perfección tras haber dirigido la española Logista– puestos que rechazó amablemente para pasar más tiempo con su familia.

Casado y con cuatro hijos, Vázquez aprovechó el tiempo libre para practicar el canto, actividad a la que podía haberse dedicado profesionalmente. Tal como ha demostrado en varias ocasiones ante auditorios repletos es un tenor cualificado y ha llegado a compartir escenario con Plácido Domingo, amigo personal al que homenajeó poniendo su nombre al primer Airbus 350 de Iberia. Sus amigos saben que no hay fiesta ni celebración en la que Antonio no muestre sus dotes de canto, aunque a veces sustituye la opera por las rancheras para no aburrir al respetable.

Tras unos meses de barbecho casi total, exceptuando su presencia en en el consejo de administración de Telefónica Internacional, llega a Iberia como consecuencia de una oscura operación llevada a cabo por Miguel Blesa, que en aquellos tiempos era presidente de Cajamadrid. 

BLESA, CAJAMADRID Y LA PRESIDENCIA DE IBERIA

Para evitar la toma de control de la aerolínea por parte de un grupo de empresarios españoles entre los que se encontraban la familia Del Pino, Manuel Jové y Alicia Koplowitz, Blesa impulsó la fusión con British Airways y forzó la salida del presidente de Iberia, Fernando Conte, porque, según muestran sus propios correos personales, “no era un interlocutor válido”.

Es entonces cuando se da el timón de mando a Vázquez, aunque no fue la primera opción. El elegido por Blesa había sido Alberto Recarte, oscuro empresario bien conectado con el PP de Aznar que combinaba sus negocios personales con la presidencia de Libertad Digital y su presencia en el consejo de la aerolínea. Recarte rechazó la oferta, seguramente porque sabía que tarde o temprano se descubriría su implicación en el escándalo de las tarjetas black de Cajamadrid, un latrocinio por el que fue condenado.

Ya a los mandos de la compañía Vázquez pilotó la integración con los británicos y la creación de IAG. Era la segunda vez que actuaba de facilitador de los intereses del imperio británico en suelo español, lo que le granjeó muchos enemigos en el seno de la aerolínea. Su atractiva personalidad, envidiable agenda y capacidad para estar en el momento justo y en el lugar adecuado son los elementos que le permitieron ser nombrado presidente no ejecutivo del nuevo grupo, dejando a Willie Walsh el timón del grupo aéreo. 

UN SEDUCTOR CON BLINDAJE MILLONARIO

Algunos de sus colaboradores le califican de “gran seductor” en lo que a las relaciones profesionales se refiere, transmitiendo ilusión a los equipos de trabajo. Otros van más allá y apuntan que el éxito de Vázquez está en su “siempre gran disposición hacia el jefe”. El blindaje de casi tres millones de euros que tiene en su contrato muestran que Vázquez suele salirse con la suya.

Amante de la buena vida (¿y quien no?), además de sus aficiones musicales le encanta la equitación y la lectura, especialmente la novela histórica. Quienes le conocen aseguran que todos los días hace ejercicio aunque se encuentre a miles de kilómetros de su hogar, lo cual no es óbice para que le encante fumar puros de la máxima calidad, una costumbre que inició cuando viajó a Cuba por encargo de Alierta para meterse al régimen castrista en el bolsillo. Lo consiguió y cerró un negocio millonario: la adquisición del 50% de Corporación Habanos.

Vázquez es un hombre que lo mismo cita a San Agustín que ejerce de embajador honorífico del turismo de Córdoba recogiendo el testigo de la mano de Pepe Reina, futbolista con el que comparte su pasión por el micrófono.

Sus detractores destacan su gran ambición y su papel de killer que comienza las guerras y siempre las termina. Pero lo hace con mucha mano izquierda, mimando a las partes y consiguiendo arrimar el ascua a su sardina. Quizás por eso es de los pocos que piensa que la sangre no llegará al río y que finalmente se producirá un pacto entre la Unión Europea (UE) y Reino Unido para el famoso Brexit. Ha indicado en varias entrevistas que “es muy fácil ponerle precio al acuerdo” y denuncia el “postureo” de los representantes políticos en esta materia. 

NO SE FÍA DE LOS POLÍTICOS

Y es precisamente en la arena política donde Vázquez ha protagonizado algunos de los más importantes enfrentamientos de su carrera. Mantuvo varios pulsos con los ministros de Industria y de Fomento durante el primer Gobierno de Rajoy (José Manuel Soria y Ana Pastor) en un momento clave para la economía española, que acababa de firmar un rescate financiero con Bruselas tras ocho años de zapaterismo. 

Y es que su ideología liberal siempre le ha hecho desconfiar de los cargos públicos. Defensor de una globalización compatible con el Estado de Bienestar (matrimonio que los libertarios ven inviable) se opone a los gobernantes que utilizan la vieja falacia proteccionista para ocultar una gran verdad: que la libertad de comercio y el fin de las fronteras es el único camino para que haya cada vez menos pobres y más clase media. 

Durante su intervención en Diálogos Lozoya en 2017 –foro creado por los jesuitas andaluces y CaixaBank– manifestó la necesidad de luchar contra el pesimismo imperante en el Viejo Continente, “donde hay una sensación de fin de ciclo” por la incapacidad de los políticos para combinar necesidades sociales con crecimiento económico. Un intento más de lograr la cuadratura del círculo, así es Don Antonio.