Se acaba por suerte 2017 para Jorge Javier Vázquez, que hace unos días admitía que ha pasado algunos de los peores momentos de su vida tras un duro bache personal y profesional: “Fue una especie de desencanto vital. He estado hundido. Tenía la sensación de que todo en mi vida iba tocando a su fin, que ya había conseguido todo lo que podía conseguir y que no podía esperar nada más en la vida. Comencé a dejar de dormir bien. Es que no encontraba la salida, no veía solución. Sabía que salir de aquello no pasaba por ir a un psicólogo, porque a lo largo de mi vida he ido a varios y sabía lo que me iba a decir. No me apetecía ir a otro y empezar a contarle mi vida, mi infancia, la relación con mis padres, mi homosexualidad”.

A estos temas se le añadieron unos duros problemas con el sueño, quizás propiciados por esas tareas pendientes que le quedan por digerir psicológicamente a Jorge: “Por consejo de algunos amigos empecé a tomar media pastilla de orfidal o incluso una entera. Lo dejé cuando consulté a un profesional y me dijo que podía provocar pérdidas de memoria inmediatas. Comencé a dejar de dormir. Me despertaba cada hora… me levantaba totalmente machacado (…) Era como si estuviera desapareciendo. Estaba perdiendo fuerza y vitalidad. Además, me sentía muy mayor para lo joven que era. Me sentía depresivo, no podía compartir mi tristeza con nadie. Me decían: ‘Pero tú, ¿de qué te puedes quejar? Si lo tienes todo en la vida”.

Estos problemas quizás le han llevado a arremeter contra parte del público, en especial señores mayores que señala que le escriben con mala baba: “Estoy alucinado por la gente vieja que me escribe insultando…y yo pienso, esto señores que están a punto de palmarla…Estos señores que están a punto de palmarla, de encontrarse con Dios y con San Pedro, ¿No se podían dedicar a sembrar el bien y el amor antes de que los lleven al camposanto?….Es que he visto algunas fotos en Instagram y llevan el signo de la muerte en la cara”. Y añadía: “Y sobre todo otra cosa que no entiendo…. Me esta señalando esa señora del público…Vamos a ver que estoy diciendo que recibo mensajes muy bonitos..pero digo… esas señoras mayores que me insultan, pero con unos insultos que no os podéis ni imaginar, y lo que es peor, con unas faltas de ortografía que yo pienso, pero vamos a ver, estas señoras que tienen la capacidad para meterse en Instagram, en vez de perder el tiempo insultando, antes de palmarla ¿no podrían bajarse un programa de gramática y ortografía y aprender a escribir?… Porque te digo una cosa, a mi esta historia de… ¡Ah, pues yo cuando era pequeña no tuve oportunidad de escribir… Si manejas el ordenador para insultar también lo puedes hacer para bajarte programas y aprender a escribir ¿O no?…¡Hombre!”

Los números de ‘Gran Hermano Revolution’ no le han ayudado a salir del bache: “Deberíamos hacer mucha más audiencia. También es verdad que las noches están siendo muy bajas en audiencia en general, en todas las Cadenas, salvo productos muy concretos. Pero es indiscutible que deberíamos hacer más audiencia (…) Uy, para drama ya están las audiencias de Gran Hermano”. En 2018 intentará remontar con las nuevas ediciones de ‘Supervivientes’ y ‘Got Talent’ y con su musical ‘Grandes éxitos’.

Estos proyectos le ayudarán a olvidar a algunos compañeras a los que no traga, tal y como desvela esta semana en Lecturas: “Cada vez que veo a esta persona aparecer en televisión (Jorge no se atreve a citar su nombre) se me revuelven las tripas. No me pasa sólo con ella. Me pasa con otras tantas. Señoras y señores de cierta edad que en su día gozaron de mucha relevancia en nuestro país y que ahora, relegados al olvido por el público que antes les adoraba, se dedican a despotricar contra la televisión actual. Pasean su sonrisa bonachona por platós y suspiran por un pasado que, según ellos, siempre fue mejor. Algunos críticos les dedican crónicas maravillosas y los ponen como ejemplos a seguir. Y a veces me dan ganas de contar que esas personas a las que seguíamos con devoción eran auténticas tiranas”.

Y remataba Jorge: “Que maltrataban y humillaban a sus equipos. Que provocaron depresiones. Que empujaron a muchísimos compañeros a abandonar la televisión porque les hicieron creer que trabajar en este medio significaba acostumbrarse a convivir con la ansiedad y la desesperación. Ahora que empezamos a perder el miedo a denunciar los abusos sexuales, deberíamos perderlo también para empezar a señalar a aquellos que convirtieron las redacciones de televisión en campos de algodón repletos de esclavos maltratados”.