Albert Rivera

Tenía ganas de ver a Albert Rivera en directo desde hace algún tiempo. Tal vez por ese motivo era una buena oportunidad acudir ayer al desayuno informativo del Foro Nueva Economía en el Hotel Ritz de Madrid.

Había expectación, y siguiendo el símil taurino podríamos decir que se respiraba ambiente de grandes tardes. Empresarios, políticos, medios de comunicación y sociedad civil preparados para medir la temperatura del proyecto de Ciudadanos tras los últimos acontecimientos; las encuestas y la victoria electoral en Cataluña.

Chirrió eso sí el comienzo sacando pecho de una nimiedad: “Hemos batido el récord, somos más de 600 personas en el desayuno”. La verdad es que no tengo ni idea de cuánta gente éramos. Ni me importa. No sabía que se llevaba la cuenta y que había un supuesto récord de este tipo de eventos. Del mismo modo desconozco si al finalizar el acto José Luis Rodriguez, que preside acertadamente El Foro Nueva Economía, le iba a imponer una medalla de chocolate por tal hazaña. Desconozco igualmente si el libro Guinness de los Records está dispuesto a homologarla. Pero era un comienzo infantil. Me dio a entender, desde el primer minuto, que el personaje estaba más pendiente de las cosas pequeñas e intrascendentes, que de los temas de fondo.

Por lo demás todo se resume en citar a Quevedo “Todos los que parecen estúpidos, lo son y, además también lo son la mitad de los que no lo parecen”. El caso es que Albert Rivera no lo parecía y eso de entrada era bueno. Mis ganas de verle llegaban porque tengo formada una excelente imagen de él que quería corroborar.

Como además conozco pocas personas que pierdan en la distancia corta, a nada que ganara un poco ya sabría a quién votar en las próximas elecciones generales. Pero debo decir que Rivera es de esa minoría que pierde en las distancias cortas.

Las recetas obvias de Albert Rivera

Tras la retahíla de obviedades facilonas: los nacionalistas son malos, el bipartidismo es demoníaco, el sistema electoral malísimo, los de Podemos tremendos, el Partido Popular corrupto… no llegó ni una sola propuesta. Vamos que, tras el discurso facilón, que compraríamos casi todos -con distinto grado de entusiasmo eso sí-, ni una sola propuesta concreta. Simplemente más cosas básicas como receta: Hay que facilitar al autónomo, incrementar la natalidad, garantizar las pensiones, innovar y mejorar en I+D+i. Vamos, lo de siempre.

No conozco nadie que quiera cargarse las pensiones, arruinar la sanidad pública, empeorar en I+D+i o fastidiar la educación. Pero no demos más ideas a Pablo Iglesias. Una hora y media escuchándole, y no dijo nada. Albert Rivera salía empequeñecido frente al hombre que llegó. Cuando se terminó el discurso que reflejaba lo malo del bipartidismo tradicional y el agotamiento de los partidos tradicionales no había más. Y posiblemente, no es culpa de Albert Rivera. Es simple y llanamente que no tiene un equipo detrás que convierta los conceptos de primero de la ESO en propuestas armadas y estructuradas que puedan presentarse; que les ponga cifras y estrategia. Que se desarrolle un plan estratégico de cómo se van a hacer las cosas, desde dónde, con qué dinero, por parte de quién y cómo se ejecutarán.

Siendo decirlo así, pero creo que este evento no debía haberse producido, ha sido un error estratégico del equipo de comunicación de Rivera, en tanto en cuanto no había discurso concreto ni nada que contar. Mi sensación ha sido la contraria a la que expresé hace semanas en Merca2 con la puesta en escena de Pedro Sánchez. Llegué escéptico, y de inmediato noté la transformación del secretario general del Partido socialista. Estaremos de acuerdo con sus ideas o no, pero en su intervención todo fueron propuestas y declaraciones de intenciones. Había un plan. En el discurso de Rivera, sorprendentemente, si hay plan se lo habían dejado en casa. Recurrir a símiles futbolísticos básicos no ayudaba, y por eso hoy, yo recurro a los taurinos.

Tengo la percepción, que el discurso de Ciudadanos, que veo coherente en Cataluña, y preparado para asumir responsabilidades en Madrid -veremos si en el Ayuntamiento y/o la Comunidad-, está verde que te quiero verde a nivel nacional, y que ellos mismos no se lo creen mucho y esperan que ese marrón no les caiga. Mala señal.

No debió ser sólo mía esa percepción. Para los amantes de las estadísticas la cita no batió uno sino dos récords. Pero al menos el segundo no fue como para sacar pecho. Ante la falta de síntesis y concreción -tanto en la exposición como en preguntas posteriores-, ocurrió algo que no suele suceder en este tipo de eventos. Muchas personas, pese a lo violento de hacerlo en público con todo el mundo mirando, empezaron a levantarse y marcharse sin esperar los últimos minutos. No les culpo por ello. Yo mismo estuve tentado a hacerlo y sólo aguanté en la silla por vergüenza torera.

Albert Rivera debe decir si se va a quedar en “el Riverita”, subalterno de lujo para poder hacer la cobertura y echar capotes al maestro Rajoy (¡manda bemoles!), o si va a dar un paso al frente y convertirse en un primer espada. Y para eso segundo, necesita ideas y propuestas concretas. Y para ello un equipo. Uno bueno de verdad.