lunes, 10 mayo 2021 0:57

El vino renace tras el covid: mundo virtual en el salón de casa

Dicen que lo peor del coronavirus ya ha pasado. Aunque los datos de los últimos días niegan esa afirmación. Por eso, el sector del vino no quiere bajar la guardia, y a las puertas de la vendimia más extraña de los últimos años, toda precaución es poca. Así, una vez que se procuran los máximos cuidados a la uva y quien la recoge, después toca vender los caldos. El contexto ha cambiado; hay que adaptarse.

Bodegueros, hosteleros, agricultores… del vino viven muchos sectores económicos. Su impacto en la economía es importante. Pero el covid no ha hecho distinciones en el número de familias mantenidas por este negocio. Ha cambiado maneras de trabajar, consumir y vender. Aunque la esencia no ha cambiado. Y lo primero… es lo primero.

Con algunas variedades de uva inquietas, la vendimia se puede dar por iniciada, pese a que el grueso de recogida se lleva durante septiembre y octubre. Un incipiente otoño que este año será diferente. Todo está bajo control. El director técnico de DOCa Rioja, Pablo Franco, asegura a MERCA2 que “en materia productiva ha sido un año complicado, por las lluvias y la amenaza de algunas enfermedades. Pero hemos sido capaces de hacer un cultivo enfocado a la calidad. Aunque no hay que olvidar que este mes condiciona mucho la calidad de la uva, puesto que es el momento de la maduración”. Y una vez sentida la materia prima, qué pasará con las condiciones de recogida.

Desde la bodega Ramón Bilbao, su director técnico, Rodolfo Bastida, señala que “la pandemia nos ha llevado a acelerar tendencias que se tendrían que haber llevado a cabo tarde o temprano”. Por ejemplo, indica que “se intentarán hacer grupos burbujas en las zonas donde se hace a mano la recogida”. Muchas cosas serán distintas. El ambiente social que refleja la vendimia entre jornaleros y bodegueros no tendrá lugar. La distancia social manda, y todos los saben. “Los trabajadores tienen mucha conciencia de la situación”.

Una de las claves, como señala el director general de DO Rueda, Santiago Mora, es que “eliminar todos los riesgos es imposible, pero se trabaja en que estos sean mínimos”. Algunas denominaciones tienen viñedos en diferentes comunidades, y, del mismo modo, reciben jornaleros de distintas regiones. Por ese motivo las medidas llevadas a cabo son extremas. Sobre todo porque lo importante viene después. Primero en dar salida a la producción de otros años; y más adelante, en preparar el terreno para que esta añada, en la que coinciden en señalar como potencialmente buena, se vea solicitada por los consumidores dentro de un tiempo.

Y EL MUNDO CAMBIÓ

A estas alturas se desconoce si de la crisis saldremos “mejores personas”. Pero a buen seguro, y como demuestran las cifras, beberemos más vino en casa. Algo, por otra parte, que realmente sí nos hace mejores personas.

Desde DOCa Rioja asumieron la realidad muy pronto. Esta denominación tiene una gran exposición al canal Horeca: casi un 60% de su mercado nacional. Por lo tanto, la reformulación era evidente. Pablo Franco cuenta que “la exportación ha demostrado una línea ascendente, se ha mejorado la posición. Un 8% de mejora con respecto al anterior ejercicio”, algo muy similar en el conjunto del sector. Las claves han estado en Reino Unido y Alemania, que tienen una mayor costumbre de consumo a nivel doméstico. Algo que los españoles también han terminado por asumir.

Rodolfo Bastida confirma que “la gente ha encontrado que el consumo doméstico es una alternativa, algo que como españoles no ha sido habitual, ya que siempre hemos tomado el vino fuera de casa”. Y aquí reluce el importante trabajo que han hecho las bodegas y las denominaciones de origen. “El que quiere una marca concreta por motivos de confianza la termina encontrando”, asevera Bastida. Consumir en casa, y hacerlo sabiendo el vino que se quiere, el momento adecuado y el motivo.

Tanto, que “se ha disparado la venta de complementos del vino, como sacacorchos o copas, algo que indica el cambio”, apunta Bastida, en cuyo grupo también se encuentran marcas como Mar de Frades o Cruz de Alba. Y eso por no mencionar otra de las palancas que ha hecho desplazarse de su zona de confort al sector del vino. A través de la hostelería se encontraba un canal de venta continuo, estable, pero llegó el covid.

El runrún de que al sector del vino le faltaba la comunión con el mundo digital parece haber quedado atrás, ha llegado el ‘ecommerce’. Santiago Mora asegura que “desde el minuto cero ha habido que reinventarse. Trabajamos en 12 países en promoción y educación, y en cada país nos hemos adecuado”. El trabajo ha sido continuo y de diferentes formas. “Los roadshow que a veces hacemos, los haremos virtuales. Hemos potenciando mucho el online, mejorando por ejemplo nuestro portal. Las compras a través de internet son un cambio que llega para quedarse”.

UN FUTURO INCIERTO, PERO POSITIVO

“Al final no ha habido la debacle que se esperaba”. Lo afirma Pablo Franco, pero el sentir es generalizado. “El trabajo por parte de las bodegas y la internacionalización han cubierto la merma del mercado nacional. Nos enfrentamos a una situación no tan negativa como se esperaba”. Partiendo de esa base, sin autocomplacencia, pero con la determinación de que esto solo es una piedra en el camino, el sector del vino promete salir más fortalecido.

“Lógicamente estábamos preparados para vender más, pero dentro de la situación en la que estamos, como compañía podemos asumir la situación. El año no va a ser bueno, pero no un desastre como se preveía”. Esta afirmación de Rodolfo Bastida llega con el conocimiento de que las marcas que hayan trabajado con el consumidor durante los últimos años serán capaces de sacar la cabeza lo antes posible.

Y ahora llega el siguiente reto que marca Santiago Mora: “El principal trabajo ha sido de adaptación”. Si algo tan tradicional como la vendimia ha tenido que reconfigurarse, ofrecer distancia entre personas, perder la esencial social de décadas de recogida… cómo no lo va a hacer la captación y promoción del vino. El covid ha sido un bofetón que ha dirigido la mirada a otros retos. La dependencia de la hostelería vivirá durante años, pero el consumo en el hogar y la compra por internet se interiorizarán a la hora de tomar vino. Se verán cada vez más copas en los hogares españoles. Tantas como mascarillas en estos momentos.


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